Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

miércoles, 31 de mayo de 2017

Nuestro reto lector de mayo

Un mes más paso por aquí a dar cuentas del desarrollo de nuestro reto lector familiar (o casi, porque creo que el papi se ha descolgado definitivamente de él)

Como os comenté, Guillermo y Sofía se han iniciado en la novela detectivesca con alguno de los relatos del gran Sherlock Holmes. Les gustó pero no se animaron a seguir leyendo por ahora. Ya lo retomarán...

Yo, por mi parte, tras varias dudas, me animé por fin con "Miles de millones", de Carl Sagan, lectura que tenía pendiente desde hace años. De hecho, el libro es muy interesante pero de finales de los 90, con lo que, evidentemente, hay cosas que han quedado desfasadas, pero igualmente vale la pena leer sus reflexiones sobre el cosmos, la vida en la Tierra, la religión y la ciencia, la ética, el cambio climático e incluso el aborto.


Para el mes que viene el reto es fácil. Una novela gráfica o cómic. Lo que no será tan fácil será escoger cuál, ya os contaré.

Es un género muy interesante el de la novela gráfica, e injustamente minusvalorado muchas veces. Hay obras muy buenas en este formato y no me negaréis que unir el arte de escribir con el de la ilustración tiene mucho mérito.

Por otra parte, ¿cuántos grandes lectores de hoy en día empezarían leyendo a Mortadelo y Filemón o a  Zipi y Zape para luego ir evolucionando hacia otros cómics y otros géneros?

Dicho esto, y aunque es un género que en su momento sí leí más, ahora mismo ando algo perdida en cuanto a novedades así que si tenéis alguna sugerencia que ofrecerme para mi reto os lo agradecería.

lunes, 29 de mayo de 2017

Reeetooo... ¡re-superado!

Pues sí, casi tres meses después de esta entrada, llegó el gran día. Como era de temer, aquellas excelentes intenciones mías de aprovecharlo mucho mejor se fueron diluyendo con las semanas, las agendas difíciles, los compromisos, un gemelo sobrecargado... en fin, que os voy a contar... el caso es que no llegaba yo tan preparada como me hubiera gustado, ni mucho menos. Pero un reto es un reto, y mis #naranjitas son mis #naranjitas (¡por no hablar del equipazo de entrenadores que gastamos!) Así que, en la mejor forma o no, la cita era obligada y, hombre, que podía hacerla sí que lo sabía.

Y hecha está. No mejoré más que unos segundos mi tiempo del año pasado pero considerando que la sufrí incluso más, probablemente por el calor, me doy con un cantico en los dientes de haber hecho el mismo tiempo. Lo que es la cabeza en esto del correr, ¿eh? pensándolo fríamente, iba bien de pulsaciones, mi gemelo no me dio ninguna guerra (gracias a ese oportuno masaje de Jorge, del equipo de fisioterapeutas de Ómica), y sin embargo la cabecica se empeñaba en protestar y querer que parara. ¿Sabéis lo que cuesta cambiar ese chip? Menos mal que es una carrera llena de animaciones y gente apoyando (un bravo especial a las chicas que estaban animando en la llegada a la plaza del Pilar, ¡qué manera de desgañitarse para alentarnos a continuar!), ¡ese saxofón, impresionante! Carlos y sus cabezudos rociándonos con agua para mitigar un poco el calorazo que pegaba ya a esas horas. Y, como el año pasado, cuando ya creía que no llegaba, entraron mis liebres personales a correr el último kilómetro conmigo y ahí ya la cabeza no tuvo nada que decir. Los 10k volvían a estar a la vuelta de unas pocas zancadas más y tenían que ser míos de nuevo.


Como ya comenté el año pasado, lo de que los niños entren a la carrera no siempre es una buena idea y en muchas ocasiones está prohibido. En este caso, como veis en la foto, el grueso de la carrera ya había pasado y no había precisamente aglomeraciones a mi alrededor así que no molestaban a nadie ni suponía ningún peligro para otros corredores su incorporación a la carrera. Además, les había dejado entrar un miembro de la organización.

Por último, pero no menos importante, un besazo enooooormeee, a mi grupo de entrenamiento (al actual y al anterior, que siguen siendo parte importante de mi vida, pero también a tantas otras naranjitas que a pesar de entrenar otros días se han hecho también su hueco en mi corazoncito), y por supuesto al equipo de entrenadores, que saben guiarnos, animarnos, comprendernos, sacarnos una sonrisa aunque nos hayan dejado para el arrastre y darnos un gran abrazo cuando llegamos a meta. Todo ello capitaneado por el imparable (sobre todo con un micrófono en la mano) Sergio del Barrero, empeñado ya desde hace unos años en promocionar el deporte femenino y llenar el atletismo de mujeres. ¡Gracias a todos!

viernes, 26 de mayo de 2017

Comidas para niños

Estoy un poco cansada de estos anuncios de productos súper elaborados, con quién sabe qué ingredientes en su interior que nos venden para que nuestros hijos coman pescado, por ejemplo. 

¿Quién nos ha convencido de que a los niños no les gusta la comida con su propio sabor? Sí, ya sé que hay muchos que si no es con una tonelada de rebozado y bien de ketchup no quieren saber nada de ella, pero ¿de quién es la culpa? ¿no será que los hemos acostumbrado nosotros? Desde bien pequeñitos, las papillas y potitos nos los venden bien cargaditos de azúcar y aditivos de todo tipo. Luego nos creemos los anuncios y pensamos que si les sacamos un filete de merluza a la plancha no lo van a querer y les compramos los palitos de merluza con formas de animales para que así coman pescado. ¿Estamos todos seguros de que antes hemos probado a darles comida de verdad? ¿con su auténtico sabor? 




No creo que mis hijos sean unos bichos raros. A mí me parecen unos niños de lo más normales. Nunca (o casi nunca) les he dado potitos comprados de pequeños, no me parecía tan laborioso hacerles yo misma sus papillas con ingredientes frescos. Una vez que estuvimos una semana en un hotel Sofía tuvo que comer de potitos y menos mal que ya tenía más de un año y ya iba comiendo sólido porque la pobre probaba una cucharadita y no quería más. Afortunadamente ya podía picar aquí y allá de nuestros platos. Tienen sus manías, como todos, unas cosas les gustan más que otras. Pero en general, les gusta la comida con su propio sabor. El otro día se me ocurrió darnos un capricho y hacer para cenar fish and chips, así, a la inglesa. Además, facebook me había recordado por la mañana que justo hacía un año que había estado yo por esas tierras y, entre visita y visita, me había comido una buena ración para llevar de ese plato sentada en un banco frente a un bonito lago.

Mi gozo en un pozo. "Haaaalaa, reboooozaaadooo noooo" "a la plancha, normal, no lo reboces"... Total, que como las patatas "fritas" también les gustan más al horno, con mucho menos aceite, pues todo al horno que fue. Ya veis la foto. Patatas y filetes de merluza con un poco de sal y perejil al horno sin más. Ni salsas, ni rebozados ni nada de nada. Y es que si la materia prima es buena, no necesita grandes aderezos para hacer un gran plato. Pero si acostumbramos su paladar a mucho azúcar, mucha grasa y a aditivos de nombres impronunciables, luego los sabores naturales les resultarán sosos, cuando no lo son ni de lejos. Quizás haya que empezar por una reeducación de paladares, ir quitando poco a poco aditivos. Yo recuerdo una época en que no sé si tomaba café con azúcar o azúcar sin café. Poco a poco fui reduciendo la cantidad de azúcar que le añadía y ahora (si el café es bueno, claro) me lo tomo más a gusto sin nada de azúcar. Igual con muchos productos. Empecé a buscar galletas sin azúcar añadido y ahora las normales me resultan empalagosas.

Tampoco he sido nunca muy partidaria de hacer comidas especiales para los niños. Que coman más o menos pero que coman de todo y lo que comemos los demás. No les hacemos ningún favor actuando de otra manera.

Seguidores