Esta mañana he tenido una fugaz visión de futuro. No, no es que me haya vuelto vidente de repente, es algo mucho más sencillo. Simplemente es que, volviendo a casa, he visto salir del médico a una abuelita encogida con pinta de simpática que iba de la mano del que supongo que sería su nieto. Y de repente me he visto a mí misma dentro de 50 años hablando igual de amigablemente que ellos con mi nieto, un chico alto, guapo y fuerte que también me sacaría dos cabezas, como a ella. Lo de alto es por definición, con lo pequeñaja que soy yo y lo que encoje una con la edad... lo de guapo, por obviedad, si es mi nieto ¿no me va a parecer el más guapo del mundo? y lo de fuerte, vale, eso es gratis, pero como es mi visión, me la invento como quiero.
¿Y sabéis qué? que me encanta la imagen, porque al contrario que a mucha gente a mí no me asusta envejecer. Cada etapa de la vida tiene su encanto y me encantará ser abuela, y hasta bisabuela si me dejan, porque ser abuelo mola, pero la ilusión que le hizo a mi abuela que nacieran mis hijos... eso yo creo que no es comparable con nada.
Así que sí, reconozco que una de mis más ambiciosas aspiraciones en la vida es llegar a bisabuela feliz (a ser posible con el bisabuelo a mi lado, aunque éste lleva camino de convertirse en viejo cascarrabias, pero será MI viejo cascarrabias) Y eso no significa que no disfrute de mis hijos hoy, de mi vida hoy, ayer, mañana, hace 10 minutos y dentro de 20. Yo disfruto cada momento, cada circunstancia todo lo que puedo. Como he disfrutado de mi forzoso parón laboral y pienso disfrutar mi vuelta al trabajo en unos días.
Pero ya sabéis, a veces la cosa más tonta te hace divagar por insospechados parajes...
Antes de irme, echarle un vistazo a ésto, no tiene desperdicio (niños explicando qué es un abuelo)
Un blog sobre maternidad, niños, conciliación, preocupaciones varias y, en general, mi vida diaria.
Bienvenidos a bordo
y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?
viernes, 27 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Toca votar otra vez
Lo que en mi caso se traduce en un nuevo dolor de cabeza para tratar de decidir a quién demonios le concedo yo el honor de mi voto. A veces envidio a aquéllos fans acérrimos de un partido u otro, los que siempre tienen claro a quién votar, se lo merezca o no. Bueno, vale, confieso que sólo me ocurre en campañas electorales, el resto del año me gusta más tratar de ser objetiva con todos. Que también es difícil porque mira que me caen mal todos.
Y sin embargo no puedo dejar de ejercer mi derecho, que también considero mi deber. Es algo que mi abuela me grabó a fuego en las entrañas. Desde que tuvo edad para votar no dejó de hacerlo ni una sola vez. Incluso en sus últimos años, en que ya no salía apenas de casa, para acudir a las urnas no le faltaban fuerzas. Así que yo puedo tener dolor de cabeza, puedo terminar decidiendo votar en blanco, aunque no sirva de mucho, pero lo que nunca podré, y espero inculcar lo mismo a mis hijos, es abstenerme.
Y sin embargo, reconozco que me puede la pereza en cuestiones políticas. Es un tema que me asquea tanto que ni me molesto en protestar, lo que no deja de ser más grave aún que no ir a votar. Pero es que me aburre mortalmente el mundillo político, con sus corrupciones, sus peloteos, sus amiguismos... y encima al final resulta que da igual a quién votemos en España, al final quién decide la política española es la Unión Europea, y quien decide las políticas europeas resulta que son los mercados financieros... entonces... ¿qué falla aquí?
Y sin embargo no puedo dejar de ejercer mi derecho, que también considero mi deber. Es algo que mi abuela me grabó a fuego en las entrañas. Desde que tuvo edad para votar no dejó de hacerlo ni una sola vez. Incluso en sus últimos años, en que ya no salía apenas de casa, para acudir a las urnas no le faltaban fuerzas. Así que yo puedo tener dolor de cabeza, puedo terminar decidiendo votar en blanco, aunque no sirva de mucho, pero lo que nunca podré, y espero inculcar lo mismo a mis hijos, es abstenerme.
Y sin embargo, reconozco que me puede la pereza en cuestiones políticas. Es un tema que me asquea tanto que ni me molesto en protestar, lo que no deja de ser más grave aún que no ir a votar. Pero es que me aburre mortalmente el mundillo político, con sus corrupciones, sus peloteos, sus amiguismos... y encima al final resulta que da igual a quién votemos en España, al final quién decide la política española es la Unión Europea, y quien decide las políticas europeas resulta que son los mercados financieros... entonces... ¿qué falla aquí?
sábado, 14 de mayo de 2011
Y tal día como hoy
Pero hace ya seis añazos, andaba yo dando mis primeros pasos como madre primeriza, todavía en el hospital, bien arropada por visitas y enfermeras, antes de que me soltaran a la vida real con un bebé. Tal día como hoy nos hacía el padre de la criatura la foto que hoy os dejo aquí:
Ha llovido mucho desde entonces, muchas cosas han cambiado, algunas para mejor, otras para peor... y muchas, ¿quién sabe? no hay un universo paralelo donde podamos comprobar si nos habría ido mejor o peor tomando una decisión distinta (y si lo hay, no sabemos cómo acceder a él) pero si hay algo de lo que estoy segura es de que tomamos la mejor decisión de nuestra vida al animarnos a tener hijos. No hay nada como verlos crecer, tratar de educarlos lo mejor posible. Nada como la sensación de haber logrado algo cuando los ves portarse bien en determinadas situaciones. Nada como escuchar sus risas.
También me vuelven loca muchas veces, para qué vamos a mentir. Me desquician cuando empiezan a pelearse por una tontería y no hay quien los haga parar, o cuando voy con ellos por la calle, uno a cada lado, y hablándome los dos a la vez, a cada cual más alto para que le oiga mejor que al otro. Me agotan cuando todo es mamá, mamá, mamá, y todo quieren que se lo haga yo aunque estemos 10 en casa. Pero hasta en esos momentos, de repente me los quedo mirando y se me ensancha el corazón y algo raro me invade, y no puedo evitar sonreir.
Ha llovido mucho desde entonces, muchas cosas han cambiado, algunas para mejor, otras para peor... y muchas, ¿quién sabe? no hay un universo paralelo donde podamos comprobar si nos habría ido mejor o peor tomando una decisión distinta (y si lo hay, no sabemos cómo acceder a él) pero si hay algo de lo que estoy segura es de que tomamos la mejor decisión de nuestra vida al animarnos a tener hijos. No hay nada como verlos crecer, tratar de educarlos lo mejor posible. Nada como la sensación de haber logrado algo cuando los ves portarse bien en determinadas situaciones. Nada como escuchar sus risas.
También me vuelven loca muchas veces, para qué vamos a mentir. Me desquician cuando empiezan a pelearse por una tontería y no hay quien los haga parar, o cuando voy con ellos por la calle, uno a cada lado, y hablándome los dos a la vez, a cada cual más alto para que le oiga mejor que al otro. Me agotan cuando todo es mamá, mamá, mamá, y todo quieren que se lo haga yo aunque estemos 10 en casa. Pero hasta en esos momentos, de repente me los quedo mirando y se me ensancha el corazón y algo raro me invade, y no puedo evitar sonreir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

