Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

viernes, 11 de diciembre de 2009

Entrando en el espíritu

Bueno, bueno, que no se diga... poco a poco voy entrando. Será porque hoy ya hace un frío que pela en esta mi querida Zaragoza, será porque esta tarde tenemos café en casa de la familia para acabar de organizarnos con los regalos, será porque estoy contenta, será porque será. El caso es que ya puestos me he acordado de la invitación de Mariluz a participar en esta curiosa cadena lotera entre blogs. Que tocar no sé si tocará algo entre tantos participantes, pero oye, no deja de tener su punto. Así que a siguiendo las reglas:



Las condiciones para participar con este número son:

- difundir la iniciativa en nuestro propio blog, incluyendo un enlace al artículo original

- invitar al menos a otros cinco blogs a participar

- dejar un comentario con el enlace a nuestro propio post en el blog de Alas de Plomo que, después de verificar que se cumple la primera condición, nos asignará un número de participación

Así que, complida la primera condición, vamos con la segunda. Reparto suerte a:

Eva, de Desde Rusia con... aunque no sé si no te han invitado ya antes...

Y una vez cumplidos estos dos requisitos, paso por Alas de Plomo a dejar mi comentario...

jueves, 10 de diciembre de 2009

Espíritu navideño

O lo que sea... el caso es que este año me parece a mí que me falta. Habiendo niños en casa huelga decir que ya están puestos árbol y belén y escrita la carta a los reyes magos (yo también, que el otro día me quede colgadísima con un anillo que espero que me traigan porque he sido muy, muy buena este año), pero no siento que se acerquen las navidades. Y eso que ayer, volviendo de hacer unas compras con Sofía (me dio el arrebato de hacer natillas y no tenía canela en rama) estuvimos contando las luces de toda la calle.

Así que sí, calles iluminadas (sin tanta profusión como en Madrid ni tanta moderación como en San Sebastián), casa decorada, regalos solicitados, colegio avisando de las celebraciones correspondientes, familia hablando de las comidas y cenas navideñas, citas de temporada que empiezan a rellenar mi triste agenda social... y yo que no me doy por enterada, oye.


¿Hace falta algo especial para sentir el espíritu navideño? en mi caso, obviaremos si no os importa el tema del auténtico sentido de estas fechas porque a mí ya sabéis que la religión... vamos, que en ese sentido me daría igual estar celebrando el Iom Kipur. Pero sí que es verdad que, normalmente, el ambientillo navideño se me impregna por todo el cuerpo. No os diré que me siento más feliz, ni mejor persona ni nada de eso. Pero nadie puede negar que las ciudades están más bonitas en estas fechas y las casas más alegres. Tampoco es lo mismo entrar en una oficina para realizar cualquier trámite y encontrarla decorada o no. Quizás no me sienta mejor persona por estar en Navidad, ni me porte mejor con mis semejantes que el resto del año (yo trato de ser igual de buena o de mala todo el año) pero sí me siento distinta.

Este año, en lugar del espíritu navideño, me invade una infinita pereza. Me cuesta ponerme a pensar en qué hacer para comer el día de Año Nuevo (tradicionalmente celebrado en mi casa con las dos familias), no he comprado turrones ni adornos nuevos para el árbol... y me salvo por los pelos porque compré una planta de pascua pero debo confesar que originariamente era para unos amigos, aunque luego cambiamos el obsequio (salieron ganando) y me quedé la planta para mí.

Y el caso es que me gusta la Navidad... ¿y a vosotr@s? ¿qué os sugieren estas fechas?

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Estados alterados

Venía yo hoy pensando que sin falta tenía que actualizar este pobre blog. Y venía pensando también en el profundo agujero sin fondo en que se ha convertido últimamente mi cerebro. Nada, ninguna idea razonable sobre la que escribir. Y en éstas que reviso actualizaciones recientes y me encuentro con el melodramático e incitante post de Eva. Y digo incitante porque me han entrado unas ganas locas de ponerme dramática yo también. Sí, sí, justo con ese gesto de la mano en la frente... pero sobre todo me ha recordado por qué no puedo vivir sin libros (éso y la insoportable cantidad de tiempo que hace que no voy al teatro), y es que leer es sumergirse en otros mundos, en otras vidas, y sea mejor o peor el libro, raro es el que no consigue transportarte por unas horas, hacerte reir, temer, alegrarte o sufrir y sí, ¿por qué no decirlo? dotar de cierto dramatismo a nuestras rutinarias vidas.



Sin embargo, a raíz de las turbulencias creadas por la maternidad, pasé un tiempo sin poder dedicarme demasiado a la lectura. Ahora ya, con los dos niños en horario escolar razonable y con una cierta libertad horaria que ya no me haría ninguna gracia abandonar, he podido recuperar el placer de sumergirme, durante largas horas o intensos minutos, según se de el día, en dramas o aventuras ajenas. De hecho hace días ya que venía pensando en añadir una pequeña nota en el lateral en la que reflejar mis actuales lecturas y bueno, ahí mismo la tenéis. Pero aprovecho y, a falta de idea mejor con la que rellenar este post, hablemos de mis últimas aventuras literarias:

- Millenium. Sólo la primera parte. Me pareció tan mala que, a pesar de que debo reconocer que la historia me enganchó, no he tenido mayor interés en leer la continuación. Renueva mi convencimiento de que yo también puedo publicar.

- Réquiem. Ya os hablé de él. Es la tercera parte de la trilogía de David Lozano. Novela juvenil. Bien escrita, buena historia (imprescindible haber leído las dos primeras, claro), mantiene bien el ritmo y consigue un final más que digno, lo que no era fácil visto el jardín en el que se había ido metiendo a lo largo de las tres novelas. Bastante mejor que Millenium. Renueva mi convencimiento de que con un poco de constancia yo también podría escribir.

- La isla bajo el mar. Simplemente brillante, como de costumbre en Isabel Allende. Renueva mi convencimiento de que yo jamás seré una escritora de verdad.



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