Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

domingo, 14 de octubre de 2018

Sobre Maslow, el ego y el desapego


Hacía ya tiempo que no escribía nada por aquí, demasiado. Me recuerda a otra época de mi vida en la que también el trabajo me apartó de mi afición. Como entonces, ahora tengo la cabeza llena de cosas que no deberían estar ahí y que no me dejan dedicar tiempo a lo que me gusta.

Hace poco, comentando con alguien mi relativo malestar en el trabajo y esto del dichoso Maslow y su pirámide, que hace que no estemos nunca contentos con lo que tenemos, me contestó, muy segura de lo que decía: “pero eso es ego” Y de repente algo hizo clic en mi cabeza y, aun sin tener muy claro cómo ni por qué, me di cuenta de que sí, era un problema de ego que debería investigar. En paralelo, me llegó una imagen interesante sobre el desapego y sonó otro clic en mi cabeza. Así que aquí ando, entre Maslow, mi ego y un intento de desapego, tratando de encontrar la manera de estar a gusto con lo que tengo en vez de andar buscando siempre otra cosa. ¿Lo conseguiré? Pues no lo sé, conociéndome seguro que no, a mí lo de quedarme en una zona de confort siempre me ha parecido extremadamente aburrido así que supongo que en cuanto tenga oportunidad de reinventarme de nuevo, lo haré y dejaré atrás otra etapa para emprender la siguiente. Pero entretanto, algo tendré que hacer para sentirme de nuevo a gusto en la piel que me ha tocado llevar esta vez.
Investigando sobre el ego, he aprendido algunas cosas. Todos tenemos un fondo, o yo esencial, pero también una construcción mental de quiénes somos, una autoimagen “fabricada” a base de nuestras experiencias y creencias. Todos necesitamos un ego, no es nada malo, pero podemos tratar de modelarlo de forma que nos permita vivir más a gusto con nosotros mismos.

Para lograrlo, el primer paso sería “desvestirnos” de ese ego. Álvaro López Morcillo, en su web, propone un par de ejercicios interesantes para conseguirlo. Si tienes interés en el tema del ego, te invito a visitar el enlace. Él lo explica mucho más detalladamente que yo. A mí, en concreto, me ha gustado el ejercicio de las etiquetas. Sobre una foto tuya, ve pegando  (en papel removible preferentemente) etiquetas con todas las palabras que creas que te definen. ¿Te gusta el resultado? Si has sido sincer@, habrá cosas que sí y cosas que no, seguro. Pero ninguna de esas etiquetas forma parte de tu fondo. Puedes quitártelas y cambiarlas por otras sin cambiar tu esencia. ¿Puedes sustituir morena por rubia sin dejar de ser tú misma? ¿Alterarías tu fondo si en vez de profesora fueras pastelera? Ni siquiera tu profesión te define. Y lo más complicado de esto para mí es darte cuenta de que la verdadera esencia, quién eres en el fondo, no se puede entender de modo racional porque en el momento en que lo intentas, es tu ego el que la está interpretando. Así que supongo que no queda otra que ejercitar el descubrir lo que “no eres” para no dejar que una simple etiqueta (o dos, o tres, o cien), te defina. ¿Te animas a hacer el ejercicio? Yo me lo he propuesto como objetivo para esta semana que entra. Si lo haces, anímate a compartir tus reflexiones en comentarios. Será interesante.

Lo del desapego ya me temo que tendrá que venir en una segunda fase, pero también me parece importante.



Le damos demasiada importancia a cosas que no la tienen, incluso a personas que no la merecen. Supongo que hay que aprender a decirles adiós educadamente y sin rencores. Me parece dificilísimo, pero seguramente es porque todavía no he aprendido a desprenderme primero de mi ego. No, a desprenderme no, necesitamos el ego. A entenderlo mejor y modelarlo de forma que me ayude a vivir más a gusto, pero sin chocar con mi esencia, claro. ¡Qué complicado todo esto!


domingo, 25 de marzo de 2018

Tarta de fresas sin gluten, sin huevo y sin lácteos

Casi nada, ayer estábamos invitados a tomar café con la familia, lo que incluía dos celiacos y un intolerante al huevo y a la proteína de la leche. Yo tenía un montón de fresas así que me apeteció hacer una tarta pero anda que no había que tener en cuenta intolerancias. Peeeerooo, google lo sabe todo así que rebuscando por ahí encontré una receta en la que basarme aquí.

Os confieso que no tenía yo nada claro cómo iba a resultar la cosa, así tan sin nada, pero oye, que salió bastante buena (y el trozo que quedó y que nos hemos terminado hoy más rico aún, la masa gana con un día de reposo en el frigorífico) Así me quedó.



Como os digo, me basé en la receta de "El horno de Lucía" pero adaptándola un poco. Os cuento cómo la hice yo:

INGREDIENTES:

Un montón de fresas (a mí me gusta con mucha fruta y poco bizcocho pero al gusto)
90 gr. de panela
75 gr. de aceite de oliva virgen extra
300ml de zumo de naranja natural
1 plátano (que había leído por algún sitio que los veganos utilizan en repostería como sustituto del huevo)
 225 gr. de harina de arroz (certificada sin gluten, ojo a las trazas)

Y, en este caso, no añadí la levadura porque aunque sí es sin gluten, y por tanto apta para mi hija y el sobrino número 1, ponía que podía contener leche así que no me valía para el sobrino número 2. Me preocupaba un poco pero como en esta tarta el bizcocho básicamente sólo sirve de soporte a la fruta, tampoco me importaba si no subía.

La PREPARACIÓN es facilísima:

Se cortan en trocitos unas cuantas fresas y se ponen en la base del molde que vayamos a utilizar. Éstas quedarán integradas en el bizcocho pero guardad todavía unas cuantas para decorar por encima.

Para el bizcocho, yo eché primero el azúcar con el aceite, el plátano a trocitos y el zumo de naranja y batí bien todo junto, añadiendo la harina poco a poco hasta que quedó todo bien integrado. Se echa el batido por encima de las fresas del molde, cubriéndolas bien y ya sólo nos queda decorar con el resto de fresas, cortadas por la mitad y añadir, si queréis, más azúcar por encima.

Al horno hasta que esté hecho el bizcocho. Yo aquí ya soy como las abuelas, "lo que te pida el pastel", no sabría deciros cuánto tiempo lo tuve, con lo malo que me sabía a mí esto cuando empezaba a cocinar...

Cuando lo saqué del horno como no me gustó mucho el color pochete que tenía preparé en un cazo un poco de agua con azúcar y mermelada de frutos del bosque (dejar hervir un poco todo junto mezclando bien) y se lo eché por encima, que siempre parece que le da mejor colorcito y brillo.

Dejar enfriar ¡y listo! (y si la preparáis el día de antes más buena aún)

¡A disfrutarla!

lunes, 5 de febrero de 2018

Escaparates con ciencia

Lo cierto es que después de habernos sorprendido con el libro "Las chicas son guerreras: 26 rebeldes que cambiaron el mundo", la inciativa de Made in Zaragoza de invitar a comercios zaragozanos a dedicar sus escaparates a mujeres científicas nos venía como anillo al dedo.

Nuestra idea era haber dedicado la tarde del sábado a peregrinar de escaparate en escaparate siguiendo la lista de participantes. Pero la llovizna continua y que al final se me pasó organizar mínimamente la ruta, hicieron que sólo nos acercáramos a ver dos de los escaparates, los de Dessin Moda y Complementos, dedicado a la doctora estadounidense Virgina Apgar, creadora del famoso test que a toda madres nos suena, y Olé tus libros, dedicado a la matemática iraní Maryan Mirzakani, a la que, curiosamente, de pequeña parecía gustarle más leer y escribir cuentos que las mates (lo que me ha venido de perlas para recordarle a mi hija que aunque le gusten más las letras, también puede hacer grandes cosas en ciencias si se lo propone)




Teniendo en cuenta que hasta hoy mismo no conocía a ninguna de estas dos grandes mujeres (y las que iremos descubriendo en próximos paseos en busca de estos escaparates) me parece una gran iniciativa. Os invito a visitarlos también en familia y comentar vuestros descubrimientos. ¡Y no olvidéis contármelo!

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