Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?
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viernes, 7 de enero de 2022

Hacerse mayor

Después de toda la polémica con varias famosas que han dejado de teñirse las canas y los comentarios de todo tipo sobre la nueva Sex in the city, he visto recientemente dos cosas que me han hecho pensar en cómo la sociedad, y sobre todo la industria del espectáculo trata el envejecimiento femenino. Y digo femenino porque todos sabemos que los hombres se vuelven maduritos interesantes y las canas hasta les hacen más sexys, pero las mujeres solo nos volvemos viejas. ¿En serio? ¿a estas alturas de siglo y aun estamos así? 

Decía que había visto últimamente dos cosas que me habían hecho pensar en ello. Una entrevista a Jennifer Anniston en la que se le alaba que haya confesado su verdadera rutina de belleza, más allá del clásico beber mucha agua y dormir mucho con lo que tradicionalemente han intentado convencernos las grandes bellezas de que ese y no otro era el secreto de su excelente aspecto (con la maravillosa excepción de la top model Cindy Crawford, que ya dijo hace muchísimos años que cualquier mujer que dedicara ocho horas al día a estar guapa como hacía ella, ya que lo consideraba su trabajo, lo estaría) 

Pero a lo que voy yo no es a si hace falta más o menos esfuerzo, más o menos dinero, para mantenerse joven y guapa. A lo que voy es a ¿por qué demonios tenemos que seguir estando jóvenes y guapas eternamente? no es natural, no es lógico, no es ni siquiera sano, y menos mentalmente. Nuestro cuerpo evoluciona, afortunadamente, como nuestra piel, nuestro comportamiento, nuestra mente. ¿Tiene algún sentido que nos estanquemos en unos eternos veintitantos o treintapocos como mucho? ¿para quién? para mí no tiene ni pies ni cabeza. Claro que está bien cuidarse, hidratar la piel, hacer ejercicio y comer sano para mantenernos en forma, pero de ahí a negarse al paso del tiempo hay un abismo. 

Y con esto llego a lo segundo que me ha hecho reflexionar: El personaje de Sylvie en Emily in Paris, serie en la que mi hija coincidimos en que nos ha gustado "a pesar de Emily" Bueno, yo particularmente, ya sabéis, si sale París ya tiene muchos puntos ganados. Mi hija se parte porque cada dos por tres viendo la serie me entra la morriña aguda y le lloriqueo que yo quiero volver. Pero ciudad maravillosa donde las haya aparte, volvemos al personaje de Sylvie: Mujer madura que por supuesto que se cuida y viste divinamente (mucho mejor que la protagonista en mi opinión), pero que no oculta sus arruguitas. Hablo de la serie, debo confesar que he estado buscando alguna foto en la que se vean pero aparentemente están todas retocadas. 

Estamos en el camino pero todavía lejos, por lo visto. Que a un personaje como ella, mujer de éxito, independiente, elegante, que se lía con quien le da la gana, independientemente de la diferencia de edad, nos veamos obligados a retocarles las fotos para eliminar arruguitas me parece vergonzoso. Durante toda la serie pensé que ella sí me parecía un modelo de mujer mayor que podría inspirarme, como me lo pareció la gran Kate Winslet cuando devolvió varias veces las fotografías retocadas que pretendían utilizar para la promoción de su serie Mare os Easttown por no verse reflejada en ellas, sin sus arruguitas, sin su barriga: "les dije: chicos, sé cuántas arrugas tengo en los ojos, por favor, devolvedlas todas" 


Pues eso, dejadnos nuestras arruguitas, dejad que nuestro cuerpo evolucione como debe, que no podemos tener 20 años para siempre (ni ganas, al menos yo). Dejadnos hacernos mayores con dignidad y que nadie tenga que sufrir por no estar tan joven como alguien que nos importa un pimiento desearía. No sé a ti que me estás leyendo pero a mí particularmente me importa un bledo lo que piense la industria cinematográfica. Y que conste que me parece estupendo que Jennifer Aniston dedique tanto tiempo y dinero como le apetezca a mantenerse eternamente joven, está en su derecho. Pero en el mismo derecho que estamos las demás de dejar que el paso del tiempo deje sus huellas en nuestro cuerpo y en nuestra piel. Cada arruguita, cada estría cada michelín, cada hoyuelo de celulitis son parte de nosotras, de nuestra historia y de nuestro desarrollo. Y está fenomenal cuidarse, deberíamos hacerlo, mantenernos ágiles, sanas y también atractivas, claro que sí, pero siempre desde el sentido común y el respeto, a nuestros cuerpos, a nuestras vivencias, a nuestra edad, a nosotras mismas, en fin. 

sábado, 9 de mayo de 2020

Cosas que he aprendido en este confinamiento

Bueno, cuánto tiempo de nuevo, yo hubiera pensado que en estos días escribiría mucho más en este blog pero es obvio que no ha sido así. ¿Cómo estás? espero que os encontréis todos bien y no hayáis sufrido mucho con esta situación. La verdad es que yo me considero muy afortunada. No he perdido a nadie cercano, no hemos sufrido de cerca el contagio del coronavirus, y aunque la situación económica desde luego no es la ideal, tampoco hemos tenido ninguna catástrofe en este sentido. 

En mi caso en particular, solo dejé de trabajar los 15 días de parón casi total y he tenido ocasión de teletrabajar no pocos días. También han podido seguir sus clases virtualmente, sin mayores problemas, y me atrevería a decir que resultados muy satisfactorios, mis hijos, los dos ya en la ESO (estoy viendo las caras de asombro de las que me seguís desde "diario de un embarazo" en aquellos lejanos tiempos de Terra, cuando estaba embarazada de Guille, pero sí, el tiempo pasa para todos, y ese pequeño embrión con el que empecé mi andadura bloguera, cumplió hace nada 13 añazos) Por si fuera poco, también tengo perro, así que realmente no he llegado a quedarme totalmente en casa nunca, por cortos y escasos que hiciéramos los paseos de la pobre Zelda, que también, pobreta mía, se adaptó con resignación al cambio de rutina.

Como os digo, partía de una situación que reconozco como privilegiada para afrontar un confinamiento. Por todo esto, y desde luego porque tengo un lado muy casero que disfruta enormemente de quedarse al calorcito del hogar, debo decir que he llevado francamente bien toda esta restricción de libertad de movimientos (no confundir con ninguna reacción hacia la pandemia, por favor, solo hablo de cómo me ha afectado a mí particularmente el obligado confinamiento, ni desde luego pienso meterme ni de refilón en ningún tipo de opinión política). Vaya por delante mi acompañamiento a aquellos que no han tenido tanta suerte y o bien por salud o bien por cuestiones económicas lo están pasando francamente mal en estos días. Creo que es más importante que nunca que ahora actuemos como una sociedad unida y colaboradora. Está en gran parte en nuestras manos que el rebrote que indudablemente habrá durante la desescalada sea el menor posible, seamos responsables con nuestro comportamiento, por favor. Por nosotros mismos y por los demás. Pero también está en nuestras manos, en cuanto el pequeño comercio vuelva a abrir, echarles una mano. Es muy fácil acercarse a comprar a la pequeña tienda de nuestro barrio. 

En lo que a mí respecta, estos días (que aún no han acabado pero ya parece que se ven de otro color, si no la liamos ahora, claro), me han servido para avanzar mucho con  mi tercer libro (a ver si un día os pongo un extracto para ir abriendo boca), para leer, para ver pelis y series que tenía pendientes... os diría que para pasar más tiempo en familia pero si tenéis adolescentes o preadolescentes en casa no os sorprenderá si os digo que tampoco han salido mucho de su cuarto. Yo esperaba poder hacer más cosas juntos, tipo juegos de mesa y tal, pero no han sido muchos los días en que lo hemos hecho, la verdad. También esperaba, lo confieso, más momentos de peleas y tensiones pero lo cierto es que, salvo un día en que sí montamos una especie de guerra mundial en el salón, que finalmente solucionamos con una ardua negociación, la convivencia ha sido pacífica y agradable en general.



Y con tanto tiempo para pensar y replegarme sobre sí misma cual caracol en su caparazón, he aprendido (o reaprendido, o incluso confirmado) algunas cosas:

- No, el ser humano no va a salir mejor de esto. Seguiremos siendo igual de ____ que antes (poner lo que primero os venga a la mente, os animo a publicarlo en comentarios, a ver qué sale). Esto es como cuando vas conduciendo, ves un tremendo accidente, te impacta y durante los siguientes... ¿qué? ¿veinte minutos? extremas las precauciones al volante pero luego ya se te olvida y sigues conduciendo igual que siempre (lo que no implica necesariamente que sea una conducción temeraria, ojo) 

- Pese a roces, riñas y estas cosas que nos pasan a todos, tengo una familia estupenda, unida y bien avenida, con la que ha sido un placer estar encerrada.

- He descubierto también con gran curiosidad cosas sorprendentes sobre a quién he echado de menos y a quién no en estos días. Seguro que también os habéis llevado alguna que otra sorpresa al pensar de repente en alguien en quien hacía años que no pensabais y sin embargo no echar nada de menos a otros con quienes pasáis más tiempo normalmente. 

- La naturaleza ganaría mucho con la desaparición del ser humano. Da que pensar... Por supuesto todo eso de los mercados globales que habréis leído ya por muchos sitios, pero esto será como lo del accidente de coche.Volveremos a las andadas enseguida. Tampoco creo que la globalización sea intrínsecamente mala, supongo que lo suyo sería llegar a un equilibrio pero este es un tema lo suficientemente complejo como para escapar, y mucho, a la intención de esta entrada. 

- Esta es una de las cosas que se confirman. Estamos pagando sueldos mucho mayores a profesionales a quienes realmente no necesitamos para nada que a los de verdad imprescindibles. Enfermeros, médicos, personal de limpieza a todos los niveles, cajeros, reponedores, transportistas, agricultores y ganaderos... seguro que me dejo a alguien... profesores, por supuesto, que han hecho un esfuerzo enorme para adaptar de la noche a la mañana toda su forma de enseñar y acercarse a los alumnos. Me dejaré más, seguro, no dudéis en nombrar a quien se os ocurra que debería estar aquí. 

- No me gusta mi trabajo. Bueno, esto no lo tengo tan claro, pero se me ha ocurrido demasiadas veces a lo largo de estos días. Hasta hace poco estaba convencida de que sí, porque aunque en unas etapas de mi vida me gustaba más que en otras, siempre había razones particulares, por el sector o la empresa en que estuviera en ese momento, que lo justificaban. También ahora las hay, pero empiezo a pensar que ya va más allá de esas razones concretas. Mal apaño tiene en cualquier caso, porque lo que de verdad me gustaría hacer tiene poco de realista y mucho de utópico pero ¿quién sabe? quizás algún día... lo importante es tener las cosas claras, y en ello ando, intentando aclararme. 

¿Y tú? Cuéntame, ¿qué tal has llevado el confinamiento? ¿cómo te planteas la vuelta progresiva a la normalidad? ¿te asusta? ¿te alegras? 

sábado, 18 de enero de 2020

Sobre el aprendizaje, el mito de la caverna y el famoso pin parental

Hace poco me preguntaban en el curso de una entrevista por el aprendizaje. En realidad la pregunta era muy concreta y enfocada a algo muy preciso, pero yo solo pude abrir mucho los ojos, abrumada por la enormidad del concepto, y responder algo como "¿Aprendizaje? "aprendizaje es todo!" me extendí muchísimo en la respuesta, la verdad es que la conversación estaba resultando muy natural, lo que seguramente me dio pie a divagar alegremente y, aunque al final logré centrar mi respuesta, recuerdo haber hablado mucho de cómo todo, y todo lo que nos rodea, es una oportunidad de aprendizaje.

En un mundo cada vez más acelerado, en el que si parpadeas te quedas obsoleto, la capacidad de mantener ojos y oídos bien abiertos lleva camino de convertirse en ventaja evolutiva. Esto es así en general pero más claramente aún en el mundo laboral. No sólo los niños que se están formando ahora lo están haciendo para trabajos que ni existen todavía ni tenemos siquiera la capacidad de comenzar a imaginarlos, es que los adultos que estamos ya trabajando, o nos ponemos las pilas o no llegamos en activo a la edad de jubilación. La formación continua es una necesidad, pero formarse no es solo hacer dos o tres cursos al año. Aprender tampoco es solo pagar una entrada carísima para escuchar a un gran gurú. Se aprenderá mucho de él, no lo dudo, pero hay muchas más fuentes de aprendizaje.

Yo aprendo cosas del barrendero de mi calle al que saludo por las mañanas y con el que me paro un momento mientras le hace unos mimitos a mi perra, de cualquier conversación con los operarios de la fábrica en la que trabajo, del saber estar y el giro de cintura de un camarero dando una respuesta de 10 al cliente impertinente que tengo al lado, al que a mí solo me apetecía darle una colleja a ver si se callaba de una vez.



Aprendo de una peli, de una lectura y de las Redes Sociales, que cada vez veo más claro que son Platón, las sombras, el mito y la caverna, todo a la vez. De ellas también desaprendo, colapso incluso. Que después de mi disertación sobre el aprendizaje vaya a echarle un ojo a Twitter y una mayoría abrumadora de mensajes sean sobre el pin parental (con opiniones para todos los gustos) me deja perpleja. Porque yo estoy abierta a muchas opiniones, pero buscarle la lógica a que unos padres consideren una buena idea limitar el acceso a la información y al aprendizaje a sus hijos, francamente, no consigo entenderlo por más vueltas que le de. Será que necesito seguir aprendiendo, y escuchando muchas más opiniones, preferentemente distintas a la mía, porque escuchar lo mismo que yo ya pienso puede resultar reforzador en algún caso, pero desde luego no es nada enriquecedor.

Así que sigo aprendiendo, y aprendo de mis compañeros de trabajo, de cómo resuelven una u otra cosa o responden a situaciones de tensión, aprendo de las decisiones que toman mis jefes, para bien y para mal, aprendo cada día de mi relación de pareja, de cómo resolvemos, o acabamos estropeando más las pequeñas crisis del día a día. De los errores se aprende también, se aprende muchísimo. Y aprendo infinitamente de mis hijos, de su visión fresca y menos contaminada del mundo y las relaciones. Si no lo hacéis ya, probad a hablar con niños de vuestro entorno más cercano de vuestros problemas personales, contádselos a ver qué piensan y qué os aconsejan.

Yo aprendo mucho de mis dos hijos, desde luego, pero seguramente me aproveche más de la inmensa inteligencia emocional de mi hija. La de veces que me habrá aconsejado sobre mis problemas con este supuesto amigo que os comentaba recientemente (y la de veces que me habrá hecho ver que nos estábamos comportando como niños de primaria) Hablando de eso, os diré que mis buenos propósitos de arreglar las cosas con él siguen en buena forma. Se puede decir que la cosa se ha suavizado mucho y, visto desde fuera, hasta podría parecer que va viento en popa, pero lo cierto es que no me quito de encima la sensación de que no es real. Supongo que una vez que algo se ha roto, por mucho mimo que pongas en repararlo ya nunca queda igual. Se me ocurre que ante esto hay dos opciones obvias y una tercera más intrigante. Las dos obvias son: "ha quedado hecho una chapuza, lo tiro y hasta aquí" o, "bueno, no ha quedado muy bien pero me da pena tirarlo, lo conservaré". Ninguna me motiva demasiado la verdad, pero mientras pensaba en esto, me he acordado de algo que leí hace un tiempo sobre el arte japonés del kintsugi, que parte de la idea de que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y no solo no deben ocultarse sino que es bueno resaltarlas de forma que embellezcan el objeto a la vez que nos recuerdan su historia. Francamente, no tengo ni idea de cómo trasladar esta filosofía a una amistad rota o estropeada, pero me fascina la idea. Una vez asumido que ya nunca volverá a ser igual, para qué negar lo evidente, ¿por qué no potenciarlo? a ver si conseguimos algo incluso mejor. Si alguien tiene ideas sobre cómo hacerlo, soy toda oídos.

lunes, 6 de noviembre de 2017

#RunforAlexia

Alexia Daval era una joven francesa con una afición muy común: correr. El 28 de octubre salió a hacer su recorrido habitual pero nunca volvió. Varios días después su cuerpo apareció calcinado. Según los primeros resultados de la investigación fue estrangulada.






Ayer precisamente escuchaba en el telediario que Kathrine Switzer, la primera mujer que corrió el legendario maratón de Boston, iba a participar, a sus 70 años, en el de Nueva York. 50 años han pasado desde que aquella valiente se enfrentó a la organización de tan mítica carrera, que no estaba dispuesta a dejar correr a una mujer. La corrió, la completó, y nos abrió camino a todas las demás para que podamos correr la carrera que nos apetezca.


50 años después resulta que sí, podemos competir en la categoría que decidamos, ¿y todavía no podemos salir a correr solas sin miedo? No, me niego a aceptarlo.


Por toda Francia se han organizado durante este fin de semana carreras en homenaje a  Alexia y muchas mujeres están publicando sus kilómetros recorridos en homenaje a ella, pensando en ella. Os invito a echar un vistazo a esta web y, si queréis, a sumar vuestros kilómetros, aunque esté pensada para Francia. Me parece atroz este asesinato, como cualquier otro, supongo, pero me parece muy bonita la reacción de tantas otras corredoras aficionadas francesas que han querido rendirle homenaje corriendo por ella los kilómetros que ya no podrá hacer. ¿Os unís?



lunes, 22 de mayo de 2017

Hablando de los spinner



Francamente, no entiendo por qué tanto barullo con el juguetito. ¿Qué tiene de diferente a otros mil que se han ido poniendo de moda a lo largo de los años? ahora, en nuestros tiempos, y seguro que hasta en los tiempos de Sócrates, que también se pondría de moda la chorrada de turno, sólo faltaría.

Me da la impresión de que últimamente, con tanta facilidad de expansión por redes sociales y demás, se magnifica demasiado todo. ¿Que todos los críos llevan el dichoso spinner? ¿y qué? otras veces ha sido el yoyo, o la peonza, o las canicas, o las chapas, o lo que tocara. ¿Que están jugando con él en clase? ¿y de quién es la culpa eso? esta mañana escuchaba en la radio a una profesora que decía que en su clase todos saben que el spinner es para el recreo y durante la clase se queda en la mochila. No le veía mayor problema. Yo tampoco. Anda que no nos habrán confiscado a nosotros juguetitos como se nos ocurriera sacarlos en clase.

Mis hijos lo tienen sí. Aprovechando que era el cumpleaños de Sofía se lo regaló su hermano y ya que estaba se compró otro para él. ¿Y? a mí no me da ninguna guerra. Tampoco lo llevan a todas horas, la verdad. No sé qué tipo de niños estarán todo el santo día con el juguetito pero los míos (y supongo que la mayoría) tienen otras muchas cosas que hacer y con las que entretenerse. ¿Se lo llevan al cole?, sí, para jugar en el recreo con sus amigos, como nos llevábamos nosotros la bolsa de canicas, la goma, la comba, la peonza, el yoyo o lo que se llevara en ese momento. ¿Lo sacan en clase? No, y si les ocurre se les estará muy bien empleado que se lo confisquen.




viernes, 19 de mayo de 2017

Juguemos a poner el titular más loco

La verdad es que estoy un poquito harta de tanto fenómeno viral y tanto "le planto un titular llamativo, tenga que ver o no con la noticia y hala, a correr..."

Podría poner varios ejemplos pero estoy pensando concretamente en el reciente titular del niño de 7 meses al que sus padres dejaron morir de hambre. La noticia es esa. Luego ya en el titular se recalcaba mucho el hecho de que le habían puesto una dieta sin gluten porque ahora se lleva mucho eso de hablar del



Otro motivo no encuentro porque, a ver, madres presentes en la sala, ¿con cuántos meses introdujeron a vuestros hijos los cereales con gluten? yo no me acuerdo si fue con 5 meses, o con 6 o algo así, pero a otros se los introducen más tarde, Vaya, que lo del gluten en la alimentación de un bebé de meses, que todavía se alimenta básicamente de leche (materna o no), es tan importante para el caso como el tamaño de las alas del avión cuando viajas en tren. Aún así, como yo no soy ninguna experta en el tema, aunque me parece que es algo más de sentido común que otra cosa, os dejo con la opinión de alguien que sí lo es y que lo explica breve y acertadamente.

Por mi parte, por más vueltas que le doy, sigo sin entender qué pinta lo del gluten en ese titular. No sé, supongo que ahora que también se lleva mucho demonizar al aceite de palma (que me parece bien pero no es el único demonio del supermercado ni mucho menos) irá apareciendo también en titulares varios, tipo, "aparatoso accidente en la autopista causado por un conductor que se negó a reducir el aceite de palma en su alimentación".

Lo peor de todo es que luego ves comentarios en foros varios y encuentras gente que se ha tragado a pies juntillas el titular y ni se ha molestado en pararse a pensar medio segundo si tenía algún sentido o no. Afortunadamente también hay muchos que recalcan la incongruencia pero miedo me dan los demás. Lo del sentido crítico lo llevamos regular los humanos, ¿eh? (no confundir con criticar a diestro y siniestro, que eso se nos da de vicio)

Lo dejo, que se me está poniendo muy mala uva y tengo un fin de semana interesante por delante, no quiero estropearlo con pensamientos negativos sobre la raza humana.

viernes, 5 de mayo de 2017

¿Prácticas o trabajar gratis?

Últimamente las declaraciones de un famoso chef sobre las prácticas en sus restaurantes han levantado bastantes ampollas y, como siempre ocurre, las opiniones y comentarios en estos casos se extreman.

Prácticas se han hecho siempre, en restaurantes y en todo tipo de empresas y oficios. En tiempos remotos eran los aprendices los que trabajaban gratis para aprender el oficio. Las prácticas no dejan de ser una evolución de esos aprendizajes. Ahora bien, hay prácticas y prácticas. Las hay en las que no aprendes nada y encima no te dan ni un duro. Las hay en las que no sé si aprendes o no pero desde luego les sacas un trabajazo adelante y tampoco te dan ni un duro (y eso sí es explotación, lo llamen como la llamen) y, por fin, están las buenas, que también las hay, en las que sí se molestan en enseñarte y además, aunque no tengan obligación, tienen el detalle de pagarte algo, aunque sea poco, que se agradece y mucho. Y luego las diversas mezclas de todas estas, claro.

¿Que si son buenas las prácticas? sí, desde luego. Pero deberían estar bien reguladas y controladas. Desde luego con un sueldo mínimo obligatorio, o beca o como lo quieran llamar, y con obligación de presentar una planificación de tareas y objetivos a conseguir con ellas y un informe final tanto por parte de la empresa como del becario valorando la consecución de esos objetivos. Si lo planteamos como un período de aprendizaje práctico, genial, pero que lo sea de verdad.

Sobre el caso concreto de las prácticas en restaurantes de lujo poco puedo opinar, no ha sido nunca mi campo de acción. Hay quien dice que eso es como hacer un máster y en vez de pagar una burrada por él trabajas gratis. Bueno, si de verdad aprendes tanto (o más porque indudablemente es más práctico) como en un máster, tiene cierto sentido. Si te ponen a pelar patatas, por mucho que veas y te empapes de la rutina diaria de un restaurante, pues no.

En cualquier caso, si estás sacando adelante un trabajo deberían pagarte por ello. No igual que a quien ya sabe porque tienen que dedicarte un tiempo a enseñarte, de acuerdo, pero al menos un mínimo regulado sí.


lunes, 13 de marzo de 2017

Enseñanza pública vs concertada

Se levanta una por la mañana leyendo cositas como las que os enlazo por aquí:




Y, antes de despertarse del todo piensa, "no me extraña que haya tanto revuelo últimamente con la educación", toma el primer sorbo de café, las neuronas se empiezan a activar y recuerda: "Ah, no, que el lío está por lo de quitar plazas de la concertada" De las innegables deficiencias de nuestro sistema educativo no se está quejando nadie.

Dejando a un lado la parte (indudablemente importante) de que la mayoría de colegios concertados son religiosos, ¿qué tenemos? Se habla del descenso demográfico y que, por tanto, hay más plazas que niños. Y partiendo de ahí, se razona que si van a sobrar plazas, se priorice la escuela pública en favor de la concertada. ¿Y la libertad de elección de los padres? ¿No deberíamos dejar que sean ellos quiénes decidan qué tipo de enseñanza quieren para sus hijos? Si hay más solicitudes para la concertada, ¿debemos seguir eliminando sus plazas igualmente para que esos padres se vean obligados a llenar las plazas de la pública? Bastante alejada está ya de la realidad la enseñanza en general como para favorecer aún más que no haya que hacer ningún mérito para conseguir alumnos. No estoy hablando a favor de ningún tipo de enseñanza en general. Cuando nosotros miramos colegios para Sofía estudiamos varias opciones: en concreto un privado, un concertado y tres públicos. No veo ahí un especial interés por la concertada. Sin embargo fue la decisión final (y eso que eso fue bastante antes de los recortes, que entonces la pública estaba mucho mejor que ahora)



Si se quiere priorizar un sistema de enseñanza público me parece fenomenal, pero háganlo bien. Mejoren las condiciones de esos colegios, la calidad de su enseñanza, la implicación de sus profesores... hay colegios públicos que reciben muchísimas solicitudes cada año. Lo están haciendo bien y así lo perciben los padres. También hay concertados que no reciben tantas. Al final, lo que los padres miramos (o deberíamos) es la calidad de un colegio en concreto, al que queremos llevar a nuestros hijos, que más quisiéramos todos que encima esa opción fuera la más económica. 

En el cole que escogimos se preocupan por trabajar la educación emocional, por trabajar por proyectos, hacer actividades mil en paralelo a las clases tradicionales. Seguro que otros muchos coles lo hacen, públicos y privados, pero nosotros teníamos unos criterios (y en mi caso sabéis bien que el de la religión distaba mucho de ser uno de ellos) y en función de ellos escogimos. También es cierto que todos los coles que miramos estaban lejos de casa y nos implicaban un gasto similar en comedor y autobús que, al final, es en lo que más dinero se nos va en realidad. ¿En serio si hubiera habido menos nacimientos aquél año hubiera podido quedarme sin plaza en este colegio porque alguien quiere promocionar la pública sin molestarse en mejorarla? ¿Por decreto? Lo siento, no lo veo...

Entiendo el interés en promocionar la escolaridad pública, de verdad que sí, pero no la forma en que pretenden hacerlo. Mientras no mejoren muchas cosas, yo al menos quiero seguir disfrutando de la libertad de elegir un colegio concertado si considero que su planteamiento se acerca más al que yo quiero para mis hijos. O ya puestos, un colegio público que sí me guste aunque no esté en mi zona, porque yo sé que somos un caso raro, pero la cercanía a casa no fue nunca un criterio para nosotros. 

En fin, bueno, esa es mi opinión, pero por supuesto me encantará escuchar las vuestras.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día internacional de la mujer

Un año más, celebramos el día internacional de la mujer sin la sensación de haber ganado gran cosa últimamente. Desde luego nada tiene que ver nuestra situación con las de aquellas 120 mujeres que murieron devoradas por las llamas del incendio de la fábrica en la que trabajaban y cuyas puertas habían sido atrancadas para evitar robos. Desde luego no solo para las mujeres han cambiado las condiciones laborales, también para los hombres. Pero sigue habiendo diferencias palpables.

No importa que el porcentaje de mujeres en la universidad siga siendo mayor que el de los hombres desde hace años, no importa que luchemos por que la conciliación no sea sólo cosa nuestra, que se consigan pequeños avances en cuanto a permisos de paternidad... siguen siendo demasiadas las cosas que hacen que una mujer siga sin ser igual que un hombre en el mundo empresarial.

Afortunadamente, conozco a algunos grandes hombres, de referencia en sus sectores y con cierta visibilidad, que son grandes defensores del talento femenino y saben ver más allá de las típicas memeces que se dicen sobre nosotras. Afortunadamente también, vamos siendo más las que somos capaces de romper esa dinámica de la casa y los niños para nosotras.



El otro día fuimos a ver "Figuras Ocultas", mujeres y negras en los años 60, casi nada. Y sin embargo eran mujeres brillantes que supieron hacerse un hueco en su trabajo, aunque no sé si en la historia. Afortunadamente ha llegado la gran pantalla para recordarnos su historia de logros en la NASA, logros que en el caso de sus compañeros hombres no lo eran tanto porque simplemente era lo normal.

¿Cuántas grandes mujeres más ha habido en la historia de las que no sabemos nada, o casi nada? ¿por qué nuestras hijas no tienen grandes figuras femeninas que les sirvan de referencia? Afortunadamente también incluso el cine infantil está cambiando. Ya tocaba, por otra parte, que lo de la princesita lánguida que espera a que su príncipe la rescate o le cambie la vida ya olía a chamusquina.

Y, sin embargo, ¿no tenéis la sensación de estar yendo de nuevo hacia atrás? hablan de estadísticas de los jóvenes actuales y se ven de nuevo comportamientos y tendencias que en nuestra generación ya fuimos capaces de dejar bastante de lado (no digo que del todo, ojalá) Me da miedo que las chicas vean normal que sus novios les controlen el móvil o con quién salen... ¿qué ejemplos son los que están viendo entonces en su casa? tengo la esperanza de que sea sólo un pequeño atrás para coger impulso porque, francamente, no me imagino a mi hija consintiéndole nada de eso a ningún chico por muy loquita que esté por él. No es lo que ha visto en casa desde luego, ni lo que hemos hablado con ella cuando vemos estas noticias y aprovechamos para comentarlas juntos. No sé, dentro de unos años (pocos ya) lo veremos, pero espero que estas niñas de hoy sepan ser mujeres responsables y decididas y no de nuevo débiles princesitas.

Tengo pendiente de comprarle un libro a mi hija, creo que será interesante leerlo juntas: Las chicas son guerreras: 26 rebeldes que transformaron el mundo. Suena bien ¿verdad? Te invito a leerlo con tu hija, y con tu hijo, también él tiene que saberlo, especialmente él, no queremos que el día de mañana sea uno de esos idiotas que menosprecia a sus compañeras ¿a que no?


miércoles, 22 de febrero de 2017

Carnaval

Seguro que más de uno y más de dos estáis ya locos con la preparación de disfraces, o habéis sufrido ya cierto acoso desde el cole de los niños para que los llevéis con cosas raras a clase.


Nosotros reconozco que somos poco carnavaleros. Nos gusta disfrazarnos, sí, pero no necesariamente para estas fechas (en las que además suele hacer frío, lo que estorba un poco para ponerse según qué cosas) Tampoco nos van demasiado las grandes fiestas, con mogollón de gente por todas partes y en las que parece que sea obligatorio divertirte. Creo que me estoy volviendo un poco cascarrabias, dicho sea de paso.

En fin, que, pese a todo, supongo que algo haremos. Opciones desde luego no nos faltan, como ya hace unos días que nos viene recordando a los maños Con peques en Zaragoza. Este jueves lardero tendremos que estar atentos a un nuevo elemento, el gluten, pero de todas formas Sofía es poco de longanizas así que tampoco me preocupa mucho.

Pero, aparte de disfrazarse y echar unas risas, el carnaval es mucho más. Si nos ponemos estrictamente católicos, no debemos olvidar que en realidad viene a ser lo que una despedida de solteros a la carne. Llega cuaresma, durante la cual los cristianos deberíais prepararos espiritualmente para la celebración de la Pascua. Empezando en miércoles de ceniza, los cuarenta días de duración recuerdan a varios periodos bíblicos, especialmente a la gran prueba que Jesús tuvo que superar en el desierto. Se ayune más o menos, se tome carne o no, porque al final cada uno interpreta estos periodos como considera apropiado, lo cierto es que el carnaval ha sido siempre para los cristianos la gran fiesta previa a esta época de ayuno y recogimiento espiritual. Y como gran fiesta, donde se cometerían todos los desmanes habidos y por haber, era costumbre llevar tapado el rostro para garantizar el anonimato.

Pero no creáis que todo viene de ahí. Como casi siempre, la iglesia no hizo más que adaptar una vieja costumbre pagana a sus ritos ante la imposibilidad de eliminarla. En este caso, parece que la fiesta venía ya de las antiguas Saturnales, que según cuentan debían ser ciertamente escandalosas también, aunque se dice que también los antiguos Sumerios, probablemente la más antigua civilización reconocida, ya realizaban este tipo de festejos, pintándose las caras o cubriéndose con disfraces y máscaras, hace la friolera de 5000 años.

Os invito a leer algo más sobre el origen del carnaval aquí.

A mí, ya os digo, ni como fiesta pagana ni como fiesta religiosa me termina de llamar mucho la atención, pero como un disfraz siempre da mucho juego, no diré por si acaso de este agua no beberé (que bien escarmentada estoy ya de esto, algunos ya sabéis por qué) Ya os contaré. Y vosotros, contadme a mí, ¿cómo vivís los carnavales? ¿Cómo se viven en vuestras distintas localidades?

lunes, 20 de febrero de 2017

Adictos a los móviles

Retomando el tema de hace unos días, sobre móviles y niños, no sé si ayer veríais el Salvados sobre el uso (o abuso) del móvil. Nosotros lo vimos todos juntos. Nos pareció una buena ocasión, aunque mis hijos aún no tienen móvil, de que se vayan haciendo conscientes de lo bueno y lo malo del aparatito.

Me gustó especialmente la intervención del sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman. Me chocó mucho eso que dijo que de "nuestra peor pesadilla es ser abandonados", quedarnos solos. Nunca lo había pensado así. No soy una persona que tema a la soledad (escogida), me encanta quedarme sola conmigo misma y no necesito estar constantemente rodeada de gente para sentirme feliz. Sin embargo, es cierto que estoy permanentemente conectada vía móvil (o casi) y también que tengo el sueño recurrente de que me quedo de repente sola en una habitación de la que no puedo salir. Siempre lo había relacionado más con el hecho de no poder salir que con el de estar sola pero igual tengo que darle una vuelta a esto.

Volviendo al uso o abuso del móvil... es un tema delicado, creo. No me considero una adicta al móvil. Ha habido veces en que se me ha olvidado en casa y ni he vuelto a por él (salvo que lo necesitara por cuestiones de trabajo) ni lo he pasado mal por no tenerlo. Cierto que tengo el reflejo de ir a mirarlo cada poco tiempo porque lo uso muchísimo, pero sólo es un un reflejo, no me crea ningún tipo de ansiedad no poder hacerlo.

Entonces, ¿por qué lo miro tanto? las razones políticamente correctas primero: es la navaja suiza de hoy en día. Es mi teléfono, claro, pero también en  muchos casos mi reloj, mi alarma, mi agenda, mi cámara de fotos, mi gps (y dada mi orientación os aseguro que me siento mucho más segura sabiendo que en cualquier momento puedo consultar google maps), mi herramienta de control de gastos, de seguimiento de mi pulsera de actividad, de consulta rápida de mi cuenta de correo electrónico, mi profesor de italiano, mi calculadora siempre a mano, mi cuaderno de notas, mi acceso rápido e inmediato a mis cuentas del banco, desde que Sofía es celíaca, mi consulta rápida de productos con o sin gluten, mi "hombre del tiempo". Y sí, también mi acceso inmediato a mis redes sociales. Aparte de la comodidad de la comunicación por whatsapp, claro (y lo que se me olvide ahora mismo).



Y ahora es cuando entramos en los límites difusos. Porque sí, utilizo el móvil para todo eso, y lo utilizo mucho, pero donde de verdad paso la mayor parte del tiempo es en revisar casi compulsivamente mi Facebook (y alguna que otra partida de Tetris). Lo confieso, de otras redes sociales paso más, pero lo del Facebook me supera. Lo miro nada más levantarme y a cualquier hora durante el día. También he hecho alguna vez eso tan feo de que me estén hablando y yo siga mirando el móvil, pero en mi descargo diré que aunque esté con el aparatejo sigo pendiente a lo que ocurre a mi alrededor y desde luego a lo que me están contando. No me aíslo del mundo real por el virtual. Que no quita para que sea una falta de educación importante que desde luego debo corregir.

Ahora bien, ¿me compensan las ventajas del móvil? rotundamente sí. Cierto que hay que saber utilizarlo, que debemos ser conscientes de sus peligros y saber transmitirlos también a nuestros hijos, pero de ahí a demonizarlos van muchos pasos que no creo que debamos dar. ¿Que hay quién cae en una dependencia excesiva del móvil? sí claro, como de otras miles de cosas, sean videojuegos, tabaco, alcohol, drogas, juego, deporte, alimentación ultrasana... se puede llegar a ser adicto a muchas cosas, y por supuesto que hay que estar muy atento a las señales de que esto está ocurriendo, pero no podemos dejar de utilizar una herramienta magnífica por miedos inculcados. Tampoco creo, sinceramente, que debamos privar a nuestros hijos de utilizarlas. Eso sí, acompañándoles y enseñándoles, no utilizándolos para librarnos de ellos un rato, o que nos dejen hablar con otra gente. Ah, ahí duele, ¿eh? ya, vosotros también lo habéis hecho ¿a que sí? como todos, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero una cosa es hacerlo alguna vez y otra tomarlo como costumbre...

Contadme, ¿cómo es vuestra relación con el móvil? ¿y la de vuestros hijos? incluso, rizando el rizo: ¿cómo es vuestra relación de familia en lo relativo al móvil, tablet, etc? 

viernes, 17 de febrero de 2017

Educación, respeto...

El otro día volvía a ver por facebook la noticia aquélla de un restaurante que aplicó un descuento en la cuenta a una familia por el buen comportamiento de sus hijos durante la comida y comenté que si no debería ser eso lo normal. A mí me parece que sí, pero a juzgar por otro de los comentarios (y por lo que se ve por ahí día a día) , no todo el mundo piensa igual. Os copio el comentario tal cual:

"...son mejores los niños que no juegan? Los que se quedan sentados formales, en vez de ser niños y hacer cosas de niños?..."

Y lo peor es que el comentario es, aparentemente, de la cuenta, no sé si oficial o no, del AMPA de un colegio. Apaga y vámonos. ¡Qué daño ha hecho eso de "si son cosas de críos"! Pues no, o no basta con eso, claro que son cosas de críos moverse y no parar y aburrirse en un restaurante, pero son cosas de padres enseñarles en qué sitios pueden correr y saltar sin problemas y dónde tienen que comportarse bien, aunque se aburran. Igual que en el cole les enseñan desde bien pequeñitos que en el recreo pueden y deben jugar y correr pero en clase tienen que estar correctamente sentados y atentos a lo que se habla. Ni más ni menos. Hacer cosas de niños está muy bien pero saber cuándo y dónde se pueden hacer unas cosas y otras está mucho mejor.

Por otro lado leí ayer en Twitter el siguiente comunicado de Marianistas Madrid:


Y hombre, esto sí que me gusta. Porque igual que los niños tienen que aprender a comportarse en cada sitio como procede, también es importante mostrar, (a niños y adultos), que no se puede decir cualquier burrada por Internet impunemente y que también allí las faltas de respeto pueden (y deben) tener consecuencias, que una cosa es la libertad de expresión y otra muy distinta la falta de educación y respeto.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Móviles y niños

Sí, sí, ya estoy en esa fase en que empiezas a plantearte que cualquier día de estos tendrás que claudicar y comprarle un móvil a la niña. Partiendo de esa base, parece que comúnmente aceptada, de que el paso a la ESO implica también la adquisición del aparatito, mi hija da por hecho de que para su próximo cumpleaños (el de los 12, en mayo) caerá ya el móvil. Y no es que Sofía sea muy tecnológica que digamos, de hecho, la tablet se la regalamos nosotros más que pedirla ella para ver si con algo así más divertido y facilón empezaba a entrar un poco más en el mundo informático porque una cosa es que las nuevas tecnologías te gusten más o menos y otra es que en este mundo que vivimos (y lo que te rondaré, morena) tampoco te puedes permitir el lujo de quedarte fuera de ellas.



Por lo mismo, viene el problema con los móviles. ¿Necesita mi hija un móvil con 12 años? pues no. Teniendo su tablet además, menos aún. Pero esto no es tan fácil. De momento en su clase se mueven con los hangouts de google y no usan aún el whatsap pero cuando empiecen... ya no cuando empiecen, en el momento en que toooodaaa la clase tiene whatsap y lo usa para sus comunicaciones habituales, no puedes dejar a tu hij@ fuera de eso. La cuestión de si la comunicación entre compañeros de clase debería depender tanto de un aparatito cuando se están viendo a todas horas es otra historia, que desde luego tiene tela, pero hay que reconocer que como herramienta el whatsap, con sus grupos, es poderosísima. Para bien y para mal.

Yo particularmente sí soy muy partidaria de dar a los niños este tipo de herramientas a una edad apropiada (no me parece mal la barrera de la ESO siempre que su madurez sea la correspondiente al curso, que de todo hay) El día que mi hija empiece a salir con sus amigas me sentiré mucho mejor desde luego si lleva su móvil y puede llamarme en cualquier momento o sé que puedo localizarla. Y además, con todos sus riesgos, o precisamente por ellos, no podemos meter a los niños en una burbuja. Igual que les enseñamos a moverse correctamente por la calle y no irse con desconocidos, hay que enseñarles a moverse en el mundo virtual. Ni más ni menos, ya forma parte de nuestras vidas tanto como el real.

Puntos que me parecen importantes para una gestión correcta del móvil:

(así a bote pronto, que habrá mil más pero bueno, que estoy empezando con esto)

- Si te mando un whatsap me contestas  (si estás con tus amigas evitaré llamarte, que yo también he tenido su edad, pero contestar a un whatsap no te compromete para nada) Si no lo haces te quedas sin móvil.

- Si has dicho que volverás a una hora y no lo haces (aparte de asumir las consecuencias) ¡me avisas! Si no lo haces, te quedas sin móvil.

- Al cole te vas sin móvil (ni falta que te hace allí)

- Internet, las redes sociales, el whatsap y todo el largo etcétera tienen sus peligros, por supuesto, pero también son herramientas muy potentes. No pienso privarte de la oportunidad de aprender a manejarlas y sacarles todo su partido, pero tampoco voy a dejarte sola trasteando en ellas. Sé que tu derecho a la privacidad es importante, y lo respeto, pero tendremos que llegar a un acuerdo para que yo pueda acompañarte en ese descubrimiento sin que te sientas invadida.

A mí este último punto es el que más complicado me parece. Sé que desde instancias oficiales hay muchas recomendaciones y hasta propuestas de contrato con los hijos (interesantes, echarles un ojo, aunque no lo hagáis tal cual seguro que sacáis ideas) Hay quien incluso recomienda directamente espiar sus móviles pero a mí eso de espiar no me va nada. Igual peco de ingenua pero prefiero seguir construyendo una relación sólida (que no de amigas) con mi hija para que pueda seguir hablando conmigo de todo con confianza y me cuente cuando tenga un problema, incluso aunque esté metida de lleno en la adolescencia (no, no es una utopía, conozco casos, se puede hacer, aunque por supuesto es mucho más laborioso que simplemente espiar)

En fin, que todavía tengo que acabar de darle vueltas al tema pero lo del móvil planea ya sobre nuestras cabezas y habrá que ver cómo gestionarlo (y ponernos de acuerdo en la pareja, que esa es otra, no siempre los dos miembros de la pareja van a pensar igual en este aspecto)

Ya os contaré cómo se resuelve la cosa cuando llegue el momento. Entre tanto, se agradecerán todos los comentarios de aquéllos que ya hayáis pasado por esto. ¡Gracias!

viernes, 3 de febrero de 2017

Repito reto

Pues sí, no contenta con haberlo hecho una vez, o más bien por otras razones, que luego os cuento, me he apuntado de nuevo al reto 10k de los geniales 100 pies eventos.

3 meses, 10km, ahí es ná. Pero oye, que van ya por la quinta edición y las plazas vuelan así que, ambicioso como parece (y es), el caso es que funciona.

La primera vez, ya os conté, me apunté un poco como diciendo, sí, claro, en tres meses me vais a preparar a mí para correr 10 km, a mí que hasta hace dos meses no corría ni detrás del autobús... y de hecho, fue cierto, no pude correrlos, pero por un inoportuno esguince, no por falta de preparación. Algun@s os acordaréis de cuando lo conté aquí. Pues bien, pese a no lograr ese primer reto, sí conseguí, una vez recuperada de la lesión, otro que me venía picando hacía ya tiempo: correr la parisienne. Como no podía ser menos, lo conté también en este blog, justo aquí.

Si algo tienen estas naranjitas es que enganchan, el caso es que ya metida en harina decidí continuar en el club y prepararme bien para la siguiente 10k. Ésta sí la hice, faltaría más, y bien contenta que entré yo de la mano de mis hijos, que me acompañaron en el último km (soy más bien tortuga, lo que quiere decir que para cuando llego yo, ya ha pasado todo el mogollón de corredores y el que unos niños entren a la carrera no molesta a nadie, como podéis ver en la foto. Por favor, no hacer esto cuando hay todavía mucha gente llegando, es peligroso y un caos para la organización de la carrera)



Peeerooo, tras el verano llegó otro de mis momentos de cambios laborales, lo que hizo que me desorganizara toda y me diera de baja temporalmente del club (con la autopromesa, eso sí, de no dejar de correr) Y no es que lo haya dejado... del todo... en fin, que corrimos en familia (como ya es tradición) la popular de Ibercaja, corrí la carrera de la mujer, la San Silvestre con Sofía y maridín... pero vamos, que yo ahora salgo cualquier día a correr por mi cuenta y no estoy como debería estar, desde luego no como para volver a apuntarme al club así a pelo. Así que, oye, que esto del reto está muy bien y me parece a mí que va a ser lo mejor para volver a ponerme en forma y plantearme incluso mejorar un poquillo mi marca en la 10k.

Aprovecho para recomendaros a todas que os animéis. De verdad que es una experiencia de las que le dan una vuelta a tu vida (para bien), que el ambiente es excelente, se hacen buenísimas amigas, estaréis en manos de los mejores entrenadores y os reiréis mucho, además de poneros en forma. ¿Que no sois capaces de correr ni medio minuto? decídselo a mi yo de hace un par de años... Se puede, de verdad. Si yo lo logré, ¿por qué tú no? ¿Nos vemos allí?

miércoles, 18 de enero de 2017

Libros que importan

¡No me puedo creer que aún no os haya contado esto! parece mentira...

¿Que qué es eso de libros que importan? pues si seguís el enlace encontraréis un montón más de información pero, básicamente, fue un mega amigo invisible, entre lectores, que la asociación zaragozana Atrapavientos organizó al amparo del mercadillo navideño de la Plaza del Pilar de este año. Sí, sí, como lo leéis, un amigo invisible a lo grande en el que cualquiera que pasara por allí podía participar. El único requisito era llevar (envuelto para regalo) un libro que hubiera sido importante para ti y rellenar un pequeño formulario básico. A cambio ya podías llevarte contigo otro libro, importante en la vida de otra persona. Ah, y había que escribir una dedicatoria, que se me olvidaba. Así, al abrir tu nuevo libro, tenías la ocasión de descubrir por qué había sido importante y para quién. Una ideaza. Por supuesto yo no podía faltar a una ocasión así.

Y, por descontado, mi libro importante tenía que ser de Carmen Martín Gaite. En realidad, debería haber sido Nubosidad Variable, cuyo personaje principal ya sabéis (o deberíais) que dio nombre a mi hija Sofía. Pero Nubosidad Variable no solo es importante en mi vida, es fundamental. Y hay libros de los que una no puede desprenderse aunque quiera. Mi intención era comprar otro ejemplar para llevar al intercambio pero ya no es un libro nuevo y no quedaban en la librería. Podían pedírmelo pero ya no llegaba a tiempo (culpa mía también, que con todos los días que estuvo se me fue pasando y al final casi no llego a participar) No esperaba no encontrarlo en librerías de todas formas... en fin, que al final opté por entregar otro libro, que no es Nubosidad Variable pero casi: "Irse de casa" Os invito a leer algo más sobre esta novela aquí.

Os confieso que cuando me dieron mi libro a cambio estaba hasta nerviosa. ¿Qué me tendría reservado mi amigo invisible? Con una mezcla de impaciencia y cariño arranqué el papel de regalo y ¡me encontré a Sherlock Holmes! madre mía, ¡qué flashback! El libro me transportó de inmediato hasta un ya lejano verano en que me dediqué a devorar sin descanso todas sus aventuras. Siempre le he tenido un cariño especial. De hecho, cuando estuve en Londres hace poco, a pesar de tener poquísimo tiempo para visitas (iba por trabajo y no me quedaba en la ciudad sino que viajaba a varias poblaciones desde allí) no pude por menos que madrugar un poco más (y ya sabéis lo que me cuesta a mí madrugar) para desviarme hasta el 221B de Baker Street. ¿Cómo ir a Londres y no rendir un pequeño tributo al más grande detective de todos los tiempos? Por desgracia el madrugón hizo que el museo todavía no estuviera abierto pero me conformé con plantarme unos minutos delante de la puerta.



En parte me dio pena no descubrir un nuevo autor o autora que quizás pudiera volverse también fundamental en mi vida pero compartir autor importante con un desconocido también tuvo su punto. Esa especie de reconocimiento casi anónimo de, "vaya, ¿tú también eh?" Fue una sensación curiosa.

En fin, que de vez en cuando la vida cultural de esta ciudad aún nos reserva gratas sorpresas. A juzgar por lo que he leído por ahí, la iniciativa fue todo un exitazo y parece, no sólo que se repetirá, sino que otras asociaciones y municipios han tomado buena nota y podría replicarse por ahí. Estad bien atentos por si llega a vuestras localidades.

miércoles, 11 de enero de 2017

Vergüenza ajena

Llevamos unos días en los que los noticiarios nos invaden, entre atentados, guerras y otras catástrofes, con imágenes de la gran ola de frío que asola Europa. Mientras nosotros las observamos, bien calentitos en nuestros sofás, tapados además con una manta si somos frioleros, hay miles de refugiados que la están sufriendo, prácticamente a la intemperie, y sufriendo enfermedades desde el más básico resfriado hasta la neumonía. ¿Recordáis lo mal que se pasa cuando se está acatarrado, metido en casa con la calefacción bien alta y bien abrigadito, tomando frenadoles o similares? Pues ahora imaginad pasarlo así:



Yo no puedo dejar de acordarme del frío que pasamos un mes de febrero en que se nos ocurrió ir al pueblo para acercarnos a las fiestas medievales de Teruel. La semana anterior había helado y las tuberías exteriores se habían congelado así que no entraba agua en casa, por lo tanto tampoco funcionaba la calefacción. Muy medieval todo. Aun metidos en una casa de gruesos muros (muy gruesos, ya sabéis lo que son las casas de pueblo) y con una chimenea de leña que queda muy bonita pero no da abasto para calentar un salón que es grande y húmedo, bien tapados con ropa de abrigo y mantas, como te separaras un poco del fuego te pelabas de frío. Considerando que la temperatura no era tan baja como la que están sufriendo estos pobres, y que estábamos mucho mejor protegidos que ellos, no puedo ni imaginar lo que estarán pasando mientras aquí, en la vieja Europa, que de guerras y refugiados sabe un rato, o debería, miramos para otro lado como si todo esto no fuera con nosotros. ¿Vergüenza ajena? mucho peor. Sobre todo porque no me he creído ni por un instante que esto no tenga solución. ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que siga ocurriendo esto? 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Mindfulness para novatos

Últimamente he estado leyendo sobre Mindfulness y acudiendo a las sesiones que en la Escuela de Padres del cole prepararon sobre ello. Más allá de que esté de moda, lo cierto es que me parece una herramienta muy interesante de inteligencia emocional.

Básicamente el Mindfulness consiste en estar presente aquí y ahora, es decir, ser consciente de las cosas que estás viviendo. ¿Sabéis esa sensación de llegar por fin a un sitio y darte cuenta de que no sabes ni cómo has llegado hasta allí? ¿o darte una ducha rápida pensando en todo lo que tienes que hacer y con los niños aporreando la puerta, que ni te enteras de que te estás duchando, como para disfrutarlo? bueno, pues todo lo contrario. Se trataría de estar plenamente atento a lo que estás haciendo en cada momento y a las sensaciones que te provoca.



Se trata también de vivir el ahora. Ni angustiarte por el futuro ni quedarte atrapado en el pasado. De ser consciente de tus emociones y aceptarlas, sin juzgarlas. Igualmente, consiste en aceptarse a uno mismo como es, sin hacernos daño con duros juicios, lo que no está reñido desde luego con tratar siempre de mejorar.

Pero entonces ¿qué significa Mindfulness? o mejor aún, ¿qué no es? Lo que me ha quedado claro durante estos días es lo que no es: no es meditar, aunque la meditación sí es una de las herramientas que se utilizan para practicarla. Otra es el anclaje a través de la respiración, que no deja de ser una forma de obligarte a centrarte en tí mismo y no dispersarte. Por cierto, tampoco es "poner la mente en blanco" la práctica del Mindfulness sí te permite que acudan pensamientos a tu mente, qué remedio, pero te enseña a observarlos, agradecerlos y dejarlos ir. Me gusta mucho la comparación con un cielo en el que las nubes van pasando, así hacen los pensamientos en tu mente, aparecer (a veces ligeros y bonitos, a veces negros y tormentosos) pero acaban pasando, como las nubes. Tenemos que aprender a no quedarnos enganchados (sobre todo a los tormentosos, claro)

Preguntemos a la wikipedia para saber qué sí es:
"El mindfulness como concepto psicológico es la concentración de la atención y la conciencia, basado en el concepto de mindfulness o conciencia plena de la meditación budista. Se ha popularizado en Occidente por parte de Jon Kabat-Zinn. A pesar de encontrarse sus raíces en el budismo, el mindfulness se enseña desprovisto de cualquier componente o terminología oriental.
Mindfulness o 'conciencia plena' consiste en prestar atención, momento a momento, a pensamientos, emociones, sensaciones corporales y al ambiente circundante, de forma principalmente caracterizada por "aceptación" -una atención a pensamientos y emociones sin juzgar si son correctos o no-. El cerebro se enfoca en lo que es percibido a cada momento, en lugar de proceder con la normal rumiación acerca del pasado o el futuro."

Interesante, ¿no? a mí al menos me lo parece, y os invito a profundizar más en ello y a contarme vuestra experiencia.

martes, 18 de octubre de 2016

La comida ¡no se tira!

Hace un par de días se celebró el día mundial de la alimentación y pudimos ver datos que, no sé a vosotros, pero a mí me dejan patidifusa. Sabía que se desperdiciaba muchísima comida por leyes que obligan a los supermercados a tirar determinados alimentos por cuestiones que no siempre son muy razonables, pero resulta que en nuestro país (sexto en el ranking europeo de desperdicio alimentario), sólo en los hogares, se desperdician al año 2,9 millones de toneladas de alimentos. ¿Llegáis a haceros una idea de lo que son casi 3 millones de toneladas en comida? Yo reconozco que no consigo visualizarlo. Y eso sólo en los hogares. Os copio de aquí:

Los datos del primer Estudio sobre hábitos de aprovechamiento de alimentos de los españoles realizado por AECOC, Asociación de Empresas de Gran Consumo apuntan cifras que llaman la atención. 
Sólo un 15% de la población dice no desperdiciar ninguno de los productos que adquiere para su consumo y son un 5% aquellos que tiran grandes cantidades de alimentos. De entre ellos, los consumidores jóvenes, de edades entre 24 y 34 años son los que más desperdician, mientras el porcentaje se reduce hasta llegar al 8% en el caso de las personas de edades comprendidas entre los 55 y los 65 años.
En más de 14 millones de hogares españoles se tiran alimentos a la basura sin haber sido procesados por considerarlos en mal estado.

De verdad que se me hace muy difícil digerir estos datos, será porque en mi casa siempre ha sido un hábito aprovechar bien los recursos (ya os contaré otro día las prácticas que está implantando mi hija, la última implica un cubo al lado de la ducha para poder aprovechar ese agua que se malgasta mientras esperamos a que salga a la temperatura adecuada) o será porque tuve una de esas madres que te graban a fuego que ¡la comida no se tira!

Volviendo a la comida, ¿de verdad hay tanta gente que compra demasiado? ¿que acumula sin saber ni lo que tiene y dejando que caduque? ¿que tira lo que sobra en vez de reutilizarlo para otro plato? Yo reconozco que ahí casi hasta me paso porque hasta de unas pequeñas sobras saco unas croquetas o, peor aún, me convierto en el cubo de basura de mis hijos y acabo comiéndome lo que se dejan, lo que tampoco es bueno, desde luego. Tampoco es lo más adecuado para mi dieta lo que acabo de hacer. Todo ha surgido de ver que me había quedado café de esta mañana en la cafetera. Ayer además había visto un paquete de Maizena que lleva ya bastante tiempo abierto y en el que (¡qué cosas pasan!) venía por detrás una receta de bizcocho de chocolate. Lo que me ha faltado por ver ya ha sido el tubo de azúcar glas casi petrificado ya del tiempo que llevaba ahí al lado de la Maizena. He adaptado las cantidades a la cantidad de azúcar que me quedaba y en vez de chocolate le he puesto el café que me había sobrado y aquí os enseño el acompañamiento para el descafeinado de la tarde tan apañado que me ha salido.



Laminerías aparte, lo cierto es que casi de cualquier sobra se puede sacar un nuevo plato (tortilla de las más diversas cosas, croquetas, una ensalada con sustancia...), un acompañamiento para un plato principal, una lasaña, un apaño completo para la pasta... las opciones son infinitas. Y por supuesto, si las sobras son mayores, siempre está la opción de congelarlas en un tupper correctamente etiquetado.

Por descontado, hay una serie de hábitos que si no tenemos deberíamos implantar desde ya: revisar la despensa antes de ir a la compra, preparar una lista detallada de lo que necesitamos para evitar comprar de más (muy útil también tener programados con antelación los menús mensuales o al menos semanales, lo que nos ayuda además a equilibrarlos mejor nutricionalmente), colocar delante los alimentos con fecha de caducidad más cercana o usar adecuadamente el congelador.

En serio, es muy fácil y desde luego vale la pena. ¿Me contáis cuáles son vuestros hábitos en este sentido? seguro que entre todos damos con muchas buenas ideas.

martes, 9 de febrero de 2016

Refugiados, ¿crisis u oportunidad?

Ya sé que no parece un tema muy propio de este blog pero, en realidad, sí lo es. La educación de nuestros hijos se ve influenciada por muchas cosas, pero más que por ninguna por nuestros propios comportamientos y actitudes. Estoy de acuerdo en que según en qué edades hay noticias que es mejor que no vean, o en todo caso, verlas con ellos para darles una explicación a su nivel. Pero lo siento, me niego a seguir escondiendo la cabeza ante la marea de refugiados (personas como tú y como yo) que mueren tratando de llegar a un lugar seguro escapando del horror y la destrucción masiva. La indiferencia también nos hace culpables.



Soy una persona bastante empática y eso, a veces, duele. Haced la prueba. Cerrad los ojos e imaginar que vuestras vidas, más o menos ajetreadas, más o menos satisfactorias, de un día para otro (o casi) dan un vuelco. Bombas, atentados, casas derruidas, ya nada es seguro. ¿No cogeríais a vuestros hijos y trataríais de huir de ese horror? Yo sí, sin duda. Y si se diera el caso, que nadie está libre, y si no revisar la historia a ver, rezar todo lo que sepáis para que el mundo "civilizado" nos acoja mejor de lo que estamos acogiendo a los refugiados sirios (por no hablar de todos aquellos que tratan de escapar de la miseria y guerras múltiples del África subsahariana y se juegan la vida en pateras, agarrados a los bajos de los camiones o tratando de saltar vallas que nosotros les hemos puesto)

Y ahora pongámonos de este lado. No puedo entrar en profundidad en el tema porque tampoco lo conozco tanto pero quería remarcar sólo una cosa. Recuerdo un día en el que, saltando de artículo en artículo, me chocó leer, en un breve intervalo de tiempo, dos noticias: una en la que el autor se quejaba de que Europa no puede acoger a tanta gente, que no tenemos capacidad. En la otra se lloraba una vez más por la despoblación de nuestros pueblos, que deben recurrir a ofrecer casa y trabajo para familias con hijos en un intento de no morir.

¿En serio? ¿de verdad Europa no puede acoger refugiados? ¿de verdad somos tan hipócritas? Desde luego lo que tenemos es muy mala memoria porque no hace tantos años eran los españoles los que huían de aquí en busca de una vida mejor. Tampoco somos demasiado objetivos, ¿si en vez de musulmanes de Siria fueran católicos europeos reaccionaríamos igual? Luego queremos educar en la tolerancia a nuestros hijos, que respeten las diferencias, que no acosen, y sobre todo que ningún otro niño acose al nuestro por ser diferente. ¿Podría ser que en el fondo acoger refugiados en nuestras comunidades no fuera tanto una crisis como una oportunidad...?

No sé, pregunto... y os invito a debatir el tema en familia, explicando a vuestros hijos quiénes son esos que tratan de llegar a Europa y por qué. No os pido que les expliquéis por qué no se les está dejando y a cambio se permite que mueran a cientos porque yo no sabría hacerlo. Preguntarles más bien qué harían ellos, seguro que os sorprenden. Los niños son mucho más listos que nosotros, y cuanto más pequeños, menos contaminadas con tonterías están sus mentes. Y por último, preguntaros a vosotros mismos, ¿qué harías si de repente España se ve inmersa en una sangrienta guerra y ya no podéis garantizar la seguridad de vuestros hijos?

Ahí lo dejo, no sin antes recordaros la celebración el 27 de febrero de una gran "marcha europea por los derechos de los refugiados" en varias ciudades europeas. Por si el resultado de la reflexión os anima a asistir.

https://www.facebook.com/events/450992615105731/

jueves, 8 de enero de 2015

¿Vuelta al hogar?



Leía hace unos días en la pelu, en la revista Marie Claire, un artículo que me llamó la atención. "Añoranza doméstica" se llamaba. Reflexionaba sobre el reciente boom de los blogs de (cito textualmente) "maternidad, manualidades, recetas y plácida vida hogareña" que según el artículo triunfan entre las mujeres profesionales y, aparentemente estresadas. No es mi caso, la verdad, antes aún seguía blogs, y no precisamente de este tipo, pero ahora ya ni eso. Apenas sigo cuando puedo alguno especialmente querido y desde luego no voy a empezar ahora con temáticas nuevas pero aún así me alegra haber descubierto, buscando información para este post, a la autora de "Bizcocho de chocolate"

Confieso que cuando leí el artículo me quedé algo sorprendida. Refleja una realidad que me temo que me queda muy lejana. Tanto la de esas lectoras que envidian la supuestamente relajada vida familiar de las blogueras como las propias blogueras que describe. Ya me conocéis, qué os voy a contar. Me gusta disfrutar de mi casa y de mi familia, por supuesto, pero soy lo más alejado que hay de un ama de casa tradicional, con todos mis respetos hacia quienes escogen esa opción, sean hombres o mujeres, que también los papás tienen derecho a ser amos de su hogar y ocuparse de sus hijos. Para gustos colores. Yo ya sabéis que volví a trabajar parcialmente a las 6 semanas de cada uno de mis partos y me gustó hacerlo (sobre todo que fuera parcialmente, no voy a negarlo, una transición suave entre estar todo el día con un bebé y el mundo real se agradece) En muy raras ocasiones, y muy mal día he tenido que llevar, he llegado a pensar que ojalá pudiera dejar de trabajar. Detesto casi todas las tareas domésticas y soy un desastre con las manualidades. Esta moda del DIY me atrae y me repele a partes iguales (me atrae porque no lo negaré, me gustaría ser capaz de hacer tantas cosas bonitas pero luego no encuentro el momento de ponerme a ello ni tendría paciencia para hacerlas en caso de encontrarlo, por no hablar de que el resultado distaría mucho del objetivo) Me gusta mi trabajo y me gusta la sensación de tener mil cosas por hacer. Me cunde mucho más el tiempo con un puntito de estrés y duermo mucho más a gusto si he estado ocupada todo el día que cuando me queda la sensación de no haber aprovechado el tiempo. Todo forma parte de un conjunto, supongo. También me estresa la vida en el pueblo y tolero Zaragoza y su tamaño medio (y su cercanía a Madrid y Barcelona) pero soy bicho de gran urbe. Mi ciudad ideal siempre ha sido París (sí, para vivir, no sólo de turismo) y sospecho que el día que descubra Nueva York mi corazón quedará dividido para siempre entre las dos ciudades.

¿Y a qué venía todo esto? ah, sí, a lo lejos que me sentía de esa realidad reflejada en el artículo. Aún con todo puedo comprender por supuesto que haya mujeres a las que parezca envidiable. Cada una tenemos una tipología distinta y menos mal, ¿os imagináis un mundo lleno de personas todas iguales? A pesar de todo ello, o precisamente por eso, me ha alegrado leer el punto de vista de una de las blogueras citadas a la que curiosamente también sorprendió el enfoque del artículo. Os invito a leerla aquí.

Al final yo creo que todo se reduce a una cuestión de equilibrio y, por supuesto, de conocernos a nosotras mismas. Ni deberíamos tratar de hacerlo todo ni podemos dejarnos influir por lo que se supone que debemos ser o hacer. Hay cosas que hay que hacer sí o sí, como las tareas domésticas (a no ser que puedas pagar suficiente servicio doméstico como para no tener que hacer nada, claro) pero salvo que vivas sóla en tu casa no hay ningún motivo para que sea responsabilidad exclusiva tuya. Cocinar en vez de comprar precocinados es muy recomendable pero tampoco imperativo. Pasar el tiempo con nuestros hijos por supuesto que es fabuloso, pero hay mil maneras de hacerlo, si nos empeñamos en hacer con ellos cosas que no nos gustan, nos habremos cargado el objetivo de divertirnos juntos (que no quiere decir que no haya que hacer un esfuerzo de vez en cuando para jugar a sus cosas) En definitiva, creo que es importante saber con qué disfrutamos más y no empeñarnos en hacer todo lo que otros hacen. Yo por ejemplo no sufro nada por no hacer manualidades con mis hijos (y alguna me ha tocado hacer, claro) pero me encanta cocinar, leer o hacer deporte con ellos. También disfruto de un día tranquilo en casa pero me apasiona mi trabajo (con sus más y sus menos) y no sueño con dejarlo para ocuparme de mi hogar. Como mucho con que me toquen los euromillones pero para poder plantearme mi vida laboral de otra manera.

¿Y vosotras? ¿Sufrís de añoranza doméstica?





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