Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

viernes, 4 de octubre de 2013

Las apariencias...

engañan, sí, ¡y cómo! van dos días ya en esta semana que selecciono para tomarme un cafe sendos bares a los que les había echado el ojo por apetecibles. Bien decorados, luminosos... pues los dos igual, el servicio un desastre y el café malo.

Con los bares pasa como con las personas. El aspecto es lo primero que vemos, y es importante, claro que sí. ¿Cuántas veces no le hemos dado ni una sola oportunidad a algo/alguien por que nos ha echado atrás su aspecto? Ese bar oscuro y poco apetecible que sin embargo tiene el mejor cafe del barrio (o no, pero a veces pasa), ese tío tan feo y que viste tan raro pero que resulta que es el mejor especialista en su campo...



Con las personas es cierto que las cosas han cambiado bastante desde la generalización de la gran red de redes. Nos hemos acostumbrado a conocer a la gente sin verla en persona. A veces, después de un tiempo "hablando" con ellos por chats, foros, linkedin o similares llegamos a conocernos en persona (estoy pensando todo el rato en relaciones profesionales o establecidas por intereses similares, pero también vale para relaciones amorosas, o sin amor, que tampoco hace falta...) Y cuando nos conocemos en persona llegan las sorpresas. Te encuentras con que has establecido una relación excelente con alguien a quien nunca te habrías acercado en otras circunstancias. Por motivos muy diversos, a veces es simplemente la química que nos juega una mala pasada.

¿No os pasa a veces que alguien os "repele" sin motivo aparente? partimos de que mantiene una correcta higiene corporal, va correctamente vestido, no es ni guapo ni feo ni todo lo contrario... y sin embargo... ¡agh! lo normal afortunadamente es que las químicas entre nosotros sean más bien neutras. Pero también esa la contraria, esa que te hace sentirte irremediamente atraída hacia aquél otro que tampoco es ni guapo ni feo ni todo lo contrario ni huele especialmente bien, ni va especialmente arreglado pero que... hmmmmm...

También funciona con mujeres, por cierto, no tiene porque haber algo explícitamente sexual en ella, recuerdo que la primera vez que ví a la que hoy sigue siendo una de mis mejores amigas sentí ese rechazo instantáneo hacia ella... por suerte el tiempo se ocupa de poner en su lugar a esa caprichosa química.

Y no suele tardar mucho, la verdad. ¿Cuánto tiempo tardas en darte cuenta de que ese chico que tanto te atraía en realidad no te gusta tanto? ¿o que nunca podrías ser amiga de esa chica en la que enseguida te has fijado? pues el mismo que tardas en darte cuenta de que el bar tan bonito en el que llevas días queriendo entrar no vale un pimiento.


martes, 1 de octubre de 2013

Las bicicletas son para todo el año

¿O no? hombre, en pleno invierno con el frío y tal igual no apetecen mucho pero mira que era yo reacia a ellas y este último año, con eso de que el pequeño ya tiene bici "grande", (sin ruedines, claro)  y ya la controla estupendamente, nos hemos animado a hacer alguna pequeña excursión en familia y la verdad es que las he disfrutado mucho. Hasta me he animado a ir alguna vez a trabajar con ella (distancias razonables y con carril bici, si no ni loca). Según a donde vayas, el coche es una pesadilla (y mira que a mí me gusta conducir, y hasta me relaja, pero pagar parking ya no me mola tanto), el tranvía va siempre a tope y ya me ha tocado alguna vez que otra algún problemilla de retrasos. La bici me lleva por dónde yo le digo, a la hora que yo le digo y sin aglomeraciones, y encima hago ejercicio.

Y el otro día, casi por casualidad descubrí una ruta espectacular por la costa oeste francesa: La velodyssée. Hay etapas y etapas, pero si en el buscador seleccionais las familiares veréis que hay todo un gran tramo precioso que se puede hacer en etapas facilitas de unos 20 kilómetros como mucho. A mí me ha dejado flechada, la verdad. No me voy a comprometer a nada, y menos por escrito y aquí en público, pero que conste que me ronda la cabeza... Os dejo con una foto preciosa de la etapa de La Rochelle tomada de la web: http://www.lavelodyssee.com/


¿Me vais a decir que no os apetece?

martes, 24 de septiembre de 2013

Comparaciones

Esta noche, de nuevo volvía a casa por el Puente del Pilar y no he podido evitar pararme de nuevo a contemplar la imagen de nuestra flamante noria (ya nos hemos subido claro). Así está ahora.


Al hacer la foto he pensado en la que os puse hace poco más de una semana y en la comparación entre una y otra. En el fondo me gustaba más la imagen en construcción porque siempre me han atraído los inicios, llenos de promesas e ilusiones. Una vez que está ya todo hecho, y más en caso de construcciones temporales, no puedo evitar pensar que ya no toca crecer ni desarrollar sino ir madurando y, finalmente, morir. Sea una noria, un reto, un sueño, lo que sea. Y no es que la etapa de la maduración sea mala, no, pero es como en el enamoramiento. Una pareja de amor asentado tiene algo muy especial, sin duda, pero claro, no tiene comparación con las mariposillas en el estómago del principio.

Y esto me lleva a la idea original de esta entrada. Las comparaciones. ¿Odiosas?, ¿necesarias? no estoy segura, quizás sean simplemente injustas, e incompletas. No puedo evitar pensar en esa manía que tenemos las madres (y padres, y abuelas, y abuelos, y vecin@s, y hasta el último desconocido que pasa por la calle) de comparar niños. Que si el mío ya habla, pues el mío ya camina, el de al lado resulta que ya no lleva pañal... y sí, todos sabemos que cada niñ@ tiene su ritmo pero aún así los comparamos. Y nos comparamos a nosotr@s mism@s, con famos@s, con compañer@s o amig@s.

Todos tenemos de vez en cuando un día un poco rarito en el que nos parece que todo el mundo es más trabajador, más organizado, más alto, más guapo, más deportista, más listo, más... yo qué me sé. Pero, ¿lo son? ¿todo a la vez? seguro que cada persona que nos topemos es mejor que nosotros en algo, y no está mal compararnos, si es que nos sirve para mejorar ese aspecto, pero sin agobiarnos tampoco. No sabemos nunca qué hay detrás de esa excelente profesional a quien tanto admiramos, ¿quizás una vida personal complicada? se me ocurre, ni mucho menos quiero decir que todo buen profesional tenga problemas personales, faltaría más... ¿y detrás de la aparentemente perfecta ama de casa que mantiene su casa como los chorros del oro? no voy a entrar en psicologías baratas, entre otras cosas porque a) no soy psicóloga y b) es meterse en camisas de once varas y no estoy por la labor.

A lo que iba yo es a que comparar no es malo por sí mismo, pero tendemos a complicarlo todo. Igual que un niño que ha dejado el pañal a los 2 años no es mejor que el que lo deja a los 3 y que seguramente en otros aspectos de su desarrollo la comparativa sería totalmente distinta, no deberíamos machacarnos tanto en las comparaciones con los demás, son siempre, y a la fuerza, incompletas. Para empezar porque todos mostramos al exterior lo que nos interesa pero los trapos sucios se lavan en casa. Así que ni la vecina de al lado es tan perfecta ni nosotras tan desastres y si nos fijamos sólo en lo que nos va mal nos estaremos perdiendo un montón de momentos felices. También cada un@ de nosotr@s tenemos algo que alguien más puede estar envidiando en este mismo momento (mala cosa la envidia, por cierto) Vamos a disfrutarlo mientras tratamos de mejorar lo demás, pero sin estresarnos, por favor... poquito a poco, un paso tras otro, ¿os acordáis de lo que hablábamos de los inicios? la vida es un inicio constante si no cesamos de evolucionar. Deberíamos vivir con ilusión esos cambios mientras disfrutamos de la serenidad de nuestras situaciones más asentadas y estables. Equilibrio, siempre equilibrio...


Seguidores