Hoy de nuevo es un día triste, París ha vuelto a ser esta noche objeto de un ataque indiscriminado y sin sentido y, aunque no puedo decir que sea más importante que tantos otros atentados, París es un poco mi casa y, por tanto, cualquier cosa que ocurra allí me afecta especialmente.
Por otro lado, mañana se celebra la carrera de la mujer en Zaragoza. Es una carrera a la que rodea la polémica por ser sólo para mujeres (algunos hombres se quejan de que también a ellos les gustaría correr contra el cáncer de mamá y se preguntan si no es eso discriminación y qué ocurriría si fuera al revés y no se permitiera participar a las mujeres) y por el escaso porcentaje del precio de la inscripción que termina yendo a la investigación contra el cáncer de mamá. No es desde luego la única carrera que dona una parte de su recaudación a causas similares pero sí quizás la más conocida, o al menos la que más se promociona como carrera benéfica.
Polémicas aparte, lo cierto es que a mí particularmente fue esta carrera la que me animó a correr. Para ser justos, la primera en llamar mi atención fue la popular de Ibercaja por la integración, que llevamos 10 años haciendo en familia (y ésta además es gratuita). Sin embargo, y aunque en la de la mujer también hay muchas participantes que se limitan a caminar, siempre tuve la espinita de ser capaz de completarla corriendo. Ése fue el motivo de fondo por el que me compré el "running para perezosas" y por el que me apunté al reto 10K.
Esta mañana, repasando mi facebook y, muy especialmente mi grupo de corredoras francesas, muchas de ellas parisinas, he pensado que para la carrera de mañana me pondría mi camiseta de "La Parisienne" como pequeño homenaje, recuerdo para París, o como queráis entenderlo.
Pero, por otro lado, la carrera de la mujer se distingue precisamente por su gran marea rosa, la que le ha dado una visibilidad (más allá de la cantidad económica que destine a donación) que ya quisieran para sí otras muchas causas. Por eso me parece importante correrla con la camiseta oficial. Creo que correré con las dos.
Encima, la camiseta oficial, no podría dejar de formar parte de la gran marea rosa, pero debajo, pegadita al corazón, la Parisienne, prima hermana de nuestra carrera de la mujer. Al fondo (sólo para la foto, claro, no podría correr con eso) nuestro mapa para colorear de París, regalo de los últimos Reyes Magos.
Mañana correré por el cáncer, sin olvidar tantas otras enfermedades (algunas raras, otras no tanto) que no cuentan con la visibilidad que este evento da al cáncer de mama pero que son igualmente importantes.
Mañana correré por las víctimas de París, sin olvidar tantas otras muertes que día a día vemos sin mirar. No por vivir lejos de Europa son menos víctimas, tampoco por ser musulmanes. El terrorismo es una lacra que nada (o muy poco) tiene que ver con la verdadera religión (y os lo dice una atea)
Mañana conseguiré por fin mi viejo reto de completar los 5km de la carrera de la mujer sin caminar ni un ratito y lo haré con dos buenos pensamientos en mi mente que estoy segura de que me darán alas para terminarla además en el mejor tiempo posible (aunque mi objetivo es sólo terminar, no batir ninguna marca)
Un blog sobre maternidad, niños, conciliación, preocupaciones varias y, en general, mi vida diaria.
Bienvenidos a bordo
y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?
sábado, 14 de noviembre de 2015
miércoles, 30 de septiembre de 2015
As time goes by
Hace un ratito esta viñeta que os pongo (no va firmada, lo siento, no sé de quién es) me ha recordado aquel (ya viejo) post sobre la intimidad, ¿lo recordáis? (seguid el link si no)
Por curiosidad he buscado la entrada para releerla y, caray, sí que es verdad que ha cambiado mi vida... cierto, que todavía no he llegado al momento "mis hijos pasan de mí" Por suerte todavía en edad de estar mimosos y achuchables, sobre todo Guille, que se desayuna un bote de mimosín todas las mañanas, pero vaya, lo que han ganado en autonomía e independencia es tremendo.
As time goes by, como dice la canción.
Mis pequeñuelos hace años ya que se preparan solos la mochila para ir al cole, se ocupan de la ropa que se van a poner y hasta de prepararse el almuerzo. Cuando se van a dormir con los abuelos no hace falta ni revisarles la bolsa, ya saben ellos lo que tienen que llevar. Si salimos de viaje no es que no les haga falta, ¡es que no me dejan meter baza en su maleta! ellos se ocupan. Por supuesto se duchan solos (aunque a mí me sigue gustando peinar a Sofía, pero eso ya es por gusto mío) De hecho, en muchas cosas demuestran tener ellos más talento y previsión que yo (que soy la típica que nunca lleva agua ni pañuelos de papel cuando hacen falta)
As time goes by, y el tiempo pasa para todo. Esta mañana he constatado lo que ya me había parecido notar hace unos días. ¡He tenido que alejar un papel para leer lo que ponía en él! Nada escandaloso por ahora, sigo teniendo una vista excelente, pero la temida (e inevitable) vista cansada está al acecho. Y mira, otras cosas me fastidian menos pero perder vista... que ya sé que es ley de vida y que poco hay que pueda hacer para evitarlo (y más trabajando muchas horas con el ordenador y el móvil) pero jooooooooo... en fin, tendré que pensar en una revisión de la vista. As time goes by...
Y sin embargo, y siguiendo con la canción: a kiss is still a kiss [...] the fundamental things apply [...] on that you can rely. No matter what the future brings. As time goes by. Mis niños ganan en autonomía y pronto se me harán ya muy mayores, evidentemente yo también me hago mayor (pero poco) pero lo importante sigue todo en su sitio, mi niña infantil sigue en plena forma mientras mi adulta responsable sigue construyendo piedrita a piedrita su camino (o sus caminos, que para llegar a distintas metas hay que escoger distintos trayectos) y lo cierto es que, melancolías y pequeños achaques aparte, todo está en orden así que a seguir disfrutando día a día del paso del tiempo, que es lo mejor que podemos hacer.
sábado, 19 de septiembre de 2015
Otro sueño cumplido
Este año no me puedo quejar, está siendo de lo más productivo. Alguna cosilla me falta por centrarse definitivamente pero todo llegará. De momento a disfrutar de los logros actuales y seguir luchando por los futuros.
Las que me seguís desde hace tiempo sabéis bien que si Zaragoza es mi hogar, París es, como poco, mi casa. Desde que empecé a correr aquí en mi hogar la Carrera de la Mujer (por cierto, que estoy atenta, que la inscripción para este año tiene que estar al caer), me picaba enormemente correr su prima hermana parisina. Pero claro, que aquí en Zaragoza no fuera capaz de hacerme los 5km corriendo y alternara correr y andar, la de aquél... pero si me animaba a apuntarme a La Parisienne, tenía que ser para correrla enterita. Ya os he contado en entradas anteriores cómo ha sido este proceso de enganche progresivo al running así que no me repetiré. El caso es que en cuanto me apunté al reto 10k supe que éste era el año. No sabía todavía qué iba a ser de mi vida (laboral básicamente) para septiembre pero decidí que el trabajo tendría que adaptarse a mí y no al revés. Total, sólo necesitaba lunes y martes libres.
Ya sabéis también lo que son mis criaturas, dignos hijos míos, a estos les preguntas si quieren ir a París y te chillan un síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que se oye hasta en la Torre Eiffel. Así que pensarlo, comentarlo en familia y reservar rápidamente los billetes de avión fue todo uno. Más barato ir en avión a París que en AVE a Madrid... que luego vienen los gastos añadidos, sí, pero incluso con ellos...
Total, que llegamos un sábado a París. Nos calamos hasta los huesos buscando el hotel, nos instalamos y salimos pitando a por mi dorsal y bolsa de la corredora. Guille que no veía el momento de subir a la Torre Eiffel. Al final tuvo que quedarse para el día siguiente. Ya estábamos en la fila pero el aviso de que se había cerrado ya el acceso hasta lo más alto nos sacó de allí rápidamente. Me los llevé a cenar a mi crêperie favorita del mundo mundial (bueno, vale, tampoco conozco tanto mundo, pero fuera de la propia Bretaña no he comido nunca mejores crêpes): 142 C.C. Había que coger fuerzas para la carrera, pero con talento.
Y llegó el gran día. La línea 6 del metro llena de corredoras felices. La salida, a tomársela con paciencia, 40000 dorsales, 30425 corredoras en la clasificación final. A la fuerza había de tocarnos esperar a que nuestra oleada saliera. Pero todo llega y, por fin, pasadas las 11:15 nos tocó el turno.
Desde lo alto de la Torre, mis chicos completaban el reportaje gráfico. No sabría expresar lo que supuso para mí correr por fin esta carrera. Después del chasco de no haber podido correr la 10k del reto sentía que éste era el verdadero objetivo de tanto entrenamiento, pero había pasado todo un verano sin apenas correr, tenía mis dudas de que fuera capaz de completarla. De hecho, hubo momento en que me tentaba simplemente andar y recuperar un rato, pero entre las animaciones de la propia carrera los espontáneos que nos animaban, el avituallamiento en el km 3 con trocito de plátano incluído (que parece que no pero la energía que da sólo un pedacito) y cabeza, cabeza, cabeza. Creo que ya os conté cómo había aprendido en los entrenamientos hasta qué punto es nuestra mente la que nos limita. En esos momentos en que me tentaba parar me forzaba a recordar que sí que podía seguir, a prestar atención a mis sensaciones: respiración normal, ritmo cardiaco en orden... tampoco estoy tan cansada, seamos objetivas, sí puedo seguir. Y además... ¡me he venido hasta París para correr 6,7 km, no puedo pararme ahora! Y sí, momentos mejores y peores (la lluvia casi torrencial por momentos tampoco animaba mucho), llegué al cartel de "ánimo, quedan 700 metros" y sacando las últimas fuerzas de flaqueza recordé las sabias enseñanzas de mis entrenadores del 10k club y entré en meta sonriendo y con los brazos en alto. A partir de ahí, te dejas llevar por la masa... no puedes parar, sigues caminando hasta recoger tu bolsa (subidón al encontrarme la medalla dentro, no recordaba que la daban!)
Finalizada la carrera y de vuelta al hotel, un ratito de descanso, una buena comida reparadora y ¡a seguir disfrutando de París en familia! Otro reto cumplido, el siguiente ha de ser completar por fin esos 10km que se me resisten. El próximo domingo tengo la ocasión de intentarlo. Veremos...
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