Hace unos días me avisaban por whatsap mis amigas, todas seguidoras del blog de nuestra común amiga Tita, de que si no había leído su última entrada ya estaba tardando.
Por supuesto pasé por allí rápidamente y debo confesar que fue todo un flashback. La de años que hace ya que empecé con el "abuelito" de este blog, aquel Diario de un Embarazo que tan buenos momentos me dio en Terra (si os funciona el enlace podéis visitarlo todavía, aunque ya ha desaparecido, gracias a backmachine) Aquello fue cuando me quedé embarazada de Guille y el "corderito" tiene ya 9 años para 10. Madre mía, ¡lo que ha llovido en nuestras vidas desde entonces!
Cuando se acercaba la fecha del parto, recuerdo que desde Terra me pidieron que le diera continuidad a la historia a través de otro blog (en aquella época hasta me pagaban por escribir y todo, ¡qué tiempos aquellos!) Así nació el primer Mamá a Bordo (todavía en Terra), que con el tiempo acabaría derivando en el actual, de blogger, hace ya unos añitos también.
Desde entonces he tenido épocas de mayor o menor actividad pero lo que es indudable es que, como recordaba Tita, la época dorada de los blogs parece haber pasado ya. La entrada fulgurante de facebook, twitter y demás redes, probablemente más ágiles, parecen haberlos desterrado a ciertos temas particulares. O quizás sea solo impresión mía y en realidad sea yo, que ya no le presto al blog la atención que solía.
En cualquier caso, reconozco que me invadió la nostalgia de una época, de tantas buenas relaciones que surgieron al calor de nuestra pequeña red de blogs. A las buenas de verdad las sigo teniendo en facebook, cierto, al menos sigo sabiendo de su vida y me mantengo más o menos informada de sus andanzas pero ay, que ya no es lo mismo...
En fin, cada cosa tiene su momento, imagino. Y quizás dentro de unos años me entre la vena nostálgica de esta época dorada del facebook, que habrá sido ya barrida por la siguiente red social, o lo que se lleve entonces. No es malo sentir nostalgia de vez en cuando, siempre y cuando no dejemos que nos arrastre, claro...
Un blog sobre maternidad, niños, conciliación, preocupaciones varias y, en general, mi vida diaria.
Bienvenidos a bordo
y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?
martes, 13 de diciembre de 2016
domingo, 11 de diciembre de 2016
Vicios sociales
Hace un tiempo discutía con una amiga sobre el café, si es bueno o malo, si no es tan malo como lo pintan, si crea adicción... yo en ese momento estaba tomando mucho café cada día pero no consideraba estar enganchada a él. Recordaba también lo fácil que me había resultado dejarlo totalmente cuando pensé que de cara a mis embarazos sería mejor no tomarlo.
El caso es que poco después de esa discusión empecé un nuevo trabajo, en una empresa en la ¡no se toma café! Superado el estupor inicial y la primera idea de llevarme mi termo por las mañanas, decidí que sería una buena ocasión para desintoxicarme un poco de cafeína, a pesar de que sigo manteniendo que un par de cafés al día no sólo no son malos sino que son incluso beneficiosos para el organismo.
El caso es que, bueno o malo, desde que empecé a trabajar allí me he acostumbrado a tomarme sólo un cortadito justo antes de salir a casa y luego ya infusiones varias durante el día. ¿Me ha costado reducir tan drásticamente la cantidad de café? absolutamente nada. Me he dado cuenta, de hecho, de que era más bien una costumbre, aprovechar una pausa de mi marido para tomar un café juntos, tomar un café con amigos, con mis padres... es más un vicio social que una verdadera necesidad para mí.
Por cierto, el café me gusta negro y cargado. Lo digo por si alguien me quiere invitar un día (nunca digo que no a un buen café), que no se le ocurra llevarme a uno de estos sitios tipo Starbucks... acaban de abrirnos un Zaragoza, en Puerto Venecia concretamente. He oído que el día de la apertura había filas tremendas para acceder a él. Os aseguro que no me encontraréis en una de esas filas. Ah, y si me vais a invitar a un café y lo hacéis allí no os extrañéis si os miro mal por unos momentos. Luego probablemente la amistad sea más fuerte que la "ofensa" y hasta encuentre algo bebible (a lo que desde luego no llamaré café) en el establecimiento. Ya estuve una vez en uno de ellos y sobreviví, probablemente lo haría otra vez pero tampoco quiero tentar mucho a la suerte.
martes, 29 de noviembre de 2016
Sombra aquí, y sombra allá, maquíllate, maquíllate...
Un espejo de cristal, y mírate, y mírate...
¿Que por qué me acuerdo yo ahora de Mecano? pues porque hace unos días me encontré diciéndole a una amiga, que no estaba en su mejor momento, que tenía que empezar a cuidarse más, a maquillarse un poquito para verse mejor... Y como en tantas ocasiones, una idea me llevó a una canción.
Lo cierto es que la letra es tremenda, por si no la recordáis (porque no seáis de mi generación, que si lo sois seguro que sí, jejeje) comienza así:
No me mires, no me mires (no me no me)
no me mires no me mires déjalo ya
que hoy no me he puesto maquillaje (jey jey)
y mi aspecto externo es demasiado vulgar
para que te pueda gustar.
No me mires, no me mires (no me no me)
no me mires no me mires déjalo ya
que hoy no me he peinado a la mo (oda da da)
y tengo una imagen demasiado normal
para que te pueda gustar
Ya veis, que si aspecto vulgar porque no lleva maquillaje, que si imagen demasiado normal porque no se ha peinado a la moda... la tiranía de la imagen entonces, ahora, y me temo que siempre.
Hace ya un tiempo que vi la noticia de que la cantante Alicia Keys había decidido no volver a maquillarse. Tiene miga la cosa, no creáis. Seguro que tu caso, como el mío, es totalmente distinto. A mí no me persiguen los paparazzi por la calle ni suelo estar invitada a grandes presentaciones o entregas de premio (alguna sí, que una tiene su pizquita de glamour también, pero en plan pequeñito, sin cámaras de televisión ni alfombras rojas) Entiendo pues que esa "obligación" de estar siempre perfecta llegara a agobiarla hasta el punto de rebelarse contra ella. Entiendo (a duras penas) que algunas mujeres consideren el maquillaje parte de una presión social que nos obliga a estar guapas. A duras penas digo porque yo nunca he sentido esa presión. Es decir, yo me maquillo cuando me apetece porque me hace sentir de una determinada manera. Como cuando me visto de forma especial o me pongo unos tacones más altos. ¿Obligación? no, ninguna. ¿Lo hago todos los días? pues no, tampoco, la mayoría de las veces me doy una base, un toque de rimmel y un brillo en los labios y a correr, en ocasiones especiales (o cuando simplemente me apetece) me maquillo un poco más pero también hay días en que no me pongo ni gota de maquillaje (oh, dios mío, ¿será mi aspecto externo demasiado vulgar?)
Entonces, ¿por qué le aconseje a mi amiga que se maquillara un poco cuando ella nunca lo hace? ¿le estoy trasladando algún tipo de presión? A mí no me lo parece, si no la ha sentido hasta ahora no creo que mis palabras le vayan a hacer agobiarse precisamente. ¿Me hará caso? pues no lo sé, eso es cosa suya. Yo se lo aconsejé porque soy consciente, por experiencia propia, del efecto que tiene en nuestro interior nuestro aspecto exterior. ¿O alguien puede decirme que se siente igual con chándal que con un traje de noche? ¿con vaqueros y camiseta o con un elegante traje de chaqueta? Y no quiero decir con esto que haya una indumentaria mejor o peor per se, depende siempre de lo que vayas a hacer. Pero el caso es que yo me siento más activa con mallas, zapatillas y camiseta técnica, totalmente disfrazada con traje de noche, cómoda y dispuesta a divertirme con vaqueros y camiseta, y enérgica y poderosa (sí, podéis reíros, es así) con el elegante traje de chaqueta y unos buenos zapatos de salón con tacón medio (si es muy alto sólo me siento incómoda).
Tampoco me siento igual el día que me maquillo un poco y voy bien peinada (de estos no hay tantos, estos rizos míos son rebeldes por naturaleza) que el que me cojo una coleta mal hecha y salgo a la calle con la cara lavada. La mayoría de días en realidad es un mix de las dos cosas pero bueno, ya me entendéis, ¿verdad? Que cuando una está un poco pocha, mirarnos al espejo y vernos feas nos apocha más, pero si te has molestado en arreglarte un poquito ya parece que nos cambia la forma de afrontar el día, ¿no?
¿Cómo lo veis?
¿Que por qué me acuerdo yo ahora de Mecano? pues porque hace unos días me encontré diciéndole a una amiga, que no estaba en su mejor momento, que tenía que empezar a cuidarse más, a maquillarse un poquito para verse mejor... Y como en tantas ocasiones, una idea me llevó a una canción.
Lo cierto es que la letra es tremenda, por si no la recordáis (porque no seáis de mi generación, que si lo sois seguro que sí, jejeje) comienza así:
No me mires, no me mires (no me no me)
no me mires no me mires déjalo ya
que hoy no me he puesto maquillaje (jey jey)
y mi aspecto externo es demasiado vulgar
para que te pueda gustar.
No me mires, no me mires (no me no me)
no me mires no me mires déjalo ya
que hoy no me he peinado a la mo (oda da da)
y tengo una imagen demasiado normal
para que te pueda gustar
Ya veis, que si aspecto vulgar porque no lleva maquillaje, que si imagen demasiado normal porque no se ha peinado a la moda... la tiranía de la imagen entonces, ahora, y me temo que siempre.
Hace ya un tiempo que vi la noticia de que la cantante Alicia Keys había decidido no volver a maquillarse. Tiene miga la cosa, no creáis. Seguro que tu caso, como el mío, es totalmente distinto. A mí no me persiguen los paparazzi por la calle ni suelo estar invitada a grandes presentaciones o entregas de premio (alguna sí, que una tiene su pizquita de glamour también, pero en plan pequeñito, sin cámaras de televisión ni alfombras rojas) Entiendo pues que esa "obligación" de estar siempre perfecta llegara a agobiarla hasta el punto de rebelarse contra ella. Entiendo (a duras penas) que algunas mujeres consideren el maquillaje parte de una presión social que nos obliga a estar guapas. A duras penas digo porque yo nunca he sentido esa presión. Es decir, yo me maquillo cuando me apetece porque me hace sentir de una determinada manera. Como cuando me visto de forma especial o me pongo unos tacones más altos. ¿Obligación? no, ninguna. ¿Lo hago todos los días? pues no, tampoco, la mayoría de las veces me doy una base, un toque de rimmel y un brillo en los labios y a correr, en ocasiones especiales (o cuando simplemente me apetece) me maquillo un poco más pero también hay días en que no me pongo ni gota de maquillaje (oh, dios mío, ¿será mi aspecto externo demasiado vulgar?)
Entonces, ¿por qué le aconseje a mi amiga que se maquillara un poco cuando ella nunca lo hace? ¿le estoy trasladando algún tipo de presión? A mí no me lo parece, si no la ha sentido hasta ahora no creo que mis palabras le vayan a hacer agobiarse precisamente. ¿Me hará caso? pues no lo sé, eso es cosa suya. Yo se lo aconsejé porque soy consciente, por experiencia propia, del efecto que tiene en nuestro interior nuestro aspecto exterior. ¿O alguien puede decirme que se siente igual con chándal que con un traje de noche? ¿con vaqueros y camiseta o con un elegante traje de chaqueta? Y no quiero decir con esto que haya una indumentaria mejor o peor per se, depende siempre de lo que vayas a hacer. Pero el caso es que yo me siento más activa con mallas, zapatillas y camiseta técnica, totalmente disfrazada con traje de noche, cómoda y dispuesta a divertirme con vaqueros y camiseta, y enérgica y poderosa (sí, podéis reíros, es así) con el elegante traje de chaqueta y unos buenos zapatos de salón con tacón medio (si es muy alto sólo me siento incómoda).
Tampoco me siento igual el día que me maquillo un poco y voy bien peinada (de estos no hay tantos, estos rizos míos son rebeldes por naturaleza) que el que me cojo una coleta mal hecha y salgo a la calle con la cara lavada. La mayoría de días en realidad es un mix de las dos cosas pero bueno, ya me entendéis, ¿verdad? Que cuando una está un poco pocha, mirarnos al espejo y vernos feas nos apocha más, pero si te has molestado en arreglarte un poquito ya parece que nos cambia la forma de afrontar el día, ¿no?
¿Cómo lo veis?
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