Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

jueves, 5 de noviembre de 2009

Érase una vez un pequeño obeso

Reconozco haber seguido más bien a medias el caso del niño gallego que a sus 9 años, y después de haber perdido unos cuantos kilos, anda ahora por los 70. No me he animado hasta ahora a hablar de ello por dos cosas sin duda íntimamente relacionadas. No tenía suficiente información y lo encontraba todo muy confuso. Pero hoy, leyendo en el Heraldo de Aragón que la fiscalía ha puesto una querella contra los padres por mantener al niño oculto en vez de entregarlo, he decidido ponerme manos a la obra.

Y sigo confusa, no creáis, porque anda, que no hay opiniones al respecto ni nada. Los padres, la Xunta, la asociación pueblo gitano... cada cual con su parte de razón, claro.

Porque vamos a ver, yo a los padres los entiendo. No sé hasta qué punto se han esforzado realmente por evitar la obesidad de su hijo, no sé hasta qué punto ésta puede ser resultado de su desidia o simplemente de una enfermedad del niño, que lo de la obesidad tampoco es siempre tan sencillo.



Pero independientemente de todo eso, lo cierto es que si a mí mañana me dicen que me van a quitar a uno de mis hijos, por el motivo que sea, me sale la leona que toda madre lleva dentro y a ver quién es el guapo que se lo lleva... ¿o no?

Pero claro, por su lado la Xunta afirma que esto no ha sido de ayer para hoy, que llevan mucho tiempo ya siguiendo el caso (por algún lado he leído que desde 2004, mucho me parece y por otro que desde 2008) En cualquier caso, afirman que tras reiterados avisos y varias medidas de distinto tipo los padres no se han puesto las pilas hasta que no se han visto entre la espada y la pared.

Por su parte, la asociación gitana pide que no se utilice al niño como cabeza de turco ¿¿¿??? si alguien entiende esta parte que me la explique... me he debido perder algo del caso.

Vamos, que aquí cada loco con su tema. Lo que me parece indudable es que, da igual los motivos, me parece una barbaridad dejar que tu hijo de 9 años llegue a esos niveles de peso. Es cierto que yo en su caso tampoco dejaría que me quitaran a mi hijo, pero no es menos cierto que tampoco habría jugado así con su salud.

En fin, os dejo el tema sobre la mesa, ¿qué opináis?

martes, 3 de noviembre de 2009

Aprendiendo de nuestros hijos

Algo que deberíamos tratar de hacer mucho más a menudo, por cierto, en muchos aspectos. Pero hoy estoy pensando en algo muy concreto. El lunes (festivo aquí) había hecho cardo para comer y como sé que es algo que mis hijos no se comen demasiado bien les prometí darles helado de postre si se lo comían todo. Se lo comieron así que cumplí. Guille apenas lo probó, de momento el helado le sigue pareciendo algo que está demasiado frío, me preguntó si se lo calentaba, le dije que no, que el helado se toma precisamente helado y tomó un par de cucharaditas más y punto. Sofía sin embargo se tomó toda su parte (les había puesto poquito) Le pregunté si quería más y me dijo muy seria que no, que tanto no le apetecía, que lo que le había puesto estaba muy bien. Hablamos de la misma niña que ve una bolsa de lacasitos, se come uno y ya no quiere más. Si yo tuviera ese talento natural en mi relación con la comida otro gallo me cantaría.

Y mira que lo sé. Que el primer bocado es el realmente bueno, que después de dos o tres ya casi te da igual estar comiendo una cosa que otra y desde luego que cuando ya estás harta, por mucho que sigas comiendo por pura gula ya no hay forma de recuperar ese placer del primer mordisco. Y voy aprendiendo poco a poco, no creáis. Con el chocolate, por ejemplo. Ahora ya sólo lo tomo negro, negro, lo más puro posible, y sólo un pedacito, con el café de después de comer (tampoco todos los días necesariamente) Tampoco me vale ya cualquiera. He ido probando varios, más o menos artesanales, más o menos comerciales. Pero desde que probé el Valrhona Abinao (85% de cacao) ya no me ha vuelto a satisfacer plenamente ningún otro. Ays...



Intento también moderarme con los postres cuando como fuera. Pedir fruta, compartirlo en caso de que sea dulce, o directamente, si ya he comido demasiado, pasar del postre (algo insólito en mí) Pero en general mi relación con la comida sigue estando a años luz de esa natural regulación perfectamente equilibrada que muestra mi hija a sus cuatro años y medio. Ojalá no la pierda nunca, aunque supongo que éso es realmente difícil.

Así que sí, trataré de aprender de ella en ese sentido, como he tratado de hacerlo en otras ocasiones en las que nos ha sorprendido con alguna reflexión sobre cosas en las que los adultos parecemos haber perdido todo sentido del raciocinio más básico. O sea, justo ese que los niños tienen todavía intacto.

Se habla mucho de los consejos de ancianos, que tenían un papel predominante en muchas culturas antiguas, pero ¿nadie pensó nunca en complementarlos con un consejo de niños? la unión podría ser explosivamente fructífera.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cocinando con Sofía

Ya decía yo que algún día tendré que cambiarle el nombre a esta etiqueta... si es que esta niña va para estrella Michelín...

El caso es que ella quería hacer una tarta, pero no en su cocina (de juguete, claro), sino en la mía. Y me pidió que buscara una receta pero de niños. Así que nos encomendamos a San Google bendito y encontramos la siguiente receta:

Tarta de queso y plátano


Ingredientes:

plátanos maduros
queso fresco de untar
leche
una base de tarta ya preparada (comprada o preparada en casa, al gusto)

Preparación:

Se pelan y cortan los plátanos en trocitos y se echan en un bol (Sofía disfrutó mucho cortándolos ella misma con un cuchillo de esos con poco filo, que no tienen ningún peligro) Se añade el queso fresco y un poco de leche y se chafa y mezcla todo bien hasta conseguir una pasta untuosa (las cantidades a ojo, según vayáis viendo cómo queda de sabor y de textura añadís más de una cosa o de otra. Nosotras utilizamos una tarrina de queso casi entera, y si no recuerdo mal 4 o 5 plátanos más uno para decorar) La pasta resultante se extiende sobre la base de bizcocho y se mete al frigo hasta el momento de comerlo.



Yo no las tenía todas conmigo con la mezcolanza de queso y plátano pero la verdad es que quedó bastante rica. Y lo mejor fue ver a mi hija (que indudablemente tiene dotes de mando) diciéndome que yo era su ayudante y enviándome al salón hasta que ella me necesitara. Vamos, que se le subió a la cabeza el delantal... pero fue muy divertido para las dos. Y hay cantidad de cosas en las que nos pueden ayudar. Otra cosa que le gusta mucho a mi hija es darle forma a las albóndigas o a las croquetas y esta misma tarde ha decidido que ella hacía el postre. Se le han empezado a ocurrir una serie de ideas dignas de figurar en la carta del mismísimo Bulli pero como nos faltaban ingredientes al final se ha decidido por manzana y huevo. Se ha puesto de nuevo al mando y me ha ordenado echar aceite en la sartén, pelar la manzana y cortarla, ponerla en la sartén y luego añadir el huevo. A esas alturas ya había desaparecido de la cocina para irse a jugar con su hermano así que yo le iba preguntando ¿qué hago ahora? y ella me iba dando órdenes desde el salón... todo un carácter esta niña. El resultado ha sido una especie de revuelto de manzana que, os lo creáis o no, estaba bastante bueno. Claro que también los tengo acostumbrados a comer de vez en cuando tortilla de manzana así que la asociación parecía lógica.

No sólo es divertido cocinar con ellos, además es una forma de enseñarles desde pequeños a preparar su propia comida y pasar de los platos precocinados.

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