Casi nada, ayer estábamos invitados a tomar café con la familia, lo que incluía dos celiacos y un intolerante al huevo y a la proteína de la leche. Yo tenía un montón de fresas así que me apeteció hacer una tarta pero anda que no había que tener en cuenta intolerancias. Peeeerooo, google lo sabe todo así que rebuscando por ahí encontré una receta en la que basarme aquí.
Os confieso que no tenía yo nada claro cómo iba a resultar la cosa, así tan sin nada, pero oye, que salió bastante buena (y el trozo que quedó y que nos hemos terminado hoy más rico aún, la masa gana con un día de reposo en el frigorífico) Así me quedó.
Como os digo, me basé en la receta de "El horno de Lucía" pero adaptándola un poco. Os cuento cómo la hice yo:
INGREDIENTES:
Un montón de fresas (a mí me gusta con mucha fruta y poco bizcocho pero al gusto)
90 gr. de panela
75 gr. de aceite de oliva virgen extra
300ml de zumo de naranja natural
1 plátano (que había leído por algún sitio que los veganos utilizan en repostería como sustituto del huevo)
225 gr. de harina de arroz (certificada sin gluten, ojo a las trazas)
Y, en este caso, no añadí la levadura porque aunque sí es sin gluten, y por tanto apta para mi hija y el sobrino número 1, ponía que podía contener leche así que no me valía para el sobrino número 2. Me preocupaba un poco pero como en esta tarta el bizcocho básicamente sólo sirve de soporte a la fruta, tampoco me importaba si no subía.
La PREPARACIÓN es facilísima:
Se cortan en trocitos unas cuantas fresas y se ponen en la base del molde que vayamos a utilizar. Éstas quedarán integradas en el bizcocho pero guardad todavía unas cuantas para decorar por encima.
Para el bizcocho, yo eché primero el azúcar con el aceite, el plátano a trocitos y el zumo de naranja y batí bien todo junto, añadiendo la harina poco a poco hasta que quedó todo bien integrado. Se echa el batido por encima de las fresas del molde, cubriéndolas bien y ya sólo nos queda decorar con el resto de fresas, cortadas por la mitad y añadir, si queréis, más azúcar por encima.
Al horno hasta que esté hecho el bizcocho. Yo aquí ya soy como las abuelas, "lo que te pida el pastel", no sabría deciros cuánto tiempo lo tuve, con lo malo que me sabía a mí esto cuando empezaba a cocinar...
Cuando lo saqué del horno como no me gustó mucho el color pochete que tenía preparé en un cazo un poco de agua con azúcar y mermelada de frutos del bosque (dejar hervir un poco todo junto mezclando bien) y se lo eché por encima, que siempre parece que le da mejor colorcito y brillo.
Dejar enfriar ¡y listo! (y si la preparáis el día de antes más buena aún)
¡A disfrutarla!
Un blog sobre maternidad, niños, conciliación, preocupaciones varias y, en general, mi vida diaria.
Bienvenidos a bordo
y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?
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domingo, 25 de marzo de 2018
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Bizcocho de calabaza #singluten
En esta época tenemos calabazas por todas partes y apetece muchísimo la clásica crema calentita para cenar o como primer plato, pero hay otras opciones. Hace unos días encontré en el muro de Facebook de una amiga una opción de bizcocho de calabaza vegano y sin lactosa, que decidí adaptar para que también fuera sin gluten. Podéis ver la receta original aquí. Yo la seguí casi al pie de la letra (tentada estuve de añadirle huevo en vez del plátano pero por ser de mi amiga Lauri lo mantuve vegano, cambiando únicamente la harina, que yo utilicé de maíz. (Jengibre no tenía, pero seguro que le da un toque fantástico, otra vez pruebo con él)
Así que mi versión queda así:
-1 taza de calabaza de calabaza asada
-1 plátano.
-1/2 taza de azúcar panela
-1 cucharadita de canela.
-1/2 de clavos de olor.
-1 cucharadita de levadura de hornear.
-1 pizca de sal.
A mí particularmente no me convenció mucho la textura. La falta de gluten es lo que tiene. Se me ocurrió tarde pero para otra vez probaré a añadirle chía a la masa de calabaza y plátano y dejarlo reposar un poco antes de añadir el resto de ingredientes. También se puede probar con goma xantana pero con esto no he probado nunca, no os puedo decir. Aún soy muy novata en el mundillo sin gluten.
A mi marido sin embargo le encantó el bizcocho tal cual. Guille no quiso probarlo, no es muy de bizcochos este chico. Y a Sofía le faltó sólo espolvorearle un poco de panela con canela por encima para encontrarlo estupendo.
Así que, pese a todo, supongo que vale la pena probarlo (si probais con chía o goma xantana o cualquier otro truco contádmelo, porfa)
Así que mi versión queda así:
INGREDIENTES
-1 taza de harina de maíz-1 taza de calabaza de calabaza asada
-1 plátano.
-1/2 taza de azúcar panela
-1 cucharadita de canela.
-1/2 de clavos de olor.
-1 cucharadita de levadura de hornear.
-1 pizca de sal.
PASOS
- Tamizar la harina sobre un bowl.
- Mezclar con la harina lo ingredientes secos: levadura, canela, clavos de olor, sal y azúcar.
- Chafar el plátano y la calabaza con un tenedor hasta hacer una pasta homogénea
- Integrar las dos mezclas en un mismo bowl.
- Poner en un molde y hornear 30 minutos a 180 grados.
A mí particularmente no me convenció mucho la textura. La falta de gluten es lo que tiene. Se me ocurrió tarde pero para otra vez probaré a añadirle chía a la masa de calabaza y plátano y dejarlo reposar un poco antes de añadir el resto de ingredientes. También se puede probar con goma xantana pero con esto no he probado nunca, no os puedo decir. Aún soy muy novata en el mundillo sin gluten.
A mi marido sin embargo le encantó el bizcocho tal cual. Guille no quiso probarlo, no es muy de bizcochos este chico. Y a Sofía le faltó sólo espolvorearle un poco de panela con canela por encima para encontrarlo estupendo.
Así que, pese a todo, supongo que vale la pena probarlo (si probais con chía o goma xantana o cualquier otro truco contádmelo, porfa)
lunes, 12 de junio de 2017
Falsa pizza de quinoa
Hacía días ya que no os ponía recetita. En realidad ésta es una idea que probamos hace tiempo ya, incluso antes de saber que Sofía es celíaca. Desde luego como idea para una versión sin gluten de la clásica pizza, es genial. La quinoa, como sabéis, es un alimento completísimo y, lo cierto, es que esta falsa masa queda muy rica. La preparación es muy fácil. Nosotros hemos probado un par de variantes como el último día el experimento no me salió muy bien, os voy a dejar con esta receta de quinoarecetas.com:
A Sofía le gusta la clásica pizza de jamón y queso así que no nos complicamos mucho la vida
Ingredientes:
- ½ taza de quinoa
- 1 taza de agua
- 2 huevos grandes
- ¼ taza de queso rallado de mezcla italiana o mozzarella
- Aceite de oliva virgen
- 1 ½ cucharadita de sal de ajo (ajo seco molido y sal de mesa)
- ½ cucharadita de orégano seco
- ½ cucharadita de albahaca seca
- ½ cucharadita de levadura
Preparación:
- Coloca la quinoa sin cocer en un colador de malla fina y deja que corra agua fría sobre ella durante aproximadamente un minuto hasta que el agua se aclare. Sacude el exceso de agua.
- Añade la quinoa enjuagada y 2 cucharaditas de aceite de oliva a una olla mediana. Remueve de vez en cuando a fuego medio alto durante 6-7 minutos. El exceso de humedad se evaporará y la quinoa comenzará a tostarse.
- Cuidadosamente agrega el agua a la quinoa tostada. Lleva a ebullición y luego reduce a fuego lento durante unos 15 minutos, revolviendo de vez en cuando hasta que se haya evaporado el exceso de humedad y esté el grano en su punto, al dente.
- Pon la quinoa cocida en un tazón grande y deja enfriar por lo menos 10 minutos.
- Precalienta el horno a 220 grados celsius y prepara una hoja de hornear con papel de pergamino. Puedes untar un poco de aceite o mantequilla para que no se pegue demasiado.
- En un tazón pequeño mezcla los huevos, 1 cucharadita de aceite de oliva virgen, la sal de ajo, el orégano, la albahaca y la levadura. Bate hasta que esté todo bien combinado y homogéneo.
- Añade el queso a la quinoa y combina.
- Añade la mezcla de huevo a la quinoa y remueve bien hasta que esté todo bien combinado.
- Extiende la masa de quinoa en una capa de 1 cm aproximado en la forma deseada.
- Hornea durante 20 minutos o hasta que los bordes comiencen a dorarse. Y voilá!
- Una vez hecha la masa puedes añadir los elementos de la pizza y volver a meter al horno durante otros 5 minutos.
A Sofía le gusta la clásica pizza de jamón y queso así que no nos complicamos mucho la vida
viernes, 26 de mayo de 2017
Comidas para niños
Estoy un poco cansada de estos anuncios de productos súper elaborados, con quién sabe qué ingredientes en su interior que nos venden para que nuestros hijos coman pescado, por ejemplo.
¿Quién nos ha convencido de que a los niños no les gusta la comida con su propio sabor? Sí, ya sé que hay muchos que si no es con una tonelada de rebozado y bien de ketchup no quieren saber nada de ella, pero ¿de quién es la culpa? ¿no será que los hemos acostumbrado nosotros? Desde bien pequeñitos, las papillas y potitos nos los venden bien cargaditos de azúcar y aditivos de todo tipo. Luego nos creemos los anuncios y pensamos que si les sacamos un filete de merluza a la plancha no lo van a querer y les compramos los palitos de merluza con formas de animales para que así coman pescado. ¿Estamos todos seguros de que antes hemos probado a darles comida de verdad? ¿con su auténtico sabor?
No creo que mis hijos sean unos bichos raros. A mí me parecen unos niños de lo más normales. Nunca (o casi nunca) les he dado potitos comprados de pequeños, no me parecía tan laborioso hacerles yo misma sus papillas con ingredientes frescos. Una vez que estuvimos una semana en un hotel Sofía tuvo que comer de potitos y menos mal que ya tenía más de un año y ya iba comiendo sólido porque la pobre probaba una cucharadita y no quería más. Afortunadamente ya podía picar aquí y allá de nuestros platos. Tienen sus manías, como todos, unas cosas les gustan más que otras. Pero en general, les gusta la comida con su propio sabor. El otro día se me ocurrió darnos un capricho y hacer para cenar fish and chips, así, a la inglesa. Además, facebook me había recordado por la mañana que justo hacía un año que había estado yo por esas tierras y, entre visita y visita, me había comido una buena ración para llevar de ese plato sentada en un banco frente a un bonito lago.
Mi gozo en un pozo. "Haaaalaa, reboooozaaadooo noooo" "a la plancha, normal, no lo reboces"... Total, que como las patatas "fritas" también les gustan más al horno, con mucho menos aceite, pues todo al horno que fue. Ya veis la foto. Patatas y filetes de merluza con un poco de sal y perejil al horno sin más. Ni salsas, ni rebozados ni nada de nada. Y es que si la materia prima es buena, no necesita grandes aderezos para hacer un gran plato. Pero si acostumbramos su paladar a mucho azúcar, mucha grasa y a aditivos de nombres impronunciables, luego los sabores naturales les resultarán sosos, cuando no lo son ni de lejos. Quizás haya que empezar por una reeducación de paladares, ir quitando poco a poco aditivos. Yo recuerdo una época en que no sé si tomaba café con azúcar o azúcar sin café. Poco a poco fui reduciendo la cantidad de azúcar que le añadía y ahora (si el café es bueno, claro) me lo tomo más a gusto sin nada de azúcar. Igual con muchos productos. Empecé a buscar galletas sin azúcar añadido y ahora las normales me resultan empalagosas.
Tampoco he sido nunca muy partidaria de hacer comidas especiales para los niños. Que coman más o menos pero que coman de todo y lo que comemos los demás. No les hacemos ningún favor actuando de otra manera.
miércoles, 29 de marzo de 2017
Aprovechando restos en la cocina
¿Os acordáis de lo hablábamos no hace mucho de no tirar comida? Ayer mismo me encontré en la balda superior de mi frigorífico (donde yo no veo porque soy bajita) un plato con unos restos de pescado al horno y un poco de arroz con verduras que alguno de mis hijos se había dejado. Mi marido tiene la mala costumbre de subir esos platos con restos a la parte superior del frigorífico y a mí me sabe fatal porque si no los veo no los puedo aprovechar. Pero todavía estábamos a tiempo. No había cantidad suficiente para una ración pero también tenía un bote de corazones de alcachofa abierto de ayer así que solucionado: cogí una sartén grande, le eché un poco de aceite de oliva, troceé el pescado que quedaba y tal cual le volqué el contenido del plato. Lo rehogué un poquito y le le eché el resto del bote de alcachofas (escurridas pero no del todo, el arroz se había quedado un poco seco así que pensé que absorber un poco del caldo de las alcachofas no le vendría mal) En este caso no tiene mayor importancia porque es sólo para mí, pero sí, también es un plato sin gluten (siempre y cuando estemos seguros de que esos restos no han sido contaminados en ningún momento, recordad siempre que con que alguien haya metido pan en el plato ya no es apto)
¡Tapper listo para la ofi!
Hay muchas formas de aprovechar unos pocos restos de comida. Es incluso mejor cuando no ha quedado mucha cantidad porque si no lo más cómodo es volver a comer lo mismo, pero si queda poco, eso nos obliga a inventar un plato nuevo. Seguro que tú tienes también mil trucos de estos, ¿me los cuentas?
¡Tapper listo para la ofi!
Hay muchas formas de aprovechar unos pocos restos de comida. Es incluso mejor cuando no ha quedado mucha cantidad porque si no lo más cómodo es volver a comer lo mismo, pero si queda poco, eso nos obliga a inventar un plato nuevo. Seguro que tú tienes también mil trucos de estos, ¿me los cuentas?
miércoles, 25 de enero de 2017
Tuppers para el trabajo
Esto últimamente va de cocina, parece... en fin, bueno, ya sabéis que tenemos rachas. Tengo pendiente hablaros de cómo hacer masa madre pero es que nuestro primer intento resultó un poco fracaso así que seguiremos investigando y cuando lo tengamos más claro os lo cuento.
Hoy, como os prometí hace días, vengo a daros ideas para esos tuppers que algunos tenemos que prepararnos para el trabajo.
Vaya por delante que yo no soy nutricionista ni nada parecido, aunque sí me gusta leer sobre el tema y mantenerme informada, así que procuro que mi tupper del mediodía sea lo más equilibrado posible. Esto siempre en teoría, y suponiendo que esté medianamente organizada, porque también hay días en que no tengo nada preparado y tengo que tirar de lo que buenamente encuentre (incluso tengo en el trabajo un par de cosas raras de estas de fideos a los que solo hay que añadir agua caliente y se hacen solos que me regalaron y como sabía que yo en casa eso no lo iba a usar nunca me lo llevé a la oficina para casos de crisis)
Pero vamos al lío. En línea con mi teoría de distribución de la comida, encontré en amazon unos tuppers estupendos divididos en tres compartimentos de distinto tamaño (luego os pongo foto) que me vienen que ni pintados para rellenar la parte grande con vitaminas, y las otras dos, con hidratos de carbono y proteínas.
Como últimamente ya no me apetece tanto la carne o el pescado, y además son más puñeteros de llevar en tupper si quieres prescindir de salsas, rebozados y empanados, tiro mucho de proteína vegetal (legumbres, quinoa... hay muchas opciones). Al fin y al cabo son cuatro días los que como en el trabajo. Me quedan tres días completos y todas las cenas para introducir proteína animal, más que suficientes.
Supongo que cuando nos acerquemos al verano todo esto cambiará y me dedicaré a llenar tuppers más grandes con ensaladas completísimas y variadísimas en las que también introduciré todos mezclados los tres grandes grupos de alimentos pero de momento se agradece la comida calentita así que os enseño por ejemplo el tupper que he preparado para hoy con una buena porción de crema de calabaza, unas pocas lentejas y unos fideos (una que es rarita hasta para eso, aunque me gusta mucho la sopa, casi más aún me gustan esos restos de fideos que quedan ya sequitos porque han absorbido todo el caldo)
¿Qué os parece? ¿a qué es mona la bandejita? pero tampoco os dejéis llevar como hice yo, que sí, que es muy mona, y la verdad, me resulta muy práctica para el reparto de cantidades de cada cosa, pero tiene sus inconvenientes también. Fundamentalmente que tiene que ir entera al microondas, lo que me causa dos problemas:
1. no se calienta igual lo sólido que lo líquido así que es difícil dar con el tiempo correcto para que salga todo a una temperatura razonable (si ya de normal el micro no calienta homogéneamente y da problemas, con esto más)
2. como te pongas algo frío tipo ensalada, o incluso fruta, para acompañar, ya no puedes meterla al microondas. Yo esto lo resolví con un truco. Como en el paquete venían 10 bandejas de estas, cogí una y la recorté toda en sus tres partes. Así si un día quiero poner acompañamiento frío lo pongo en el recortado y como encaja perfectamente en su hueco y se deja tapar igual de bien, antes de meter el resto al microondas saco ese recipiente y listo.
Bueno, pues ya me contaréis vuestros trucos e ideas para comer en el trabajo... entre tanto...
Bon appetit!
Hoy, como os prometí hace días, vengo a daros ideas para esos tuppers que algunos tenemos que prepararnos para el trabajo.
Vaya por delante que yo no soy nutricionista ni nada parecido, aunque sí me gusta leer sobre el tema y mantenerme informada, así que procuro que mi tupper del mediodía sea lo más equilibrado posible. Esto siempre en teoría, y suponiendo que esté medianamente organizada, porque también hay días en que no tengo nada preparado y tengo que tirar de lo que buenamente encuentre (incluso tengo en el trabajo un par de cosas raras de estas de fideos a los que solo hay que añadir agua caliente y se hacen solos que me regalaron y como sabía que yo en casa eso no lo iba a usar nunca me lo llevé a la oficina para casos de crisis)
Pero vamos al lío. En línea con mi teoría de distribución de la comida, encontré en amazon unos tuppers estupendos divididos en tres compartimentos de distinto tamaño (luego os pongo foto) que me vienen que ni pintados para rellenar la parte grande con vitaminas, y las otras dos, con hidratos de carbono y proteínas.
Como últimamente ya no me apetece tanto la carne o el pescado, y además son más puñeteros de llevar en tupper si quieres prescindir de salsas, rebozados y empanados, tiro mucho de proteína vegetal (legumbres, quinoa... hay muchas opciones). Al fin y al cabo son cuatro días los que como en el trabajo. Me quedan tres días completos y todas las cenas para introducir proteína animal, más que suficientes.
Supongo que cuando nos acerquemos al verano todo esto cambiará y me dedicaré a llenar tuppers más grandes con ensaladas completísimas y variadísimas en las que también introduciré todos mezclados los tres grandes grupos de alimentos pero de momento se agradece la comida calentita así que os enseño por ejemplo el tupper que he preparado para hoy con una buena porción de crema de calabaza, unas pocas lentejas y unos fideos (una que es rarita hasta para eso, aunque me gusta mucho la sopa, casi más aún me gustan esos restos de fideos que quedan ya sequitos porque han absorbido todo el caldo)
¿Qué os parece? ¿a qué es mona la bandejita? pero tampoco os dejéis llevar como hice yo, que sí, que es muy mona, y la verdad, me resulta muy práctica para el reparto de cantidades de cada cosa, pero tiene sus inconvenientes también. Fundamentalmente que tiene que ir entera al microondas, lo que me causa dos problemas:
1. no se calienta igual lo sólido que lo líquido así que es difícil dar con el tiempo correcto para que salga todo a una temperatura razonable (si ya de normal el micro no calienta homogéneamente y da problemas, con esto más)
2. como te pongas algo frío tipo ensalada, o incluso fruta, para acompañar, ya no puedes meterla al microondas. Yo esto lo resolví con un truco. Como en el paquete venían 10 bandejas de estas, cogí una y la recorté toda en sus tres partes. Así si un día quiero poner acompañamiento frío lo pongo en el recortado y como encaja perfectamente en su hueco y se deja tapar igual de bien, antes de meter el resto al microondas saco ese recipiente y listo.
Bueno, pues ya me contaréis vuestros trucos e ideas para comer en el trabajo... entre tanto...
Bon appetit!
jueves, 25 de junio de 2015
Helado de plátano exprés
Hoy quería compartir con vosotros mi último descubrimiento, muy apropiado para estos calores que nos vienen. Lo he titulado helado y lo he puesto en la etiqueta de cocina con lamamma pero lo cierto es que, tanto llamar a esto helado como llamar al proceso cocinar, es mucho decir. Queda muy resultón, eso sí:
El caso es que hoy he cogido un plátano que ha resultado estar demasiado maduro y he recordado que había visto yo en algún tuit algo sobre cómo hacer un helado con plátano maduro. He buscado el enlace et voilá, tan sencillo como pelar el plátano, quitarle las hebras y cortarlo a rodajas no muy finas. Se ponen a congelar durante un par de horas y, al cabo de ese tiempo, se baten. Ya está. Al principio cuesta un poco por estar congelado pero enseguida se ablandan lo suficiente y queda una consistencia muy cremosa, no exactamente de helado pero algo parecido.
Ya veis, facilito, facilito y muy apañado para prepararnos una merienda sanísima y fresquita en un periquete y de paso aprovechar esos plátanos que, con este calor, a la que nos descuidamos se nos maduran demasiado.
El caso es que hoy he cogido un plátano que ha resultado estar demasiado maduro y he recordado que había visto yo en algún tuit algo sobre cómo hacer un helado con plátano maduro. He buscado el enlace et voilá, tan sencillo como pelar el plátano, quitarle las hebras y cortarlo a rodajas no muy finas. Se ponen a congelar durante un par de horas y, al cabo de ese tiempo, se baten. Ya está. Al principio cuesta un poco por estar congelado pero enseguida se ablandan lo suficiente y queda una consistencia muy cremosa, no exactamente de helado pero algo parecido.
Ya veis, facilito, facilito y muy apañado para prepararnos una merienda sanísima y fresquita en un periquete y de paso aprovechar esos plátanos que, con este calor, a la que nos descuidamos se nos maduran demasiado.
martes, 3 de febrero de 2015
Sopa de cebolla
Recuerdo una vez, de viaje de trabajo por París, fue precisamente en Febrero creo. Hacía un frío que pelaba y yo estaba medio acatarrada, un poco harta del viaje y con más ganas de meterme en la cama bajo siete mantas que de pasearme por la ciudad. Estábamos por el barrio latino y vimos un pequeño restaurante, bonito y acogedor. Entramos y de la carta saltó a mis ojos la sopa de cebolla gratinada. Madre mía, qué cosa más buena. Habría resucitado a un muerto, desde luego a mí me quitó todos los males. Recuerdo además que ya nos íbamos y el camarero nos dijo que dónde vais tan rápido, con el frío que hace... quedaros un ratito más tranquilamente... un solete el hombre...
El domingo fue el cumpleaños de Ricardo y como estamos en plena ola de frío me apeteció recordar la sensación de la sopa de cebolla calentita y la preparé para la comida. Os dejo la receta:
INGREDIENTES (para 6 personas):
5 cebollas dulces
2 cucharadas de aceite de oliva virgen
60 gr. de mantequilla
1 diente de ajo
2 litros de caldo (yo lo uso de pollo pero como más os guste)
12 rebanadas de baguette
3 cucharadas de harina de trigo
sal y pimienta negra al gusto
20 ml. de brandy o coñac
100 grs. de queso rallado
PREPARACIÓN:
Pelamos y cortamos en juliana las cebollas y reservamos. En una cazuela grande calentamos el aceite y la mantequilla y cuando estén bien mezclados pochamos a fuego suave la cebolla con el diente de ajo bien picadito. Salpimentamos al gusto. Removemos con cuchara de madera y mucha paciencia. La cebolla tiene que quedar transparente pero no coger color.
Cuando la cebolla esté blandita y translúcida, espolvoreamos la harina y mezclamos bien. Añadimos el licor y lo dejamos un par de minutos para que evapore. Añadimos entonces el caldo. Probamos de sal y lo dejamos cocer todo junto unos 20 minutos a fuego siempre suave.
Untamos con ajo las rebanadas de pan y las tostamos ligeramente. Servimos la sopa en cuencos individuales y colocamos encima las rebanadas de pan. Cubrimos con queso rallado y metemos a gratinar al horno. Se sirve recién hecha, bien calentita.
¡Qué aproveche!
El domingo fue el cumpleaños de Ricardo y como estamos en plena ola de frío me apeteció recordar la sensación de la sopa de cebolla calentita y la preparé para la comida. Os dejo la receta:
INGREDIENTES (para 6 personas):
5 cebollas dulces
2 cucharadas de aceite de oliva virgen
60 gr. de mantequilla
1 diente de ajo
2 litros de caldo (yo lo uso de pollo pero como más os guste)
12 rebanadas de baguette
3 cucharadas de harina de trigo
sal y pimienta negra al gusto
20 ml. de brandy o coñac
100 grs. de queso rallado
PREPARACIÓN:
Pelamos y cortamos en juliana las cebollas y reservamos. En una cazuela grande calentamos el aceite y la mantequilla y cuando estén bien mezclados pochamos a fuego suave la cebolla con el diente de ajo bien picadito. Salpimentamos al gusto. Removemos con cuchara de madera y mucha paciencia. La cebolla tiene que quedar transparente pero no coger color.
Cuando la cebolla esté blandita y translúcida, espolvoreamos la harina y mezclamos bien. Añadimos el licor y lo dejamos un par de minutos para que evapore. Añadimos entonces el caldo. Probamos de sal y lo dejamos cocer todo junto unos 20 minutos a fuego siempre suave.
Untamos con ajo las rebanadas de pan y las tostamos ligeramente. Servimos la sopa en cuencos individuales y colocamos encima las rebanadas de pan. Cubrimos con queso rallado y metemos a gratinar al horno. Se sirve recién hecha, bien calentita.
¡Qué aproveche!
jueves, 26 de junio de 2014
Tarta de queso
Dice Ana Milán en su libro "Sexo en Milán" que "No se cocina jamás para alguien a quien se odia", es más, aún añade que "Cuando cocinamos para alguien es porque le queremos, queremos quererlo, o porque cabe la posibilidad de que le queramos"
No puedo estar más de acuerdo pero es que claro, hay tantas formas de querer... me acordaba yo de esta frase el otro día cuando me dió la neura de ponerme a cocinar para dos cosas: una era la fiesta "de fin de curso" de Speaknic. Cada uno podía llevar lo que le apeteciera para luego poner todo en común. El caso es que de alguna manera tanto la "profe" como los habituales de las sesiones de alguna manera se han hecho querer también así que sí, me apetecia cocinar para ellos. Podría haber optado por comprar algo y ya está pero no, me lié la manta a la cabeza y me puse a preparar mi habitual brownie, sólo que ya metidos en faena, me dio por improvisar. Preparé en paralelo la masa del brownie y la típica del bizcocho de yogur y las repartí, juntas y medio revueltas, en dos moldes. No salió mal el invento. Lo que hice fue echar primero una capa de una, encima otra capa de la otra y, con la cuchara, mezclarlas una miajita, lo justo para que el bizcocho me saliera un poco "marbré". Uno de los bizcochos lo guardé para el siguiente evento. Para la fiesta de speaknic además me animé con una empanada (masa fresca de hojaldre comprada) de atún con pimientos y otras verduritas bien pochadas.
Pero ninguna de estas es la receta que yo quería poneros hoy. Para el siguiente "evento" además del segundo bizcocho me apetecía llevar una tarta de queso que suele salir riquísima y es súper fácil de hacer. Ahí va la recetita:
Ingredientes:
1 paquete de galletas
mantequilla (y yo le añado leche para que quede más ligera, ahora veréis por qué)
200 grs. de queso blanco para untar
200 grs. de nata líquida
4 huevos
50 grs. de azúcar
Para la cobertura:
3 cucharadas de mermelada (aconsejable de frutos rojos pero al gusto)
3 cucharadas de coñac (o brandy o similar)
3 cucharadas de azúcar
3 cucharadas de agua
Preparación:
Se trituran las galletas y se mezclan con la mantequilla a temperatura ambiente (y ahí es cuando yo le pongo algo de leche también para formar bien la masa porque si no hay que echar una barbaridad de mantequilla) hasta conseguir una masa homogénea. Se unta un molde horno desmontable con un poco de mantequilla y se forra con la masa de galleta, procurando que quede bien lisa. Se reserva en el frigorífico.
En un bol se pone el queso, la nata, los huevos y el azúcar y se bate todo. Se vierte en el molde y se mete al horno precalentado a unos 180º hasta que cuaje. Cuando está listo (el palillo sale limpio) se deja templar un poco mientras se prepara la cobertura (mezclar todos los ingredientes en un cazo a fuego lento hasta que quede bien diluído) Se cubre con la mezcla y se deja enfriar.
Ahí va la que acabo de hacer hoy (porque el otro día no estaban todos los que deberían haber estado y ya sabéis que yo necesito poca excusa para liarme en una de estas...)
Esta vez, como es para llevar, la he hecho directamente en un molde de estos de usar y tirar para llevármela tal cual.
No puedo estar más de acuerdo pero es que claro, hay tantas formas de querer... me acordaba yo de esta frase el otro día cuando me dió la neura de ponerme a cocinar para dos cosas: una era la fiesta "de fin de curso" de Speaknic. Cada uno podía llevar lo que le apeteciera para luego poner todo en común. El caso es que de alguna manera tanto la "profe" como los habituales de las sesiones de alguna manera se han hecho querer también así que sí, me apetecia cocinar para ellos. Podría haber optado por comprar algo y ya está pero no, me lié la manta a la cabeza y me puse a preparar mi habitual brownie, sólo que ya metidos en faena, me dio por improvisar. Preparé en paralelo la masa del brownie y la típica del bizcocho de yogur y las repartí, juntas y medio revueltas, en dos moldes. No salió mal el invento. Lo que hice fue echar primero una capa de una, encima otra capa de la otra y, con la cuchara, mezclarlas una miajita, lo justo para que el bizcocho me saliera un poco "marbré". Uno de los bizcochos lo guardé para el siguiente evento. Para la fiesta de speaknic además me animé con una empanada (masa fresca de hojaldre comprada) de atún con pimientos y otras verduritas bien pochadas.
Pero ninguna de estas es la receta que yo quería poneros hoy. Para el siguiente "evento" además del segundo bizcocho me apetecía llevar una tarta de queso que suele salir riquísima y es súper fácil de hacer. Ahí va la recetita:
Ingredientes:
1 paquete de galletas
mantequilla (y yo le añado leche para que quede más ligera, ahora veréis por qué)
200 grs. de queso blanco para untar
200 grs. de nata líquida
4 huevos
50 grs. de azúcar
Para la cobertura:
3 cucharadas de mermelada (aconsejable de frutos rojos pero al gusto)
3 cucharadas de coñac (o brandy o similar)
3 cucharadas de azúcar
3 cucharadas de agua
Preparación:
Se trituran las galletas y se mezclan con la mantequilla a temperatura ambiente (y ahí es cuando yo le pongo algo de leche también para formar bien la masa porque si no hay que echar una barbaridad de mantequilla) hasta conseguir una masa homogénea. Se unta un molde horno desmontable con un poco de mantequilla y se forra con la masa de galleta, procurando que quede bien lisa. Se reserva en el frigorífico.
En un bol se pone el queso, la nata, los huevos y el azúcar y se bate todo. Se vierte en el molde y se mete al horno precalentado a unos 180º hasta que cuaje. Cuando está listo (el palillo sale limpio) se deja templar un poco mientras se prepara la cobertura (mezclar todos los ingredientes en un cazo a fuego lento hasta que quede bien diluído) Se cubre con la mezcla y se deja enfriar.
Ahí va la que acabo de hacer hoy (porque el otro día no estaban todos los que deberían haber estado y ya sabéis que yo necesito poca excusa para liarme en una de estas...)
Esta vez, como es para llevar, la he hecho directamente en un molde de estos de usar y tirar para llevármela tal cual.
domingo, 30 de junio de 2013
Calabacines rellenos
Ya hacía tiempo que no os ponía recetita, ¿eh? pero es que esta me salió especialmente rica, sobre todo teniendo en cuenta que fue una de esas improvisaciones de crisis tipo: "llegamos de una escapada al Pirineo, tengo la casa medio vacía y no me ha apetecido ir a comprar, ¿qué porras hago yo para cenar?" pues una latita de guisantes rehogados con jamón y... taaachaaan: unos calabacines rellenos de lo que encontremos. O sea:
Ingredientes (totalmente aproximados, ésto es lo que encontré yo por mi frigo pero variar al gusto y/o necesidad):
- un calabacín grande
- una lata de champiñones
- cebolla
- puerro
- un poco de salsa de tomate
- un chirrín de nata
Preparación:
Ponemos a calentar el horno y mientras tanto cortamos por la mitad longitudinalmente el calabacín y lo vacíamos.
Pochamos la carne del calabacín en trocitos pequeños junto con la cebolla, el puerro y los champiñones, todo picado finito.
Cuando la cebolla empiece a transparentar, añadimos dos o tres cucharadas de salsa de tomate y un poco de nata para cocinar y lo dejamos un ratito más a fuego suave.
Rellenamos los calabacines vacíos con la mezcla ya cocinada,
cubrimos todo con papel de aluminio y lo metemos al horno unos 20 minutos (retirar el papel en el último momento y dejar gratinar el queso)
Ingredientes (totalmente aproximados, ésto es lo que encontré yo por mi frigo pero variar al gusto y/o necesidad):
- un calabacín grande
- una lata de champiñones
- cebolla
- puerro
- un poco de salsa de tomate
- un chirrín de nata
Preparación:
Ponemos a calentar el horno y mientras tanto cortamos por la mitad longitudinalmente el calabacín y lo vacíamos.
Pochamos la carne del calabacín en trocitos pequeños junto con la cebolla, el puerro y los champiñones, todo picado finito.
Rellenamos los calabacines vacíos con la mezcla ya cocinada,
echamos queso rallado al gusto por encima,
martes, 5 de abril de 2011
Marchando unas torrijas
Tengo una barra de pan duro en mi cajón del pan que está pidiendo a gritos que me salte la dieta por ella y la convierta en riquísimas torrijas. Y ¿cómo negarme a tal petición de socorro? Prometo ser moderada con ellas. Sólo una como postre, con el café, y compartir el resto. Mis hijos ya sé que van a pasar de ellas pero ay, como las vea mi padre... maridín alguna picará también, seguro... y que se lleve alguna para su madre... la mía no puede, dichoso azúcar alto... bueno, allá se apañen, el caso es que yo muero por una torrija y como por fin he aprendido a tomar sólo un poquito y dejar el resto, creo que estoy preparada para hacerlas sin que mi dieta se vaya al garete. Así que, allá vamos:
(por ahora os pongo una foto sacada de San Google bendito. En cuanto las tenga hechas les hago foto y edito)
TORRIJAS
Ingredientes:
1 barra de pan duro
medio litro de leche (aprox)
azúcar (al gusto)
huevos
una rama de vainilla o de canela (al gusto)
aceite
PREPARACIÓN
Corta el pan en rebanadas más bien gorditas. Calienta la leche con el azúcar y la vainilla o la canela. Apaga el fuego cuando entre en ebullición y deja que se temple.
Empapa las rebanadas de pan en la leche. Déjalas un buen rato, que absorban toda la leche. Pásalas por huevo batido y fríe en abundante aceite caliente. EScurre sobre papel de cocina y retira. Espolvoréalas con azúcar y canela mezclados.
¡Qué aproveche!
(por ahora os pongo una foto sacada de San Google bendito. En cuanto las tenga hechas les hago foto y edito)
TORRIJAS
Ingredientes:
1 barra de pan duro
medio litro de leche (aprox)
azúcar (al gusto)
huevos
una rama de vainilla o de canela (al gusto)
aceite
PREPARACIÓN
Corta el pan en rebanadas más bien gorditas. Calienta la leche con el azúcar y la vainilla o la canela. Apaga el fuego cuando entre en ebullición y deja que se temple.
Empapa las rebanadas de pan en la leche. Déjalas un buen rato, que absorban toda la leche. Pásalas por huevo batido y fríe en abundante aceite caliente. EScurre sobre papel de cocina y retira. Espolvoréalas con azúcar y canela mezclados.
¡Qué aproveche!
lunes, 24 de mayo de 2010
Tarta de piña y plátano
Lo prometido es deuda, así que allá va la última recetilla por ahora. Esta es una receta que admite tantas variaciones como frutas se os ocurra echarle. Me la enseñó mi amiga Beatriz. En esa ocasión la preparamos de fresa y la llevé a una comida encerrona con la familia política de mi marido (en el pueblo, conocí de golpe a un porrón de tíos y primos) Pese a lo que pudiera parecer, la comida estuvo muy bien, con buena comida y buena compañía...
Pero bueno, a lo que íbamos, que es una receta muy sencilla que da una tarta muy rica y ligera puesto que lleva mucha fruta y poca masa y además la que lleva es ligerita. Os cuento ya:
Ingredientes:
1 yogur natural
2 huevos
1/2 vaso (del yogur) de aceite de oliva
1 vaso (del yogur) de harina
azúcar al gusto
ralladura de limón
1 cucharadita de levadura
1 plátano
1 lata de piña en su jugo
(o la fruta que os apetezca)
el jugo de la piña (o cualquier otro zumo)
Para la cobertura:
1 cucharada sopera de:
mermelada (sabor en función de la fruta que hayáis utilizado, pero no temáis experimentar)
agua
azúcar
licor (brandy o coñac por ejemplo, pero tampoco dudéis en probar cosas nuevas)
(la foto no es de mi tarta, pero más o menos puede quedar así)
Preparación:
Untar con mantequilla un molde para tarta. En el fondo poner una parte de la fruta escogida, bien troceada. Preparar la masa con el resto de los ingredientes y echarlas por encima. Colocar el resto de la fruta por encima de forma decorativa y espolvorear con azúcar. Ponerla al horno previamente calentado a temperatura media. Cuando ya está casi cocida, añadir el zumo y volver a hornear. Unos minutos antes de sacarla cubrirla con el preparado de mermelada (se juntan todos los ingredientes en un cazo y se calienta un rato, sin que llegue a hervir, para que liguen bien)
¡Que aproveche!
lunes, 26 de abril de 2010
Tarta de cebolla y queso
Hacía días ya que no os ponía recetitas, y este fin de semana he preparado esta tarta de cebolla y queso para llevar como aperitivo a casa de unos amigos que nos invitaban a comer. Era la primera vez que la hacía pero como es tan facilita la verdad es que no quedó nada mal (acompañadla con cava o champagne, le va como anillo al dedo)
Ingredientes:
una masa de quiche (comprada o hecha, según el tiempo y las ganas que tengáis)
una cebolla
queso rallado variado (yo usé parmesano, gouda y cheddar)
4 huevos
1 brick de nata líquida de 200 ml.
sal, pimienta y nuez moscada
Preparación:
Precalentar el horno a 200º y hornear la masa quiche (pinchada varias veces con un tenedor, tapada con papel de aluminio y unos garbanzos por encima para que no suba) unos veinte minutos. Mientras tanto picar bien la cebolla y pocharla a fuego muy lento en una sartén con poco aceite. Batir en un bol los cuatro huevos con la nata, sal y pimienta al gusto y una pizca de nuez moscada. Añadir los quesos rallados y la cebolla bien pochadita.
Retirar de la masa el papel de aluminio y los garbanzos y cubrirla con el preparado. Volver a meter al horno hasta que el batido esté bien cuajado.
Es una receta rápida y sencilla que además admite múltiples variaciones. Sobre la base de huevos y nata se puede hacer de jamón y queso, de bacon y queso, de verduras... o casi de cualquier sobra que tengáis por casa (hablando de aprovechar sobras, acabo de utilizar unos trocitos de merluza que se dejó ayer Guille para hacer con ellos una tortilla, lo probé una vez y salió para chuparse los dedos)
¡Qué aproveche!
sábado, 30 de enero de 2010
Ratatouille (re-editado)
No, no os voy a hablar de la peli, sino del plato. Que al cambio viene a ser una versión más del famoso pisto que, más o menos modificado, se come por todo el mediterráneo, pero bueno, entre la peli, que me encanta, y mi vena francesa, pues eso, que os cuento cómo hice ayer una ratatouille (siguiendo una receta francesa también, claro) que estaba para chuparse los dedos y además ligerita, ligerita.

Ingredientes:
1 berenjena
1 calabacín hermoso
2 tomates gordos
orégano
perejil
romero
ajos
Preparación:
Filetear la berenjena pelada y el calabacín y el tomate sin pelar (si queréis podéis escaldar el tomate y pelarlo, yo no lo hago nunca) En una cazuela profunda (mejor de barro) echar un poco de aceite, una primera capa de berenjenas, otra de tomate y otra de calabacín, salando ligeramente cada capa. Sobre los calabacines añadir algún diente de ajo fileteado (cantidad al gusto, yo eché sólo un par pero soy descendiente directa de Drácula), orégano, perejil y romero y una buena chorradita de aceite. Seguir montando capas en el mismo orden hasta que terminéis las verduras. Poner a fuego suave y dejar cocer lentamente con la tapa puesta. Las verduras se harán en su propio jugo. Riquísimas.
Nosotros utilizamos los restos de la comida para hacer una pizza esa misma noche. Hicimos la masa entre Sofía, Guille y yo el día de antes y el resultado fue espectacular.

Ingredientes:
1 berenjena
1 calabacín hermoso
2 tomates gordos
orégano
perejil
romero
ajos
Preparación:
Filetear la berenjena pelada y el calabacín y el tomate sin pelar (si queréis podéis escaldar el tomate y pelarlo, yo no lo hago nunca) En una cazuela profunda (mejor de barro) echar un poco de aceite, una primera capa de berenjenas, otra de tomate y otra de calabacín, salando ligeramente cada capa. Sobre los calabacines añadir algún diente de ajo fileteado (cantidad al gusto, yo eché sólo un par pero soy descendiente directa de Drácula), orégano, perejil y romero y una buena chorradita de aceite. Seguir montando capas en el mismo orden hasta que terminéis las verduras. Poner a fuego suave y dejar cocer lentamente con la tapa puesta. Las verduras se harán en su propio jugo. Riquísimas.
Nosotros utilizamos los restos de la comida para hacer una pizza esa misma noche. Hicimos la masa entre Sofía, Guille y yo el día de antes y el resultado fue espectacular.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Cocinando con Sofía
Ya decía yo que algún día tendré que cambiarle el nombre a esta etiqueta... si es que esta niña va para estrella Michelín...
El caso es que ella quería hacer una tarta, pero no en su cocina (de juguete, claro), sino en la mía. Y me pidió que buscara una receta pero de niños. Así que nos encomendamos a San Google bendito y encontramos la siguiente receta:
Tarta de queso y plátano
Ingredientes:
plátanos maduros
queso fresco de untar
leche
una base de tarta ya preparada (comprada o preparada en casa, al gusto)
Preparación:
Se pelan y cortan los plátanos en trocitos y se echan en un bol (Sofía disfrutó mucho cortándolos ella misma con un cuchillo de esos con poco filo, que no tienen ningún peligro) Se añade el queso fresco y un poco de leche y se chafa y mezcla todo bien hasta conseguir una pasta untuosa (las cantidades a ojo, según vayáis viendo cómo queda de sabor y de textura añadís más de una cosa o de otra. Nosotras utilizamos una tarrina de queso casi entera, y si no recuerdo mal 4 o 5 plátanos más uno para decorar) La pasta resultante se extiende sobre la base de bizcocho y se mete al frigo hasta el momento de comerlo.

Yo no las tenía todas conmigo con la mezcolanza de queso y plátano pero la verdad es que quedó bastante rica. Y lo mejor fue ver a mi hija (que indudablemente tiene dotes de mando) diciéndome que yo era su ayudante y enviándome al salón hasta que ella me necesitara. Vamos, que se le subió a la cabeza el delantal... pero fue muy divertido para las dos. Y hay cantidad de cosas en las que nos pueden ayudar. Otra cosa que le gusta mucho a mi hija es darle forma a las albóndigas o a las croquetas y esta misma tarde ha decidido que ella hacía el postre. Se le han empezado a ocurrir una serie de ideas dignas de figurar en la carta del mismísimo Bulli pero como nos faltaban ingredientes al final se ha decidido por manzana y huevo. Se ha puesto de nuevo al mando y me ha ordenado echar aceite en la sartén, pelar la manzana y cortarla, ponerla en la sartén y luego añadir el huevo. A esas alturas ya había desaparecido de la cocina para irse a jugar con su hermano así que yo le iba preguntando ¿qué hago ahora? y ella me iba dando órdenes desde el salón... todo un carácter esta niña. El resultado ha sido una especie de revuelto de manzana que, os lo creáis o no, estaba bastante bueno. Claro que también los tengo acostumbrados a comer de vez en cuando tortilla de manzana así que la asociación parecía lógica.
No sólo es divertido cocinar con ellos, además es una forma de enseñarles desde pequeños a preparar su propia comida y pasar de los platos precocinados.
El caso es que ella quería hacer una tarta, pero no en su cocina (de juguete, claro), sino en la mía. Y me pidió que buscara una receta pero de niños. Así que nos encomendamos a San Google bendito y encontramos la siguiente receta:
Tarta de queso y plátano
Ingredientes:
plátanos maduros
queso fresco de untar
leche
una base de tarta ya preparada (comprada o preparada en casa, al gusto)
Preparación:
Se pelan y cortan los plátanos en trocitos y se echan en un bol (Sofía disfrutó mucho cortándolos ella misma con un cuchillo de esos con poco filo, que no tienen ningún peligro) Se añade el queso fresco y un poco de leche y se chafa y mezcla todo bien hasta conseguir una pasta untuosa (las cantidades a ojo, según vayáis viendo cómo queda de sabor y de textura añadís más de una cosa o de otra. Nosotras utilizamos una tarrina de queso casi entera, y si no recuerdo mal 4 o 5 plátanos más uno para decorar) La pasta resultante se extiende sobre la base de bizcocho y se mete al frigo hasta el momento de comerlo.

Yo no las tenía todas conmigo con la mezcolanza de queso y plátano pero la verdad es que quedó bastante rica. Y lo mejor fue ver a mi hija (que indudablemente tiene dotes de mando) diciéndome que yo era su ayudante y enviándome al salón hasta que ella me necesitara. Vamos, que se le subió a la cabeza el delantal... pero fue muy divertido para las dos. Y hay cantidad de cosas en las que nos pueden ayudar. Otra cosa que le gusta mucho a mi hija es darle forma a las albóndigas o a las croquetas y esta misma tarde ha decidido que ella hacía el postre. Se le han empezado a ocurrir una serie de ideas dignas de figurar en la carta del mismísimo Bulli pero como nos faltaban ingredientes al final se ha decidido por manzana y huevo. Se ha puesto de nuevo al mando y me ha ordenado echar aceite en la sartén, pelar la manzana y cortarla, ponerla en la sartén y luego añadir el huevo. A esas alturas ya había desaparecido de la cocina para irse a jugar con su hermano así que yo le iba preguntando ¿qué hago ahora? y ella me iba dando órdenes desde el salón... todo un carácter esta niña. El resultado ha sido una especie de revuelto de manzana que, os lo creáis o no, estaba bastante bueno. Claro que también los tengo acostumbrados a comer de vez en cuando tortilla de manzana así que la asociación parecía lógica.
No sólo es divertido cocinar con ellos, además es una forma de enseñarles desde pequeños a preparar su propia comida y pasar de los platos precocinados.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Una de dulces
Después del último post queda un poco raro, pero ya se sabe que de contradicciones vive el hombre, y la mujer más... y en cualquier caso no podía dejar de contaros mi último reto gastronómico. ¡Me he atrevido con el hojaldre! sí, sí, nada de esas láminas ni frescas ni congeladas, que vale que den el pego, pero os aseguro que nada que ver con un hojaldre de verdad, hecho con estas manitas y mi nuevo rodillo. Pero no creáis, el mérito no es mío. Ha sido una conjunción de casualidades y maldiciones. Por un lado, de todos es ya sabido que en cuanto me pongo a dieta (o lo que sea eso que hago yo) me entran unas ganas irrefrenables de probar a cocinar cosas ricas. En este caso, se me habían colado en mi mente las palmeritas de hojaldre. Y no es que pensara hacerlas, no, no, ni hablar... pero bueno, por mirar un poquito por internet no pasa nada, ¿no? así que encontré esta página en la que lo explicaba tan facilito y en la que además, nos tentaba a probar a hacer el hojaldre en casa siguiendo el paso a paso de una tal Su, en ese momento todavía desconocida para mí y desde entonces mi heroína.
Lástima que no hiciera fotos, quedaron de escándalo, de verdad. Y lo del hojaldre es verdad que no es tan difícil, ni siquiera requiere tanto tiempo puesto que hay muchos espacios de reposo en los que puedes hacer otras cosas. ¿Os animáis? os garantizo que el resultado vale la pena. Nada que ver con ninguna palmerita que podáis comprar en (casi) ningún sitio. Por supuesto en vez palmeritas podéis hacer mil otras cosas con el hojaldre, pero de eso ya no puedo hablaros (por ahora)
Por cierto, próximo reto: croissants (encontraréis la receta también en la página de Su, aunque yo quiero probar otra que tengo por ahí, de una auténtica francesa). Ya os contaré...
Pero no será enseguida, esta semana que entra la tengo un poco movida así que como pronto nos veremos de nuevo el domingo. Espero encontrarme para entonces muchos comentarios sobre vuestros propios resultados con el experimento del hojaldre casero. En serio, animaros, vale la pena.
jueves, 2 de abril de 2009
Yogures de chocolate
Si es que no falla... en cuanto me pongo a dieta (entiendo por dieta siempre ese concepto entre flexible y ambiguo que tengo yo de las mismas) se me empiezan a ocurrir cosas ricas que experimentar...
Lo mío con los yogures viene ya de lejos. En realidad tengo el vago recuerdo de haber visto de niña una yogurtera por casa de mis padres, pero realmente no tengo imágenes de esos yogures. Pero hace ya unos años descubrí por casualidad un libro de Mireille Giuliano (presidenta de Champagne Veuve Cliquot, perteneciente al grupo de súper lujo LVMH): "Las francesas no engordan" A mí estos libros... vamos, que se llega a llamar las italianas no engordan y ni lo miro, pero cosas de las influencias gabachas... según pasé por delante, saltarme a la vista, cogerlo y pagarlo fue todo uno... Gran descubrimiento, por cierto... no es que cuente nada que no sepamos ya todos... al fin y al cabo habla de equilibrio y sentido común, pero viene bien que de vez en cuando te recuerden ciertas cosas, como que el mejor bocado siempre es el primero y que se disfruta más de un pedacito de tarta de chocolate que comiendo hasta reventar... en fin, cosas así... y resulta inspirador. Yo lo releo de vez en cuando, sobre todo cuando veo que me estoy descompensando demasiado con la comida, y tiene la virtud de devolverme un cierto sentido del equilibrio.
Al grano, que me despisto... entre otras muchas sabias recomendaciones, Mme. Giuliano nos sugiere olvidarnos de los sucedáneos de yogur que suelen encontrarse en los supermercados y hacer nuestros propios yogures. Es facilísimo y descubres cosas curiosas... luego os cuento una.
El caso es que ayer estaba yo preparando la siguiente tanda de yogures y lo que os decía, con eso de estar a dieta... veía yo la leche tan blanquita y pensaba... ¿y si le ponemos a esto un poco de chocolate? Pues sí, se lo puse y sí, me salieron unos yogures de chocolate riquísimo (el vaso vacío y bien rebañado que tengo a mi lado lo atestigua)
Os cuento la receta básica de los yogures y luego la variación al chocolate:

Para 8 yogures (tamaño vaso de cristal del yogur tradicional de danone)
1 l. de leche
entre 4 y 6 cucharadas de soperas de azúcar al gusto (si los queréis ya azucarados)
1 yogur (comprar los de vaso de cristal, hacedme caso, luego os cuento por qué)
leche en polvo (opcional)
Y ya está, sólo necesitaréis una yogurtera (es una pequeña inversión)
Calentáis la leche con el azúcar y antes de que llegue a hervir, la apartáis del fuego y añadís 3 o cuatro cucharadas de leche en polvo (no hace falta en realidad, pero os quedarán más cremosos) y el yogur. Batirlo todo bien y verter en los vasitos de cristal. Los colocáis en la yogurtera, le ponéis la tapa, la encendéis y os olvidáis hasta... entre ocho y 12 horas aproximadamente. Yo los preparo por la noche, antes de acostarme, y me olvido de ellos hasta que me levanto, apago la yogurtera, la destapo (cuidado con la condensación, os puede caer algo de líquido) y los dejo templar un poco antes de meterlos al frigorífico, donde deben estar al menos un par de horas, mejor un día entero, pero bueno, de la mañana a la noche que me los tomo están ya perfectos.
Y la versión chocolateada, es lo mismo (ojo con las cantidades de azúcar) pero añadiendo chocolate en polvo (de los de preparar chocolate a la taza, no cola cao y la cantidad a ojo, cargarlo lo que os apetezca, yo le eché bastante pero es que yo soy muy chocolatera) Y como ya le da cremosidad el chocolate, no le puse leche en polvo, claro.
Ya está, lo demás es todo igual...
Ah, se me olvidaba... lo del yogur tradicional en vez de los de plástico es porque antes los hacía con los normales y hubo alguna vez en que ¡ni me cuajó la leche! esas cosas me parece que llevan más agua que otra cosa... desde luego bichitos vivos poco. Así que probé a hacerlos con lo de tarrito de cristal y no ha vuelto a pasarme nunca. Lo único vigilar la fecha de caducidad, cuanto más lejana esté más bichitos vivos tendrán. Ah, y también vale usar uno de vuestros yogures para hacer la siguiente tanda, pero sin abusar, de vez en cuando hay que meter yogur nuevo otra vez.
¡Probadlos, salen buenísimos!
Lo mío con los yogures viene ya de lejos. En realidad tengo el vago recuerdo de haber visto de niña una yogurtera por casa de mis padres, pero realmente no tengo imágenes de esos yogures. Pero hace ya unos años descubrí por casualidad un libro de Mireille Giuliano (presidenta de Champagne Veuve Cliquot, perteneciente al grupo de súper lujo LVMH): "Las francesas no engordan" A mí estos libros... vamos, que se llega a llamar las italianas no engordan y ni lo miro, pero cosas de las influencias gabachas... según pasé por delante, saltarme a la vista, cogerlo y pagarlo fue todo uno... Gran descubrimiento, por cierto... no es que cuente nada que no sepamos ya todos... al fin y al cabo habla de equilibrio y sentido común, pero viene bien que de vez en cuando te recuerden ciertas cosas, como que el mejor bocado siempre es el primero y que se disfruta más de un pedacito de tarta de chocolate que comiendo hasta reventar... en fin, cosas así... y resulta inspirador. Yo lo releo de vez en cuando, sobre todo cuando veo que me estoy descompensando demasiado con la comida, y tiene la virtud de devolverme un cierto sentido del equilibrio.
Al grano, que me despisto... entre otras muchas sabias recomendaciones, Mme. Giuliano nos sugiere olvidarnos de los sucedáneos de yogur que suelen encontrarse en los supermercados y hacer nuestros propios yogures. Es facilísimo y descubres cosas curiosas... luego os cuento una.
El caso es que ayer estaba yo preparando la siguiente tanda de yogures y lo que os decía, con eso de estar a dieta... veía yo la leche tan blanquita y pensaba... ¿y si le ponemos a esto un poco de chocolate? Pues sí, se lo puse y sí, me salieron unos yogures de chocolate riquísimo (el vaso vacío y bien rebañado que tengo a mi lado lo atestigua)
Os cuento la receta básica de los yogures y luego la variación al chocolate:

Para 8 yogures (tamaño vaso de cristal del yogur tradicional de danone)
1 l. de leche
entre 4 y 6 cucharadas de soperas de azúcar al gusto (si los queréis ya azucarados)
1 yogur (comprar los de vaso de cristal, hacedme caso, luego os cuento por qué)
leche en polvo (opcional)
Y ya está, sólo necesitaréis una yogurtera (es una pequeña inversión)
Calentáis la leche con el azúcar y antes de que llegue a hervir, la apartáis del fuego y añadís 3 o cuatro cucharadas de leche en polvo (no hace falta en realidad, pero os quedarán más cremosos) y el yogur. Batirlo todo bien y verter en los vasitos de cristal. Los colocáis en la yogurtera, le ponéis la tapa, la encendéis y os olvidáis hasta... entre ocho y 12 horas aproximadamente. Yo los preparo por la noche, antes de acostarme, y me olvido de ellos hasta que me levanto, apago la yogurtera, la destapo (cuidado con la condensación, os puede caer algo de líquido) y los dejo templar un poco antes de meterlos al frigorífico, donde deben estar al menos un par de horas, mejor un día entero, pero bueno, de la mañana a la noche que me los tomo están ya perfectos.
Y la versión chocolateada, es lo mismo (ojo con las cantidades de azúcar) pero añadiendo chocolate en polvo (de los de preparar chocolate a la taza, no cola cao y la cantidad a ojo, cargarlo lo que os apetezca, yo le eché bastante pero es que yo soy muy chocolatera) Y como ya le da cremosidad el chocolate, no le puse leche en polvo, claro.
Ya está, lo demás es todo igual...
Ah, se me olvidaba... lo del yogur tradicional en vez de los de plástico es porque antes los hacía con los normales y hubo alguna vez en que ¡ni me cuajó la leche! esas cosas me parece que llevan más agua que otra cosa... desde luego bichitos vivos poco. Así que probé a hacerlos con lo de tarrito de cristal y no ha vuelto a pasarme nunca. Lo único vigilar la fecha de caducidad, cuanto más lejana esté más bichitos vivos tendrán. Ah, y también vale usar uno de vuestros yogures para hacer la siguiente tanda, pero sin abusar, de vez en cuando hay que meter yogur nuevo otra vez.
¡Probadlos, salen buenísimos!
sábado, 21 de febrero de 2009
Con las manos en la masa III (y último)
Y he aquí el "cuerpo del delito" Estaban mucho más buenos de lo que parecen en la foto. Nos han salido riquísimos, y no es que lo diga yo, que maridín se me ha zampado dos con una cara de satisfacción digna de que le hubiera hecho también foto, lástima no haber caído en ello...Pues hala, como el experimento ha salido de cine, os pongo la recetita por si os animáis:
Ingredientes:
500 gr. de harina de trigo
25 gr. de levadura prensada (yo la he conseguido en el mercadona)
un vaso y medio de agua
sal
chorizo
1 huevo
Preparación:
Deshacer la levadura en un poco de agua templada con una pizca de sal. Con la harina preparar un volcán y en el centro ir vertiendo el líquido, primero la disolución de agua y levadura y luego, poco a poco, según vayamos amasando, el resto del agua. Se trabaja con las manos enharinadas hasta conseguir una masa firme y elástica, a la que daremos forma de bola. La espolvoreamos con harina y le hacemos unos cortes en forma de cruz. La tapamos con un paño limpio y la dejamos reposar hasta que doble su volumen (aproximadamente una hora)
Una vez preparada, vamos tomando partes de la masa y la trabajamos un poco, dándole forma de panecillo. Introducimos el chorizo y volvemos a trabajar la masa para que quede bien encerrado en ella. Vamos colocando los panecillos en la bandeja del horno forrada con papel vegetal. Los pintamos con huevo batido y al horno previamente precalentado a 190-200 grados.
El tiempo mínimo de cocción será de una media hora pero como siempre, la vista manda. Cuando los bollos estén bien doraditos podemos sacarlos del horno.
Recomendado para hacer en familia, al menos la parte de amasar la harina. Sofía y yo nos hemos divertido mucho.
Con las manos en la masa II
Bueno, pues mi pequeña pinche me ha abandonado. Tiene gracia... bajamos un momento a la calle mientras reposa la masa y justo, nos encontramos con los abuelos y haaaaalaaaa, que quiero ir a casa de los yaaaaaaayoooooos... pues hala, con los yayos se me ha fugado la tía... y se queda a dormir con ellos y todo (oooohhh, qué peeeeenaaa) ejem...
Pero una vez liada había que seguir, así que ahora mismo tengo los preñaus en el horno y me está viniendo un olorcillo que vaya, no sé si comerme un cabrito o dos para ir haciendo boca... ays... ¡qué hambre!

Pues nada, a ver qué tal nos sale el invento... Miss Sybarite hablaba de que lo difícil era precisamente darle el punto de cocción... pues en ello estamos. A ver si acierto, que ésto no lo he hecho nunca hasta ahora. Y encima tengo la poca precaución de ir contándolo en directo en el blog, y con fotos y todo, hala, así si me sale mal no tengo escapatoria... ay, madre, ¡qué poco talento tengo!
Bueno, pues hasta dentro de un ratito, cuando los saque del horno... y en cuanto les hinquemos el diente os cuento el resultado del experimento. Y si salen bien os pondré la recetita, claro.
Bueno, pues hasta dentro de un ratito, cuando los saque del horno... y en cuanto les hinquemos el diente os cuento el resultado del experimento. Y si salen bien os pondré la recetita, claro. De nuevo... continuará...
Con las manos en la masa.... live!
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