Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

martes, 3 de noviembre de 2009

Aprendiendo de nuestros hijos

Algo que deberíamos tratar de hacer mucho más a menudo, por cierto, en muchos aspectos. Pero hoy estoy pensando en algo muy concreto. El lunes (festivo aquí) había hecho cardo para comer y como sé que es algo que mis hijos no se comen demasiado bien les prometí darles helado de postre si se lo comían todo. Se lo comieron así que cumplí. Guille apenas lo probó, de momento el helado le sigue pareciendo algo que está demasiado frío, me preguntó si se lo calentaba, le dije que no, que el helado se toma precisamente helado y tomó un par de cucharaditas más y punto. Sofía sin embargo se tomó toda su parte (les había puesto poquito) Le pregunté si quería más y me dijo muy seria que no, que tanto no le apetecía, que lo que le había puesto estaba muy bien. Hablamos de la misma niña que ve una bolsa de lacasitos, se come uno y ya no quiere más. Si yo tuviera ese talento natural en mi relación con la comida otro gallo me cantaría.

Y mira que lo sé. Que el primer bocado es el realmente bueno, que después de dos o tres ya casi te da igual estar comiendo una cosa que otra y desde luego que cuando ya estás harta, por mucho que sigas comiendo por pura gula ya no hay forma de recuperar ese placer del primer mordisco. Y voy aprendiendo poco a poco, no creáis. Con el chocolate, por ejemplo. Ahora ya sólo lo tomo negro, negro, lo más puro posible, y sólo un pedacito, con el café de después de comer (tampoco todos los días necesariamente) Tampoco me vale ya cualquiera. He ido probando varios, más o menos artesanales, más o menos comerciales. Pero desde que probé el Valrhona Abinao (85% de cacao) ya no me ha vuelto a satisfacer plenamente ningún otro. Ays...



Intento también moderarme con los postres cuando como fuera. Pedir fruta, compartirlo en caso de que sea dulce, o directamente, si ya he comido demasiado, pasar del postre (algo insólito en mí) Pero en general mi relación con la comida sigue estando a años luz de esa natural regulación perfectamente equilibrada que muestra mi hija a sus cuatro años y medio. Ojalá no la pierda nunca, aunque supongo que éso es realmente difícil.

Así que sí, trataré de aprender de ella en ese sentido, como he tratado de hacerlo en otras ocasiones en las que nos ha sorprendido con alguna reflexión sobre cosas en las que los adultos parecemos haber perdido todo sentido del raciocinio más básico. O sea, justo ese que los niños tienen todavía intacto.

Se habla mucho de los consejos de ancianos, que tenían un papel predominante en muchas culturas antiguas, pero ¿nadie pensó nunca en complementarlos con un consejo de niños? la unión podría ser explosivamente fructífera.

6 comentarios:

BB dijo...

Puff, que foto la del postre....y eso que acabo de desayunar como quien dice, pero lo probaría igualmente.Lo siento Lamamma, pero a diferencia creo que a tí, lo siento, lo siento, a mi el dulce no me engorda y me lo puedo permitir siempre que quiera, y de echo, necesito comer algo dulce todos los días. Es más, el cuerpo me lo pide. Perdón........
Y después de este inciso, qué razón tienes de que aprendemos de nuestros hijos más que de cualquier adulto, yo lo tengo super- comprobado. Él me enseña cada día a quitarle importancia a cosas que ciertamente no merecen ni un minuto de pensamiento, y además con razonamientos que convencen. Bueno, ya os he dicho más de una vez, que a raíz de la muerte de mi madre, él es el único que 'cree' saber donde está, y así me lo cuenta, que es una estrella y que la mire todas las noches. La noche que está nublado, se enfada pq dice que su yaya ya se escondió. El otro día fue el aniversario de su muerte, y claro ,al verme llorar, me dice:' mamá, no llores, que la yaya está muy contenta, no ves que está de vacaciones en el cielo, y como no vuelve es pq se lo está pasando muy bien.....como yo en la playa, pero es que yo tengo cole y ella ya no'. Os imagináis mi cara????? Pero son esos momentos en los que piensas...qué felicidad pensar así, y además, es que es hasta convincente.
Realmente la inocencia de un niño y sus pensamientos puros a estas edades son un coctel digno de beberse a cada hora, y además sin alcohol.
Besoso. BB.
P.D. Sigo pensando en esa especie de crêpes de chocolate de la foto con frutos secos y helado....mmmmmmm

laura dijo...

t entiendo muy bien lamamma, a mi cuando algo m gusta sinceramente no tengo conocimiento,así q antes d tener a la niña no compraba chocolate para evitar tentaciones,pero ahora el simple hecho d tener nocilla en casa para mi hija y encima prepararle el bocata yo es la peor d las torturas,pq cogería el bote con sus palitos d pan y sería capaz d comérmelo enterito y ella a veces ,no siempre, merienda su bocata d nocilla y ni lo termina .Y encima BB( q no tiene corazón la muy brujita) nos dice q a ella el dulce no le engorda argggg.
A mi mi hija cada día m enseña algo, yo a ella no lo se, quiero creer q si, pero ella cada día m da una lección,precioso lo d tu hijo BB.Bsitos a todas

BB dijo...

Ja, ja, Laura, ¿ como que brujita??????....para algo bueno que tengo y no me preocupa hoy en día....jaja. Gracias por lo de mi niño. Besos. BB

Elena-Z dijo...

Di que sí... que yo hace poco estuve en un coctel de estos llenos de canapes y cosas ricas (lo mio es lo salado, lo siento) y Sara estaba conmigo, y los camareros le acercaban la bandeja y ella no cogia, y yo le decía: ¿porqué no coges más? Y ella: ya he probado uno de esos... Sólo comió uno de cada...

Ahora, lo más gracioso fue ayer... le estaba contando a mi costi que me han diagnosticado una inflamación inespecifica en la vagina y claro, yo ahi venga pensar: y esto que será, y jolines, que no es de preocupar, pero yo me preocupo... y me dice Sara: mamá, tú no te preocupes... es que las señoras viejas como tú como sois mayores pues teneis el chichi grande grande grande, y es por eso... pero no te preocupes, mamá, que es normal...

Esto toda seria y con los ojos como platos.

Tita dijo...

jajajaja, Qué bueno Elena-Z!!!

Oye, Mamma, buenas noticias!!! el chocolate negro, de más de 80% de cacao ¡no engorda! porque no lleva harinas, ni azúcares ¡disfruta!

Sí nos enseñan, ya ves...gracias a mi hija, vuelvo a ver las cosas con la sencillez de la niñez en muchas cosas, y en la diversión de inventar, imaginar, o entretenernos jugando ¡se puede jugar con tantas cosas!

También como tú, me he fijado en su relación con la comida. Cuando está satisfecha, para. Soy yo la que insiste en que tome más, pasando el límite ¿será así como se nos hace el estómago más grande, más difícil de saciar? Así que procuro cortarme y entender que seguramente, se llena con la mitad de la comida que la pongo....¡ains!

Superwoman dijo...

Mi hija también controla muy bien el apetito cosa que su madre es incapaz de hacer, cuando algo me gusta no tengo freno y con el dulce para que contar. Uffff a veces pienso que estoy alborde la bulimia y es que cuando más nerviosa estoy peor.

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