Bienvenidos a bordo

y gracias por acompañarme en este largo viaje sin retorno que es el de la maternidad. Me río yo de las peripecias de Ulises y de la paciencia de Penélope. Me río de los 12 trabajos de Hércules... ser madre sí es toda una aventura, a veces desesperante, casi siempre agotadora... pero siempre, siempre, siempre ¡tan gratificante! ¿queréis compartirla con mi familia?

jueves, 11 de diciembre de 2008

Elogios y apoyo

Pues sí, era el título de la segunda charla de la escuela de padres. A ésta no pude ir yo por cuestiones de logística familiar, ya sabéis... pero envié al papá, que después me informó convenientemente de todo lo hablado.

Bueno, el tema es el de siempre, es cierto que solemos fijarnos más en lo negativo y, sobre todo, lo comunicamos más. ¿No os pasa? cuando los críos hacen algo mal enseguida les reñimos pero cuando hacen algo bien no siempre se nos ocurre elogiarlos. Y está claro que no vas a estar todo el día haciéndoles la ola, sobre todo con cosas que tienen ya muy aprendidas y asumidas, pero todos necesitamos esa palmadita en la espalda de vez en cuando, y muy especialmente, cuando hemos logrado algo nuevo, que hasta el momento se nos resistía.

Pero si para todos es importante, para un niño pequeño lo es mucho más porque está formando su personalidad y necesita ese apoyo extra para garantizarse un equilibrio, una autoestima elevada, una confianza en sí mismo... no quiere decir por supuesto que no haya que reñirles cuando hacen algo mal, pero tanto en el elogio como en la riña me parece importante saber centrarse en el hecho concreto que se está valorando. Habría que evitar las generalidades tipo "eres malo". No, una cosa es decirle a un niño que está mal tirar todos los papeles al suelo, y otra muy distinta estar repitiéndole constantemente que es un trasto, que es un niño malo, que no hace nada bien... eso machaca a cualquiera (imaginaros que os están tratando así en el trabajo día tras día y extrapolar la sensación a las de un niño pequeño, tan dependiente todavía de sus padres, tan pendiente de su cariño, y con la personalidad en plena formación) Con los elogios igual. ¿A qué a vosotros tampoco os sirve de nada que os digan vaguedades? el elogio sirve cuando tenemos claro a qué se refiere y por qué, qué es eso que hemos hecho tan bien. Es como esas personas que hagas lo que hagas y te salga como te salga... la comida por poner un ejemplo, se relamen y te repiten varias veces lo buenísimo que está todo. Pues bien, pues vale... y a lo mejor lo piensan de verdad, pero no te sirve. Mi padre por ejemplo es todo lo contrario. Siempre, siempre, siempre te saca faltas. Así que el día en que simplemente dice "está bueno" ya sabes que te ha salido de tres estrellas michelín. Ese elogio sí que es bueno. Claro, tampoco hay que irse al otro extremo...

Bueno, que me enredo, como siempre... que no os olvidéis de elogiar a quienes tenéis alrededor (no solo a los niños, que los mayores también necesitamos mimitos de vez en cuando) pero hacerlo apropiadamente, no por hacer, que entonces se nota mucho y ya no vale.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Sopa de pescado

Una receta muy apropiada para estas fechas que se avecinan. Creo que fue con ella con la que, en la primera comida de navidad que celebré en mi casa, conquisté definitivamente a la abuela de mi chico. Tan sopera ella, tan contenta de que su nieto esté en buenas manos en lo que a cocina se refiere. Ya le había caído bien con alguna de mis tartas (recetas en futuras entregas) pero la sopita fue el toque de gracia. 

Ingredientes: (para 6 personas)

1/2 kg. de rape y su espinazo
1 cabeza grande de merluza y su espinazo
1/4 kg. de almejas
1/4 kgs. de mejillones
2 puerros
2 zanahorias
1 cebolla grande
300 gr. de tomates maduros
1 trozo de pan
1 ramita de perejil
aceite, sal y azúcar

Preparación:

Limpiar la cabeza de merluza y el rape. Lavar y quitar la tierra de los mejillones y de las almejas. Pelar y cortar en tiras la cebolla. Lavar los tomates y trocearlos. Cortar el pan en rodajas finas. 

Poner en una cazuela suficiente agua a hervir con las zanahorias, los puerros, la cebolla y el perejil. Dejar hervir unos 10 mn. Añadir la cabeza de merluza, el rape, las espinas, los mejillones y las almejas y dejar hervir hasta que éstos estén abiertos. Sacar ambos, quitar y tirar las cáscaras. Reservar. Dejar que el resto siga cociendo hasta que el pescado esté hecho pero sin pasarse.

Poner a calentar en una sartén un poco de aceite, añadir la cebolla y dejar hacer lentamente. Cuando empiece a tomar color, añadir los tomates y el azúcar y que fría bastante a fuego lento, picando con la paleta los trozos. Pasar el tomate a una cacerola, añadir el pan y un poco de caldo frío. Ponerlo a hervir hasta que el pan quede deshecho, pasar por el chino y ponerlo en la sopera. Colar el caldo en la misma sopera. Añadir los mejillones y  las almejas. Cortar el rape en trozos pequeños y sacar toda la carne que se pueda de la cabeza de la merluza y añadirlos a la sopa. En el momento de servir, dar un hervor y ponerle unos dados de pan frito. Adornar con unas ramitas de perejil.

Bien, ésta es la receta digamos oficial. Yo creo recordar que le añadí más merluza, que me encanta, eso ya al gusto. A mí me gusta con mucho pescadito pero ahí ya cada uno...

martes, 2 de diciembre de 2008

siete supersticiones

De tag en tag y tiro porque me toca. Esta vez es Turuleta, de Turuletados, quien me invita a participar en su juego. Y me lo pone difícil... el meme de hoy va de supersticiones. Siete nada menos tengo que nombrar. Y a ver, que yo supersticiosa no he sido nunca, al menos en el sentido clásico de la palabra. Ni gatos negros, ni escaleras, ni espejos ni paraguas... peeeeerooo, una que es creativa hasta para eso, se inventa sus propias supersticiones. Por ejemplo:

1. durante muchos años, me negué a firmar las cosas importantes (compra del piso, hipoteca, boda...) si no era con mi flamante pluma Mont Blanc, comprada con mi primera extra de navidad. También para los exámenes en la universidad he tenido alguna vez bolis fetiche, pero nada como mi pluma del alma.

2. Nunca, nunca, nunca me pondría perlas para acudir a una boda. Simbolizan lágrimas y estoy convencidísima de que llevarlas le daría mala suerte a los novios. Sin embargo los diamantes me parecen de lo más apropiado (por eso de que un diamante es para siempre)


Es más, he ampliado mi superstición hasta el límite de negarme a comprarme perlas. Durante un tiempo andaba yo encaprichada con los típicos pendientitos de perla, la bolita, más o menos grande. Pero me echaba para atrás lo de las lágrimas hasta tal punto que no llegué a comprármelos nunca por temor (absurdo, lo sé) a atraer alguna desgracia a mi vida. Hasta me ponía nerviosa que mi suegra le pusiera los pendientes de perlitas a mi hija, pero como son los típicos de niña pequeña, que vete tú a saber de qué será la bolita, lo pasaba.

3. Seguimos con bodas. Para la mía seguí más o menos el ritual de algo nuevo, algo prestado y algo azul (más o menos) pero eso degeneró en otra superstición. O más bien dos: la primera tiene que ver con las arras. Me hacía ilusión llevar las que llevaron mis padres en su boda, pertenecientes a mi abuela (monedas de Alfonso XII). Sin embargo tenía un problemilla. Me dio por pensar que sí, vale, a mis padres les ha ido muy bien su matrimonio... pero luego mi tío también se casó con esas arras y acabó divorciado. Peeeeeroooo, como me hacía ilusión llevarlas y mis supersticiones yo me las guiso, yo me las como, decidí que era uno sí y otro no y como el último en casarse con ellas había sido mi tío, a mí me tocaba que el matrimonio me fuera bien.

4. Y la otra fue llevar una pulsera de oro que había pertenecido a la cuñada de mi abuela, recientemente fallecida, en homenaje a su matrimonio. Siempre me parecieron una pareja envidiable pero el homenaje vino en realidad porque desde que ella murió su marido (hermano de mi abuela) ya no volvió a levantar cabeza el pobre. Bueno, esto más que superstición fue un gesto hacia ellos, pero también lo convertí en símbolo de buena suerte para mi propio matrimonio.

5. Una última de bodas, que esta es buena. Al poco de invitar a una buena amiga a la nuestra, me contestó diciéndome que sería imposible acudir porque para esas fechas estaría embarazadísima y no la dejarían volar (vive en Alemania). Lamenté que no pudiera venir, me alegré muchísimo por su embarazo y... neuronas agitadas al poder: me entró la neura de que era una lástima porque seguro que tener una embarazada en la boda tenía que traer suerte y que yo quería una embarazada en la mía. La neura me duró hasta que otra pareja nos confirmó su asistencia y que serían "dos y medio" ¡Bien! ¡había conseguido a mi embarazada de la suerte!

6. Una de año nuevo. O bien la nochevieja o bien el año nuevo tengo que pasarlos con toda la familia reunida. Tengo el convencimiento de que si no fuera así algo malo nos pasaría durante el año. Normalmente, si no hay algo que trastoca los planes, la nochevieja la pasamos en casa de mis suegros pero invariablemente, antes de volver a nuestra casa pasamos por la de mis padres para felicitarles el año. Y la comida de año nuevo se hace en mi casa, con las dos familias al completo reunidas (bueno, mis cuñados alguna vez han faltado por haber pasado la nochevieja fuera, pero tampoco les puedo obligar a venir) El único año que no pudimos celebrar año nuevo en mi casa lo cambiamos por la nochevieja. En cualquier caso, empezar el año juntos.

7. uff, esta me está costando más, que no soy tan supersticiosa yo como para me salgan siete... estoy pensando pero no me acuerdo de nada más, de verdad... Bueno, no sé si valdrá como superstición pero siempre he pensado que los años pares son mejores para mí que los impares. Luego resulta que no es así, mis hijos han nacido los dos en año impar, por ejemplo, pero yo lo sigo pensando. Será simplemente que me gustan más, no sé.

Bueno, pues ya hemos cumplido. Si después de esto queréis seguir teniendo tratos conmigo, ya sabéis que mi blog sigue abierto para todas (estoy mal de la cabeza, lo sé, pero os aseguro que no soy peligrosa) y por supuesto para vuestros comentarios.

Seguidores