Venía yo hoy pensando que sin falta tenía que actualizar este pobre blog. Y venía pensando también en el profundo agujero sin fondo en que se ha convertido últimamente mi cerebro. Nada, ninguna idea razonable sobre la que escribir. Y en éstas que reviso actualizaciones recientes y me encuentro con el melodramático e incitante post de Eva. Y digo incitante porque me han entrado unas ganas locas de ponerme dramática yo también. Sí, sí, justo con ese gesto de la mano en la frente... pero sobre todo me ha recordado por qué no puedo vivir sin libros (éso y la insoportable cantidad de tiempo que hace que no voy al teatro), y es que leer es sumergirse en otros mundos, en otras vidas, y sea mejor o peor el libro, raro es el que no consigue transportarte por unas horas, hacerte reir, temer, alegrarte o sufrir y sí, ¿por qué no decirlo? dotar de cierto dramatismo a nuestras rutinarias vidas.
Sin embargo, a raíz de las turbulencias creadas por la maternidad, pasé un tiempo sin poder dedicarme demasiado a la lectura. Ahora ya, con los dos niños en horario escolar razonable y con una cierta libertad horaria que ya no me haría ninguna gracia abandonar, he podido recuperar el placer de sumergirme, durante largas horas o intensos minutos, según se de el día, en dramas o aventuras ajenas. De hecho hace días ya que venía pensando en añadir una pequeña nota en el lateral en la que reflejar mis actuales lecturas y bueno, ahí mismo la tenéis. Pero aprovecho y, a falta de idea mejor con la que rellenar este post, hablemos de mis últimas aventuras literarias:
- Millenium. Sólo la primera parte. Me pareció tan mala que, a pesar de que debo reconocer que la historia me enganchó, no he tenido mayor interés en leer la continuación. Renueva mi convencimiento de que yo también puedo publicar.
- Réquiem. Ya os hablé de él. Es la tercera parte de la trilogía de David Lozano. Novela juvenil. Bien escrita, buena historia (imprescindible haber leído las dos primeras, claro), mantiene bien el ritmo y consigue un final más que digno, lo que no era fácil visto el jardín en el que se había ido metiendo a lo largo de las tres novelas. Bastante mejor que Millenium. Renueva mi convencimiento de que con un poco de constancia yo también podría escribir.
- La isla bajo el mar. Simplemente brillante, como de costumbre en Isabel Allende. Renueva mi convencimiento de que yo jamás seré una escritora de verdad.







