Algún día tendré unos Manolos, de los que tanto y tan bien he oído hablar. Y recordaré mis dieciséis, cuando llevar bolso y tacones nos parecía una vulgaridad o algo peor (cuánto daño hicieron las Dr. Martens en aquélla época) y me alegraré de nuevo de haber descubierto la sensación de poder y seguridad que me dan mis Pura López, perfectos con mi traje de chaqueta gris. Porque un zapato no es sólo un zapato. Como un traje no es sólo un traje. Cuando una tiene los pies exquisitos como los míos, comprarlos de la mejor calidad posible es un imprescindible (benditos outlets) pero más allá de la comodidad, un buen zapato te hace sentir distinta. Igual para las que sean más altas la sensación es distinta, pero desde mi perspectiva de 1,57, un buen tacón es como un buen traje. ¿Recordáis el post que escribí sobre ello? El hábito no hará el monje, pero vaya si ayuda...
Y hablando de ayudar... os preguntaréis a santo de qué viene este rollo ahora... os lo cuento... viene a santo de que zapatos.org organiza un concurso en el que pretendo que este post participe y prometen regalarme un cheque de 200€ si resulto ganadora.


Y como una cosa son los gustos y otra los posibles, a mi temblequeante bolsillo le vendría bien ese empujoncito, que no me acercará mucho a Manolo Blahnik pero quizás me permita ofrecerles a mis exquisitos y delicadísimos pies otro par de zapatos capaces de elevarme hasta donde yo quiera. Así que ya sabéis, querid@s seguidor@s... no dejéis de votar por mi historia de amor zapateril (¡y no, no hablo de ESE Zapatero!) Ya os avisaré si llega el caso, por ahora no se puede votar...


